Londres, 11 de marzo de 1872

Mi querido Lafargue:

Si usted quiere confiarme sus asuntos, me ocuparé de ellos con gusto; no tiene más que escribir a su procurador, para que me los envíe a mí, como carta con valor declarado, a mi dirección, 122, Regent’s Park Road, adjuntándome sus acciones y bonos, que guardaré junto con los míos; en cuanto a los cupones, dividendos e intereses, nada puedo decirle hasta que no haya visto los documentos, pero no habrá dificultad alguna para ponerlo todo en orden. Por lo que respecta a la suma en efectivo, creo que lo mejor sería que usted se la hiciera enviar a Madrid en forma de letra de cambio y depositara la suma en un banquero de allí, suponiendo que los haya a quienes se la pueda confiar. Si prefiere, no obstante, entregármela también a mí, le ruego que dé instrucciones formales para que se envíe en forma de letra de cambio (o giro postal) girada a mi cargo y pagadera en Londres, e igualmente como carta con valor declarado. En uno y otro caso, la letra deberá tener un vencimiento breve. O, mejor aún, divida usted la suma y encargue a su procurador que envíe una parte a Madrid y la otra a mí. Como usted quiera. En cualquier caso, la transferencia en forma de letra de cambio es mucho mejor que en billetes de banco. Se pierde tanto en un caso como en otro, pero probablemente menos con la letra de cambio; en caso de robo, el billete de banco se pierde para siempre, mientras que la carta con dinero le resulta difícil de cobrar al ladrón, y, además, en un caso así se puede impedir el pago.

Existe incluso, cuando se las envía al extranjero, siempre un cierto riesgo con las cartas con valor declarado; mas no conozco otro medio para hacer que me lleguen sus acciones, etc. Por lo demás, en los últimos tiempos hemos adquirido gran experiencia con las cartas con valor declarado, pues nuestra correspondencia, sin certificar, no siempre llega; mientras que nuestras cartas con valor declarado han llegado hasta ahora sin excepción.

Le he enviado desde aquí varios periódicos; por ejemplo, el 14 de febrero, cuatro recortes de la “Eastern Post”, del “Volksstaat”, de la “Tagwacht” de Zúrich y del “Socialiste” neoyorquino;

el 21 de febrero, la “Eastern Post”, el “Socialiste” y la edición francesa de los Estatutos (para la “Emancipación”).

Mañana le enviaré 2 ejemplares de la “Eastern Post”. Desgraciadamente, las dos direcciones de las viejas damas son las únicas que tenemos, y sería muy importante tener otra más, tanto para las cartas como para los periódicos, pues de lo contrario, inevitablemente llamarán la atención.

Comprendo muy bien que nuestros amigos de ahí sean en realidad mucho más prácticos de lo que parece en sus periódicos, y sé exactamente por qué. Estoy muy seguro, por ejemplo, de que cuando piden que, a raíz de acontecimientos importantes, la tierra y los instrumentos de trabajo pasen inmediatamente a quienes debieran poseerlos, saben perfectamente que eso es irrealizable, pero tienen que formular esa exigencia por coherencia. Debemos tener plenamente en cuenta su situación. La inmundicia bakuninista no se puede eliminar en un día; basta ya con que se haya empezado por fin seriamente a hacerlo.

Por la última circular de los jurásicos habrá visto usted en qué completo fiasco ha terminado esa ridícula campaña. La circular de respuesta del Consejo General está ya en prensa, y usted puede preparar ya a nuestros amigos de ahí para que sepan que vamos a tratar a esa gente con mucha dureza y que todos los hechos que tenemos contra ellos —y son lo bastante escandalosos— serán presentados a la Asociación. Tenemos que acabar ya con esta secta. Durante meses, Mohr y yo hemos malgastado por completo nuestro tiempo en ellos, y esto no puede seguir así. Ayer mismo tuve que enviar a Nápoles todo un folleto de doce páginas muy apretadas para refutar sus absurdos. En Nápoles son todos bakuninistas, y sólo hay uno entre ellos, Cafiero, que al menos es de buena voluntad y con quien mantengo correspondencia. Sobre otras cosas escribiré a su mujer.

La señora Engels les envía saludos a ambos.

Suyo afectísimo,

General