en Ginebra

Querido Becker. Londres, 9 de mayo de 72

Vuestra propuesta acerca del congreso de Ginebra tiene mucho a su favor y aquí gusta mucho, pero, naturalmente, por ahora no puede decidirse nada, pues las circunstancias pueden cambiar a diario. Entretanto, para poder formarnos un juicio definitivo al respecto, necesitamos saber cómo están allí las cosas y si os será posible estar seguros de una mayoría compacta y fiable entre los delegados suizos. Los de la Alianza no repararán en nada para asegurarse la mayoría mediante las viejas artimañas, como en Basilea; los del Jura harán representar secciones ficticias; los italianos enviarán a puros amigos de Bakunin, salvo Turín, e incluso Milán, donde esa gente vuelve a llevar la voz cantante desde la marcha de Cuno; los españoles estarán divididos, y en qué proporción, aún no puede decirse. Alemania, como de costumbre, estará débilmente representada, Inglaterra también, Francia sólo por algunos refugiados allí y quizá por algunos de aquí; los belgas son muy poco de fiar, de modo que todavía habrá que hacer grandes esfuerzos para asegurar una mayoría respetable; pues una mayoría débil sería tan mala como ninguna, y la trifulca volvería a empezar desde el principio. Así que escríbenos cómo andan las cosas entre vosotros y también en la Suiza alemana, y con toda franqueza, para que no echemos mal las cuentas.

Cuno también ha tenido que huir de Düsseldorf ante la policía y ahora está en Seraing, cerca de Lieja.

Wegmann está en Manchester, pero como ha titubeado tanto, las condiciones han cambiado, el negocio va peor y el trabajo escasea. Con todo, yo me encargaré de que pronto encuentre alguno. Marx os manda los mejores saludos.

Siempre tuyo,
F. Engels