Con respecto a: la actitud del partido frente al lassalleanismo, usted podrá juzgar mejor que nosotros la táctica que se debe adoptar, espe- cialmente en los casos particulares. Pero también esto hay que anali- zarlo, Cuando —como ocurre en su caso— se está en cierto modo en la posición de competidor de la Asociación Gencral Obrera Alemana cs fácil dedicar demasiada atención al rival y habituarse a pensar primero siempre en él. Pero la Asociación General Obrera Alemana y el Partido Obrero Socialdemócrata juntos siguen constituyendo una pequeña mino- ría de la clase obrera alemana. Nuestra opinión, que una larga expe- riencia ha confirmado, es que la táctica correcta en la propaganda nu es quitarle al adversario unos pocos afiliados de vez en cuando, sino trabajar .con--la-gran masa que permanece apática. Una sola persona pura que hayamos ganado a la masa sana vale más que diez renegados lassalleanos, que siempre traen consigo, al entrar al partido, el germen de sus falsas tendencias. Y si se pudiera ganar a las masas sin sus líderes locales, también estaría bien. Pero siempre nos vemos obligados a admi- tir a una cantidad de estos jefes, que están atados por sus manifestaciones públicas anteriores, o por sus opiniones anteriores, y quieren demostrar a todo trance que no son ellos quienes han' renegado de sus principios, sino que, por el contrario, es el Partido Obrero Socialdemócrata el que predica el verdadero lassalleanismo. Esta fue la desgracia en Eisenach, quizás inevitable en ese entonces, pero no cabe duda alguna de que esos. clementos han perjudicado al partido, y no estoy seguro de que éste no habría llegado a ser igualmente fuerte sin los que se agregaron. Sea como fuere, yo considero que sería una desgracia que esos elementos recibieran un refuerzo.

No debemos dejar que el clamor en favor de la “unidad” nos desvic. Quienes con mayor frecuencia repiten esta palabra son aquellos que introdujeron las mayores disensiones, del mismo modo que en la actuali- dad, los bakuninistas suizos del Jura, culpables de todas las escisiones, son los que más claman por la unidad. Esos fanáticos de la unidad son,

o bien personas de inteligencia limitada que quieren mezclarlo todo cn un complot sin precedentes, que en el momento oportuno agudice y haga estallar las diferencias porque están todos juntos en una olla. (Usted tiene en Alemania un buen ejemplo de esto, en la gente que predica la conciliación de los obreros con la pequeña burguesía); o bien es gente que, conciente o inconcientemente (como Múhlberger, por ejemplo) quiere tergiversar el movimiento. Por esta razón, en determinados mo- mentos son los más grandes sectarios y los más grandes pendencieros y granujas los que más fuerte gritan en favor de la unidad. Nadie nos ha dado en la vida tanto que hacer y nadie ha traicionado tanto como los que gritan por la unidad.

Es natural que la dirección de todo partido aspire al éxito, y eso está muy bien. Pero hay circunstancias en que se debe tener el coraje de sacrificar los. éxitos- doma por cosas”más. importantes. Espe- cialmente para un partido como el nuestro —cuyo triunfo final es abso- “lutamente seguro, y que tuvo un desarrollo tan enorme en estos tiempos :y a ojos vistas— los éxitos del momento no son en modo alguno siempre 'y absolutamente necesarios. Tomemos, por ejemplo, la Internacional. Después de la Comuna obtuvo éxitos enormes. La aterrorizada burguesía la consideraba todopoderosa. La gran mayoría de sus miembros creía que las cosas seguirían así para toda la eternidad. Nosotros sabíamos muy bien que la burbuja debía reventar. La canalla de todo pelaje se- pegó a la Internacional. Los sectarios enquistados en ella se envalen- tonaron, realizaban todo tipo de abusos aprovechando el hecho de per- tenecer a la Internacional, y confiaban en que se les permitirían las acciones más estúpidas e infames. Pero nosotros no los toleramos. Está- bamos seguros de que la burbuja reventaría en algún momento, y no nos ocupamos por retardar la catástrofe, sino de cuidar que la Interna- cional saliera de ella pura e inadulterada. La burbuja reventó en La Haya, y usted sabe que la mayoría de los miembros del Congreso regre- saron penosamente decepcionados. ¡Y sin embargo, toda esa gente desi- Insionada, que creyó ver realizado en la Internacional el ideal de la hermandad y de la reconcialición universales, mantenía en sus organiza- ciones locales discusiones más enojosas que las de La Haya! Ahora los sectarios culpables de las riñas predican la conciliación y nos acusan de intolerantes y dictatoriales. Pero si_en La Haya hubiéramos tapado la división que estaba madurando, ¿cuál habría sido el resultado? Los sectarios, es decir los bakuninistas, habrían ganado un año más para realizar estupideces e infamias mucho mayores aun en nombre de la Internacional; los "obreros de los países más avanzados se habrían apar-* tado disgustados; la burbuja no habría estallado, sino que se habría ido reduciendo lentamente, y el próximo congreso, el que de todas mancras tendría que afrontar la crisis, se habría convertido en una trifulca per- sonal de más bajo nivel, porque los principios ya habían sido sacrifi- cados en La Haya. Y entonces la Internacional se hubiesc deshecho de verdad: ¡se habría desvanecido por el camino de la “unidad”! En lugar de esto, ahora nos hemos librado honrosamente de los elementos podri-

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dos. Los comuneros que presenciaron la última sesión decisiva dicen que ninguna sesión de la Comuna les dejó una impresión tan terrible como esa sesión que juzgó a los traidores del proletariado europeo. Durante diez meses los hemos dejado empeñar todas sus fuerzas en mentir, calum- niar e intrigar; ¿y qué resultó? Ellos, que se arrogaban la representación de la gran mayoría de la Internacional, anuncian que no se atreven a venir al próximo congreso (puede ver más detalles cn un artículo que envío al Volksstaat con esta carta). Y si volviéramos a pasar por la misma prueba, en conjunto no actuaríamos de modo muy distinto (natural- mente, siempre se cometen errores tácticos).

De todos modos, creo que los elementos lassalleanos eficientes se acercarán a ustedes de manera natural con el correr del tiempo, y que por eso no sería inteligente recoger el fruto antes de que esté maduro, como quieren los de la unidad.

Por otra parte, ya lo dijo el viejo Hegel: la prueba de que un partido ha triunfado es el hecho de. que se divide y puede soportar la división. El movimiento del proletariado pasa necesariamente por diferentes etapas de desarrollo; en cada etapa hay gente que se queda atrás, que no sigu avanzando; sólo así se explica por qué la “solidaridad del proletariado” se realiza en todas partes en forma de diversas agrupaciones partidarias que libran entre ellas una lucha a muerte, a semejanza de las sectas cristianas del Imperio Romano en el período de las peores persecuciones.

* En el artículo mencionado, que apareció en el núm. 53 de Volksstaat, el 2 de julio de 1873, con el título “Sobre la Internacional”, Engels escribía:

“Es bien sabido que la Federación del Jura fue siempre el alma del separatismo en la Internacional. En el Congreso de La Haya sus delegados ya habían declarado que representaban la verdadera ma- yoría de la Internacional y que lo demostrarían en el próximo con- greso [...] El 27 y el 28 de abril, la Federación del Jura celebró su congreso en Neuchátel. Por las actas resulta evidente que la Federación abarca once secciones suizas, de las cuales estaban repre- sentadas nueve. En cuanto a la posición de esas once secciones, su fuerza, etc., el informe del Comité no dice una palabra; en cambio, anuncia que toda la Internacional, por así decirlo, se adhirió a su separatismo. En consecuencia, esta enorme mayoría, ¿se presen- tará en el próximo congreso general y echará por tierra las decisio- nes de La Haya? No, estará lejos de hacerlo. Por el contrario, el propio Comité propone lo que, desde luego, acuerdan de inmediato esos delegados “autónomos”, a saber: a fin de que el nuevo congreso no vuelva a caer en las peligrosas aberraciones del Congreso de La Haya, las federaciones separatistas reconocerán un congreso propio que quizá podría ser mandado por el Consejo General de Nueva York... La decisión de la Federación del Jura no significa, por ello, otra cosa que una nueva retirada cubierta por frases altisonantes.”

Eisenach. En agosto de 1869 se fundó en Eisenach el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, dirigido por Bebel y Liebknecht, como contra- peso a la Asociación General Obrera Alemana. Véase también la nota sobre Bebel.

Bakuninistas DE Jura. Partidarios de Bakunin en la región de los montes del Jura, en Suiza; eran numerosos entre los artesanos.

MUHLBERGER, Arthur. Médico de Wiirtenberg, partidario de Proud- hon; autor anónimo de una serie de artículos sobre el problema de la vivienda (1872), que Engels refutó con su libro El problema de la vivienda.

EBEL, August (1840-1913). Uno de los fundadores y principales líderes de la socialdemocracia alemana y de la 11 Internacional; tornero. A partir de 1860 tuvo activa participación en las asociaciones obreras de educación fundadas por los liberales; en 1866, junto con Wilhelm Liebknecht, bajo cuya influencia empezó a acercarse al marxismo, fundó el Partido Popular Sajón, que unió a la pequeña burguesía y a los obreros sobre la base de un programa democrático antiprusiano. Bebel fue cl líder del ala proletaria de este partido que en 1869, en Eisenach, cons- tituyó el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán. Luchó cn favor de la vía revolucionaria de la unificación de Alemania y fue internacionalista durante la guerra franco-prusiana. Bajo la influencia y la guía de Marx y Engels adoptó, como dirigente del partido, una línea proletaria revo- lucionaria, y combatió en dos frentes: contra los oportunistas de “dere- cha” y de “izquierda”, y a veces también contra la actitud conciliadora de Liebknecht en el “periodo en que el proletariado prepara y reúne sus fuerzas”. Fue “el modelo del líder obrero” (Lenin). Pero incluso en este periodo Bebel nunca se pudo librar de los prejuicios de la econo- mía vulgar respecto del Estado (véase El Estado y la revolución, de Lenin) y cayó en vacilaciones oportunistas y conciliatorias que Marx y Engels criticaron repetidas veces. (Por ejem'plo, en 1877: errores cn cel asunto Diihring; en 1878: confusión y tendencias liquidacionistas cuando el partido pasó a la ilegalidad; en 1891: vacilaciones en la lucha contra la influencia del lassalleanismo y contra los oportunistas, etc.).

be numerosas sentencias de prisión: de 1870 a 1871 debido a su actitud frente a la guerra; de 1873 a 1875 por “alta traición”; en 1878 por insultar a Bismarck, etc. Escribió una serie de libros y folletos de carácter agitativo, de los cuales los más importantes son: Nuestros objetivos (1870), La guerra campesina en Alemania (1876), La mujer y el socialismo (1879). A partir de 1867 (con excepción del período 1881- 1883) fue diputado al Reichstag. En 1890, cuando el partido pasó ala legalidad Bebel fue presidente de su Comité Ejecutivo. Después de la muerte de Engels empezó a desviarse gradualmente hacia la derecha, convirtiéndose en líder de la tendencia centrista en el partido y en la Internacional.