in London

[Manchester] 25, Dover Street
= 31. Mai 1873

Dear Fred,

Acabo de recibir tu carta, que me ha complacido enormemente. Sin embargo, no quiero aventurar juicio alguno antes de haber tenido tiempo de reflexionar sobre el asunto y de consultar al mismo tiempo a las “¡autoridades!”.

He contado aquí a Moore una historia con la que me he estado debatiendo largamente en privado. Pero él cree que la cosa es insoluble, o al menos, por los muchos factores que entran en ella y que en su mayor parte hay que encontrar primero, pro tempore² insoluble. La cosa es ésta: conoces las tablas en que los precios, la tasa de descuento, etc., etc., en su movimiento a lo largo del año, etc., están representadas en zigzags ascendentes y descendentes. He intentado varias veces —para analizar las crisis— calcular esos ups and downs³ como curvas irregulares y he creído (y creo aún que, con material suficientemente depurado, es posible) determinar a partir de ellas matemáticamente las leyes principales de las crisis. Moore, como digo, considera la cosa por ahora impracticable, y yo he decidido, for the time being⁴, abandonarla.

La catástrofe francesa⁵ me ha sido grata en la medida en que incluye el ridículo de Thiers y sus aduladores; desagradable, porque en caso de un desenlace inverso me habría sido lícito esperar ver pronto alejados de Londres a diversos individuos, pero, aparte de eso, yo, tanto en interés de Francia como en el nuestro, considero ahora cualquier catástrofe violenta como untimely⁶.

Sin embargo, no estoy en modo alguno convencido de que ese événement⁷ traiga consigo una restauración. Los rurales habían contado sin duda con alguna especie de motín en París, Lyon, Marsella, sobre todo en París. En ese caso se habría arremetido, arrestado a una parte de la izquierda radical, etc., en suma, se habría provocado una situación que d’une manière ou d’une autre⁸ debía concluir con

una restauración, y además rápidamente. Incluso Bonaparte, en el intento de ejecutar el coup d’état⁹, es decir, de llevarlo a un resultado, se vio paralizado el primer día por la resistencia meramente pasiva de los parisinos, y sabía muy bien que si eso duraba de 6 a 8 días, el golpe había fracasado, y además irremediablemente. De ahí la señal de comenzar las diversas atrocidades en los bulevares, etc., sans provocation aucune¹⁰, de improvisar un Terreur. Sobre todo el señor Morny, el verdadero manager, se ha expresado más tarde con mucho desenfado sobre este plan de operaciones del que él fue autor.

A los rurales les faltaba el Pluck¹¹; y éste ni siquiera habría sido concebible si tuvieran uno en lugar de tres pretendientes. Al contrario, esos sujetos esperaban más bien que los acontecimientos los sacaran de su posición de asnos de Buridán¹².

En cambio ahora, cuando se los ha colocado en una situación puramente parlamentaria, la trifulca recomienza de inmediato en sus propias filas. Cada uno espera arrebatar de la fracción más próxima, say, f. i., the left centre¹³, lo necesario para poner a los rivales de patitas en la calle. En cuanto a Mac-Mahon, ese probo varón, según mi juicio, nunca actuará por sí mismo. Se añade otra circunstancia que debe acelerar la disgregación de este compuesto. Lo único que los mantiene unidos formalmente es Dios, i. e. el catolicismo. Los más vehementes y “honrados” de la derecha exigirán incondicionalmente al ministerio que muestre Couleur¹⁴ frente al Papa¹⁵ y España, y me parece que, prescindiendo por completo de la resistencia interior, la consideración hacia el señor Bismarck ha de impedir toda acción en ese sentido. Pero los padres jesuitas, que de hecho han dirigido hasta ahora todas las maniobras conjuntas de los rurales y, entre otros, también al viejo trasto, la esposa de Mac-Mahon, no se dejarán despachar de ese modo. En una ocasión así, podría muy fácilmente volver a producirse en la Asamblea Nacional un changement de décoration¹⁶ tan rápido como el del otro día. Fue sólo el shifting¹⁷ de 9 votos lo que hizo imposible al homme nécessaire¹⁸, con lo cual quedó demostrado, dicho sea de paso, y en contraste con Hegel, que la necesidad no implica la posibilidad.

Anteayer estuve con Dronke en Seuthport [Southport]. Se ha puesto deformemente gordo, lo que no le va a su estatura. En su casa vi par accident¹⁹ el libro de Strauß: “Der neue

⁸ coup d’état [golpe de Estado] — ¹⁰ sin provocación alguna — ¹¹ Pluck [coraje] — ¹² asnos de Buridán — ¹³ digamos, p. ej., del centro izquierda — ¹⁴ bandera — ¹⁵ Pío IX — ¹⁶ cambio de decoración rápido — ¹⁷ desplazamiento — ¹⁸ hombre necesario (Thiers) — ¹⁹ por casualidad

und der alte Glaube” [La nueva y la vieja fe], que le había prestado algún filisteo alemán. Lo he hojeado, y ciertamente muestra una gran debilidad del “Volksstaat” que nadie le haya roto la crisma a ese maldito cura y adorador de Bismarck (que se da aires de grand seigneur²⁰ frente al socialismo).

Hoy voy con Moore a Buxton, de modo que estaré fuera desde esta tarde hasta el lunes. En cuanto haya visto a Gumpert, regreso. El mero vagabundeo y el no hacer nada me han sentado muy bien.

Adjunto una carta de Tussy. En la carta que la niña recibió de mí le decía que su última carta me había tranquilizado, etc.; su reproche de que soy injusto con L[issagaray] es infundado. Yo no exijo de él nada más que aporte pruebas en lugar de frases, que sea mejor que su fama y que haya algún derecho a confiar en él. Por la respuesta ves cómo actúa el homme fort²¹. Lo condenado es que, por la niña, tengo que actuar con mucho miramiento y cautela. No contestaré hasta haberte consultado a mi regreso. Guarda la carta en tu poder.

En este momento llega Schorlemmer. No puede acompañarnos a Moore y a mí²², porque Roscoe está enfermo y es época de preparación de exámenes.

Schorlemmer, después de leer tu carta²³, se declara en lo esencial completamente de acuerdo contigo, pero se reserva también los detalles. My compliments to Mrs. Lizzy.

Tuyo
K. M.

S. 80/81