en Leipzig

| Londres, 30 de dic. de 72
Querido Hepner,

... y refuta a Sybel de manera directa, y ciertamente de un modo que presupone una reflexión propia y plenamente acertada. Tanto Marx como yo nos alegramos mucho del artículo, a pesar de que aquí y allá se encuentre alguna pequeña imprecisión. Lo que sea Schramm por lo demás, naturalmente no podía saberlo, pero en cualquier caso posee suficiente comprensión económica.

4. En cambio, de los dos artículos sobre la «Reanudación del movimiento reformista», el primero es bueno, pero el segundo está en contradicción directa con los hechos. Los muchos pequeños y piojosos congresos que allí se toman en serio, sólo porque la «Bee-Hive», vendida a la burguesía, los toma en serio, no tienen más sentido que éste: preparar las próximas elecciones parlamentarias. La totalidad de las sociedades reformistas allí enumeradas carecen por completo de importancia y están compuestas, incluso en su mayoría, por las mismas personas. ¿Y por cuáles? Precisamente, con pocas excepciones, ¡por los líderes obreros estigmatizados por Marx en La Haya como vendidos! Es imposible querer juzgar el movimiento de aquí desde allí basándose en la «Bee-Hive» y en «Reynolds’s». Porque unos cuantos tradeunionistas participen en tales congresos, a las trade unions no se les ocurre ni de lejos volverse políticas, cosa que —al menos las más y las más grandes— no pueden en absoluto, sin subvertir totalmente sus estatutos. [...]? En realidad, el movimiento aquí es más miserable que nunca, como, a consecuencia de la prosperidad de la industria, tampoco cabía esperar otra cosa.

[...]° Cuando enviamos artículos o folletos a España, Italia o a cualquier otro sitio, se nos mandan regularmente y sin solicitarlo un número de ejemplares y se pone a nuestra disposición una cantidad adicional, como es de orden. La única administración que constituye una excepción es la del «Volksstaat». Mi «Guerra Campesina» tuve que

1 Papel deteriorado

comprármela yo mismo. Mi «Cuestión de la vivienda» la veo anunciada a diario en el «Volksstaat» como «Cuaderno I», y para la respuesta a Mülberger no dispongo aquí ni de un ejemplar completo, ¡pues Frankel me perdió el número del «Volksstaat» con la conclusión y al ejemplar de la separata que se me envió le falta la última página! Si Marx no hubiera encontrado por fin su ejemplar del número correspondiente, no habría podido responder en absoluto. Quiero apuntar muchas cosas a cuenta de dejadez, por ejemplo que se me enviara una factura por los ejemplares del «Manifiesto», pero las cosas se vuelven con el tiempo demasiado graves, y si esta manera verdaderamente tosca de tratarnos no cesa pronto, no se extrañe el «Volksstaat» si una buena mañana Marx y yo nos declaramos en huelga. No puede convenirnos tener que mendigar los ejemplares gratuitos o tener que comprarnos en la librería nuestras propias cosas cada vez que aparecen allí trabajos nuestros que nosotros entregamos gratis. De los otros países recibimos incluso el envío inmediato de todos los folletos, etc., porque la gente sabe que nosotros hacemos por la difusión y la divulgación más de lo que [...]* no se pide expresamente.