en Bruselas

(Extracto)

[Londres] 19 de agosto de 1872

Usted ya habrá sabido que la victoria está ahora asegurada. Los italianos, llamados internacionales, han celebrado una conferencia en Rímini, donde los representantes de 21 secciones han resuelto: «La conferencia, etc., etc.»

Sería bueno publicar esto inmediatamente en la «Internationale» y en la «Liberté». Bakunin, cuyo estilo se reconoce en todo este documento, ordena, al ver perdida la partida, la retirada en toda la línea y se separa con los suyos de la Internacional. Buen viaje a Neuchâtel.

Pero lo que es aún más ridículo: de estas 21 secciones que se arrogan el derecho de convocar un congreso de la Internacional, sólo la de Nápoles pertenece a la Internacional. Las otras 20, para mantener su autonomía, han evitado persistentemente dar alguno de los pasos prescritos en nuestros Reglamentos administrativos generales para obtener su admisión. Su principio es «L’Italia fara da se»¹; forman una Internacional fuera de la Internacional. Las otras tres secciones que están de acuerdo con el Consejo General —Milán, Turín, Ferrara— no han enviado delegados a Rímini.

Así pues, junto al Consejo Universal Federalista, formado por sociedades que no pertenecen a la Internacional y que, sin embargo, pretenden dirigirla, hay un congreso autoritario, convocado por sociedades ajenas a la Internacional, que reclama dictar leyes para ella.

Por lo demás, esto llega a tiempo para abrir los ojos a los españoles; allí hemos logrado sacar al zorro de su madriguera. Hemos obligado a los aliancistas a publicar los estatutos «secretísimos» de la Alianza. El actual Consejo Federal (español), en el que de 8 miembros 5 son aliancistas, ha sido desenmascarado y estigmatizado públicamente como traidor a la Internacional. La lucha entre los aliancistas y los internacionales ha estallado en todas partes. El trade-union más antiguo del mundo, el de los hilanderos y tejedores de Cataluña, con 40.000 miembros, se ha declarado a nuestro favor y envía a Mora, uno de los nuestros, al congreso, porque, como reza el mandato, sabe mejor que nadie lo que es la Alianza. El acuerdo de Rímini acabará con la Alianza en España.

Los daneses envían dos delegados, los alemanes por lo menos 5 o 6. Sorge y Dereure están en camino desde América; los escisionistas de allí quieren enviar tres.

Lafargue viene con un mandato de los portugueses.

Hay otra ventaja. De ahora en adelante se evitará todo escándalo público en el congreso. Todo se desarrollará con decoro ante el público burgués.

En cuanto al congreso de Neuchâtel, sólo se reunirán allí la Federación del Jura con algunas secciones italianas; será un fiasco completo.

A fin de cuentas, todo va bien, pero no por ello hay que descuidarse. Si los internacionales cumplen con su deber, el Congreso de La Haya será un gran éxito, establecerá las bases sólidas de la organización, y la Asociación podrá desarrollarse de nuevo tranquilamente en su interior y enfrentarse con renovada fuerza a todos los enemigos exteriores.

Tomado de: M. Nettlau, «Michael Bakunin. Eine Biographie», vol. 3, Londres 18...

¹ «Italia se las arreglará sola»