Londres, 11 de marzo de 1873

Estimada señora Liebknecht:

¿Tendría usted la bondad de entregar, en su próxima visita al castillo, la carta adjunta para Liebknecht? Hasta ahora he enviado la mayoría de las cartas para él a la redacción del *Volksstaat*, porque no sabía si usted vivía aún en Braustr. 11. Su forzada condición de viuda de paja debe de resultarle a la larga muy penosa; ¡en verdad tiene usted que pasar por muchas cosas! En cualquier caso, usted puede visitar a Liebknecht con regularidad, y en tal caso quisiera rogarle, si no es demasiado atrevido, que me diga cómo se encuentra físicamente, cómo es el trato, si, en lo que respecta a comida y bebida, depende de los recursos del castillito o puede obtener abastecimiento del exterior, y todo lo demás concerniente a su situación y a la de Bebel —él mismo escribe muy poco al respecto, y últimamente nada de nada, y usted comprende que aquí todo esto nos interesa mucho. No solo por los presos mismos —hay también un poquito de egoísmo, pues podría ocurrirnos también a nosotros alguna vez, y en tal caso nos gustaría saber qué es lo que hay que esperar. ¿Cómo está la cuestión de los libros? ¿Puede obtener todo lo que necesita —al menos en lo que respecta a obras científicas y literarias— o la censura es rigurosa? Que la posta de palomas, o como se dice en América, el *underground railway*¹, es fácil de organizar, bien lo sé.

Espero que usted conserve el buen ánimo y, junto con los niños, buena salud. *It is a long lane that has no turning*, dice un proverbio inglés, y el *turning* no se hará esperar ya por mucho tiempo. Y tenga la certeza de que, pase lo que pase, aquí en Londres tiene usted amigos que toman el más vivo interés por el destino de Liebknecht y el de usted.

Si entre los niños hay algunos que todavía me recuerden, lo que dudo mucho, pues entonces yo no vivía en Londres, les ruego que les dé mis más cordiales saludos.

Con la más sincera simpatía,
Su afectísimo,
Friedrich Engels

¹ Ya tiene que ser larga la calle que no tenga salida.