en Ginebra

[Londres] 7 de abril de 73

Querido Becker:

Si no llego a escribirte extensamente, has de atribuirlo al exceso de trabajo. Hasta que la traducción francesa esté terminada e impresa hasta la última página, no encuentro momento de ocio. Anteayer tuve la suerte de despachar los últimos pliegos de corrección de la 2.ª edición alemana y he encargado a Meißner que te remita, libre de porte, la edición completa en un volumen, que debe salir aproximadamente dentro de una semana. Me obligarías acusándome recibo.

Engels te ruega que hagas llegar a Goegg, lo antes posible, la carta adjunta. Se trata de una información sobre la Alianza (con cuyo enlace documental estamos ocupados ahora). También a ti te pido que nos envíes, si te es posible, el primer programa de la Alianza pública de Ginebra, donde figura tu nombre.

Aquí creíamos que la “Egalité” de Ginebra ya no aparecía, pues dejó de llegar a nuestras manos desde la partida de Outine de Ginebra. A petición suya, yo había ganado a algunos amigos franceses míos para que mandaran correspondencias, pero la creencia en su muerte impidió todo. Así pues, si Perret desea correspondencias de aquí, debe procurar que Engels (122, Regent’s Park Road) y yo recibamos sendos ejemplares. Si se desea, los pagaremos.

El Consejo General probablemente designará a Ginebra como sede del próximo congreso. Vosotros debéis empezar ya a preocuparos por una representación numerosa. Esto es tanto más indispensable cuanto que la banda de canallas aliancistas se propone acudir allí en masa. Naturalmente, no se les puede admitir. Al menos la ventaja que hemos de obtener del Congreso de La Haya es que la gentuza haya sido expulsada de nuestro seno. Pero para ello es necesario que encontremos en vuestra localidad una representación firme como un puño.

Con los mejores saludos de toda la familia,
tu
Karl Marx

Engels a Friedrich Adolph Sorge
en Hoboken

Londres, 3 de mayo de 73

Querido Sorge:

Recibidas tu carta del 9 y la del Consejo General del 11.

1. Serraillier. Lo que dice D[ereure] es puro desatino. La historia de los curas se reduce a lo siguiente: Pottier, delegado de la Comuna en el 2.º distrito, al que estaba adscrito Serr[aillier], alquilaba las iglesias a los curas (le dit délégué loue la boutique nommée Église etc. etc. au nommé ... pour y exercer le métier de curé, era la fórmula) y Pottier cobraba todo el dinero y lo empleaba para fines de la Comuna, o sea del distrito, rindiendo cuentas a la Comuna. Serraillier jamás tuvo en sus manos un céntimo. Le Moussu, que muerde la palabra “cura” como pez hambriento, se propuso en cierta ocasión detener a P[ottier] y a S[erraillier] por esto, porque, según se expresa, “c’était un commerce immoral”. Si de malos chistes se tratara, no sabría yo quién los haya hecho mejores, Le M[oussu] o P[ottier] y S[erraillier]. Pero basar acusaciones graves en tales niñerías es más que pueril. De todos modos, los franceses de hoy son niños. En cuanto a lo que se supone que fue la manifestación del 22, lo ignoro; supongo que fue la intentona de salida de la minoría, y la bronca entre mayoría y minoría de la Comuna sigue aún, y para todo lo que tiene tinte blanquista sigue siendo hoy un crimen, y de los que se pagan con el fusilamiento, el haber pertenecido a la minoría. Todo esto es aquí, para nosotros, más viejo que andar a pie; lo hemos oído en todos los tonos y hasta la saciedad, y no damos un ardite por todo ese chismorreo.

2. “Arbeiter-Zeitung”: ciertamente en un estilo que no deja nada que desear en materia de barbaridades. Mas así es el estilo americano; toda la literatura germano-americana escribe de esa manera. Por ahora, ni M[arx] ni yo tenemos el menor tiempo para correspondencias; yo estoy metido hasta las orejas en los trabajos del congreso, que se redactan en francés, y M[arx] en su traducción francesa.

3. Los vieneses. Conocemos el asunto solo por las informaciones públicas, ya que ni Ob[erwinder] ni Sch[eu] nos han escrito sobre ello. Sin embargo, Scheu nos resulta sospechoso: 1.° está en relación con Vaillant, y 2.° hay indicios de que también él, al igual que su amigo y predecesor, el enloquecido Neumayr, mantiene relación con Bakunin. Las grandes frases de este último resuenan en los artículos y discursos de Scheu, y tú recuerdas cómo su hermano se escabulló en La Haya cuando el asunto con B[akunin] llegó a su desenlace. A Oberwinder, en lo que alcanza la polémica pública, no se le ha imputado hasta ahora nada grave. Su colaboración en periódicos burgueses se hizo con conocimiento y aprobación del partido y directamente para fines del partido. Si mañana se pusiera a mi disposición el “Times” para escribir en él cuanto quisiera y a cambio de pago, lo aceptaría sin vacilar. A Ecc[arius] nadie se lo tomó a mal hasta que invirtió la cosa, explotó a la Internacional en su interés económico y ya no escribió en interés de ella, sino en el suyo propio y en el del “Times”. El que Ob[erwinder], en Austria, donde el feudalismo solo está parcialmente superado y las masas son aún de una ignorancia inconcebible, y donde las condiciones son aproximadamente las mismas que en Alemania antes del 48, no exija de inmediato lo más extremo con el estrépito más radicalmente avanzado, sino que siga la política que nosotros recomendamos al final del “Manifiesto comunista” para la Alemania de entonces, no se lo tomaremos a mal, ciertamente. Podrá ser acaso demasiado precavido a lo pequeñoburgués, pero, en primer lugar, ni eso está demostrado y, en segundo, no es motivo para un estrépito tan colosal. Y Ob[erwinder] no es austriaco, así que cualquier día puede ser expulsado. Mas, como queda dicho, no conocemos los pormenores y, por tanto, suspendemos aún nuestro juicio.

4. Exigencias de admisión. Suponiendo que formalmente estuvierais en vuestro derecho al reclamar todo esto a las secciones aisladas, lo cual es siempre discutible, lo cierto es que ningún Consejo federal ha planteado hasta ahora estas exigencias burocráticamente precisas y, de haberlas planteado, jamás se habrían cumplido. Qué enorme error fue reclamar tales cosas incluso en Francia lo demuestra el artículo en el n.º 49 del “N[euer] Soc[ial]-Dem[okrat]”, que te remito hoy. Inmediatamente di instrucciones a Hepner y ayer, tras recabar información precisa sobre Dentr[aygues] y Hedd[eghem], escribí al “Volksst[aat]” lo necesario.

5. We expect more news about France before taking any steps. No veo que vosotros podáis dar paso alguno. Todas nuestras secciones están desmanteladas. Heddeghem era ya espía en La Haya; Dentr[aygues] no lo es, pero por motivos personales y por debilidad ha denunciado a algunos que antes le habían molido a palos. Un afiliado, para allegar dinero para el partido, había entregado a D[entraygues] su reloj para empeñarlo. La mujer de D[entraygues] lo empeña y luego se niega a desempeñarlo o siquiera a entregar la papeleta. Esto provoca escándalo. Algunos –en su mayoría burgueses– se juntan, apalean de lo lindo a D[entraygues] y luego denuncian el hecho al fiscal, a cuyas instancias le confiesan que ¡el dinero era para fines de la Internacional! ¡¡Este es el verdadero comienzo de la historia!! Mas como Heddeghem ya había informado de todo a la policía de París, a lo sumo podía ser nuevo para la policía de Toulouse. Es a estos tipos a quienes D[entraygues] ha denunciado, a nadie más. Cómo se enteró la policía de lo demás, lo verás en el “Volksstaat”. En todo caso, por el momento la organización en Francia está deshecha y solo se irá reponiendo poco a poco, pues faltan todas las conexiones. Larroque está en San Sebastián, en España, su dirección: Monsieur Latraque, Calle de la Aduana, núm. 21; vive allí bajo ese nombre. Por nada del mundo enviéis nuevos poderes a Francia. Larroque ha sido condenado a 3 años en rebeldía.

6. Stamps. Casi nunca veo a Le M[oussu]; le he hecho transmitir el asunto por intermedio de M[arx], pero sin respuesta. Con estos franceses no se puede hacer nada en cuestiones de negocios si uno no pierde semanas enteras en carreras detrás de ellos, y yo no puedo permitírmelo.

7. Lugar del congreso. Espero que no hayáis consultado a los suizos sino solo para pedir consejo, como nosotros el año pasado a los holandeses. En Suiza solo hay un lugar posible, y es Ginebra. Allí tenemos a la masa de los obreros detrás de nosotros, y además un local perteneciente a la Internacional, el Temple Unique, donde a los señores de la Alianza los echaremos sencillamente a la calle si se presentan. Fuera de Ginebra, solo sería posible Zúrich; pero allí apenas tenemos más que unos pocos obreros alemanes, y aun esos no todos (véase el “Felleisen”), y vuestra consulta podría incluso tener por resultado que, desde algunos sectores, se propusiese Olten –nudo ferroviario principal de Suiza, situado en el centro–, donde sí que nos quedaríamos con el trasero al aire. Los aliancistas ponen todo en juego para acudir en masa al congreso y también para manipular las elecciones de delegados en Inglaterra...