en Ginebra

Londres, 5 de agosto de 1872

Querido viejo:

Que el Congreso vaya a La Haya es, sobre todo, culpa de vuestra desgraciada escisión por la revisión de los estatutos; no podíamos prever adónde conduciría eso y no teníamos tiempo que perder. Pero además hay que tener en cuenta lo siguiente:

1. No hemos sobrestimado el poder de los jurasianos. Según sus propios datos y el pago de sus cotizaciones, cuentan con 294 hombres, entre ellos la sección de Longemalle con 62 y 74 grabadores y guillocheurs recién ingresados. Pero nosotros conocemos sus maniobras. De los 62 de Longemalle, cada uno habría recibido un mandato falsificado de una u otra manera, más la gente del propio Jura, digamos una docena, más unos 20 italianos, 6 españoles, da más que de sobra. En estas circunstancias, además se les habrían sumado en parte los belgas.

2. En lo que respecta a los mandatos falsificados, de América (de los woodhullianos) habrían podido obtener unos 30 o 40; de aquí, una docena (de las secciones que nunca pertenecieron a la Internacional y que formaban el Universalist Federal Council); de los schweitzerianos alemanes, que se han adherido directamente a éste, 50 o 60; con un poco de habilidad también habrían podido conseguir un buen número de España. De Italia hablo enseguida. Había, pues, todas las probabilidades de que en la verificación de mandatos, donde esta vez se decide todo, las sociedades que quieren imponerse a la Internacional por la fuerza, pero que nunca han pertenecido a ella, hubieran sido admitidas con mayoría, sobre todo si se tiene en cuenta lo bondadosos que suelen ser los obreros en estas cosas y cómo se procedía en todos los congresos anteriores. Sin olvidar que también entre nosotros habrá bastantes secciones que no estén al corriente de sus cotizaciones y que, por tanto, tendrán que votar con indulgencia para obtener ellas mismas indulgencia. Y si eso hubiera sucedido, no nos habría quedado más remedio que tomar el sombrero y salir de la Internacional.

3. Subestimas el poder de la Alianza en Italia; en toda Italia no tenemos más que una sección, Turín, de la que sabemos que es buena; quizá también Ferrara. Milán, desde que se marchó Cuno, está enteramente en manos de los bakuninistas; Nápoles lo estuvo siempre, y el Fascio Operaio de la Emilia, la Romaña y la Toscana están por completo en manos de Bakunin. Esta gente forma una Internacional para sí, nunca ha solicitado su admisión, nunca ha pagado, pero hace como si perteneciera a la Internacional. Dirigidos por miembros de la Alianza secreta, son muy numerosos y podrían elegir fácilmente 40 delegados de la Alianza por cada 50 hombres, de los cuales 15 o 20 serían enviados de allí, y el resto, de entre los de Longemalle, a quienes se envían mandatos en blanco.

4. Los belgas no inundarán La Haya, rehúyen pagar. Además, el último Congreso de Bruselas demostró que, cuando las cosas llegan al punto decisivo, no son tan malos. Han acordado que en La Haya sólo puedan estar representadas las secciones regularmente reconocidas, y eso es lo principal.

5. Por último, deberías haber leído la hipócrita carta de lamentos de Schwitzguébel, en la que se lamenta de que el Congreso no se celebre en Suiza y ya se insinúa sutilmente una futura protesta. Si algo me ha demostrado que hemos obrado correctamente, ha sido eso.

En todo caso, prepara el petate y ven; verás que la cosa sale bien. Pero sólo si nosotros, por nuestra parte, empleamos todas nuestras fuerzas. Los otros son fanáticos, tienen a su disposición a varios burgueses ricos que pagan, y ellos mismos no tienen ningún gasto durante todo el año. Si nuestros amigos fueran la mitad de activos que aquéllos, nunca se habría llegado tan lejos. De América vienen Sorge y Dereure; los otros (los woodhullianos) envían 3, entre ellos una mujercita. Naturalmente, nosotros iremos todos. Procura que los suizos esta vez no rehúyan los gastos y estén debidamente representados. Sobre todo también los suizos alemanes.

Por lo demás, mañana por la noche lanzaremos una bomba que provocará no pequeño terror entre los bakuninistas: a saber, una declaración pública sobre la Alianza de la Democracia Socialista, que subsiste como sociedad secreta. Por fin hemos recibido de España el material y los documentos probatorios necesarios, y atacamos también de inmediato al Consejo Federal español, en el que están sentados 5 de la Alianza. La «Emancipación» de Madrid abrió el fuego ya el sábado hace ocho días, y será un baile divertido. Naturalmente, recibiréis de inmediato un ejemplar para la «Égalité». Estos cerdos miserables creían poder dirigir toda la Internacional desde Locarno con su organización secreta. Pero esta revelación les romperá el cuello, y si Suiza y Alemania hacen un poco su deber, de modo que por la negligencia de nuestros amigos los de la Alianza no obtengan sin embargo la mayoría, toda la porquería saltará por los aires y tendremos por fin tranquilidad.

Mañana comunicaré a Frankel y Lessner tus encargos.

Vaillant sigue aquí su vida tranquila y se dedica a la química y a la revisión de los estatutos, por la que se interesa mucho.

Marx envía saludos.

Tuyo,
F. Engels