en Londres

Ramsgate, 30 de agosto del 73

Querido Mohr,

Si Serraillier no quiere ir, no podemos obligarlo, pero no puedo eximirlo de su promesa, ya que la he telegrafiado, y, en cualquier caso, él mismo debe ver cómo se las arregla con el Consejo General.

Frente a las razones que aduces, hay que considerar que es importante para nosotros tener un informante; sin Serraillier no recibiremos ningún informe de lo sucedido, especialmente de las sesiones privadas.

Pero es absolutamente necesario, y un deber para con el Consejo General, que los dos informes adjuntos aquí, y que en inglés son totalmente inútiles en Ginebra, sean traducidos allí oportunamente al francés y enviados a Ginebra. Debéis encargaros de ello incondicionalmente, dadas las circunstancias. Si 3-4 hombres se ponen a trabajar cada uno en una parte simultáneamente, se puede hacer en 1-2 días, y aunque no resulte del todo como se desea, la premura lo disculpa todo.

Cuanto más lamentablemente resulte ahora nuestro Congreso, tanto mejor, naturalmente, y en ese sentido es mejor que Serraillier no vaya. Pero me encuentro en la desagradable situación de haber dado seguridades de que él iría, que no puedo anular por mi cuenta.

¡Pero por qué no escribe a tiempo ni uno solo de los burros ginebrinos! ¡Qué marranada, precisamente entre las personas que empezaron todo el escándalo! Y para colmo, los otros se reirán de ellos, les exigirán que se arrastren del todo hasta la cruz, que reconozcan su Congreso!!! y sus nuevos estatutos. Y este Duval, que actuó con tanta furia en La Haya, ahora se une también al coro de aullidos, eso es el colmo.

Bueno, será divertido. Saludos a todos.

Tuyo,
F.E.