en Ginebra

Londres, 16 de febrero de 1872

Querido viejo camarada de guerra,

Me ha alegrado mucho, después de tantos años, volver a recibir una carta tuya.

El asunto de los 10 francos de Leßner está en regla. ¡!

¿Puedes indicarme alguna manera de ayudar a Cuno a permanecer allí – en Milán? No veo ningún camino desde aquí, y sin duda haremos con gusto todo lo posible para conservar a ese buen muchacho en un puesto tan importante. Esos malditos italianos me dan más trabajo que toda la restante Internacional junta al Consejo General, y tanto más irritante cuanto que, previsiblemente, muy poco saldrá de ello mientras los obreros italianos toleren que unos cuantos doctrinarios periodistas y abogados lleven la gran voz en su nombre.

Marx ha enviado por correo certificado a Colonia los 100 sellos y 1 Silbergroschen a la dirección indicada, pero aún no hemos recibido respuesta. ¡!

Tu joven amigo Wegmann es seguramente el mismo por quien mi prima, la señora Beust, me escribió ya hace un par de años a Manchester. Por aquel entonces me esforcé mucho en buscarle un puesto, aunque convencido de la imposibilidad, y no encontré nada; también escribí a Anna Beust detalladamente al respecto. ¡!!! Ahora volveré a escribir a Manchester por su causa, pero sería deseable que W[egmann] me comunicase en qué materias puede asumir un empleo. Lamentablemente, apenas puedo darle perspectiva alguna de éxito. Aquí pululan jóvenes técnicos alemanes y suizos que arrebatan inmediatamente cualquier puesto que se presente. Para un refugiado alsaciano tensé todas las cuerdas, pero sin éxito; aunque el hombre estaba aquí en el lugar y tenía muy buenos certificados, tras mucho tiempo dando lecciones halló, por fin, algo por pura casualidad.

En España la cosa va bien. El gobierno, con su violento proceder contra la Internacional, ha espantado a la gente de la abstención política, y el yerno de Marx, Lafargue, que está en Madrid, hace cuanto puede para sacarles también de la cabeza las quimeras bakuninistas. Por España no tengo miedo. Aquí se trata con obreros, y los pocos doctores y periodistas de Bakunin en Barcelona tienen que presentarse ya con mucha modestia. El Consejo Federal español está enteramente de nuestra parte. La gente se ha expresado muy razonablemente en diversas secciones y el Consejo Federal ha emitido una circular (o iba a hacerlo hace poco) en la que presenta toda su correspondencia con el Consejo General y pregunta ahora a la gente si el Consejo General ha intentado, frente a ellos, los españoles, una dictadura. ¡! Entretanto, la situación ha llegado a tal punto que en España probablemente se desencadenará pronto la lucha, y eso ha echado totalmente a perder el juego a los del Jura y a sus secuaces. ¡En verdad que en España tienen ahora otra cosa que hacer que empezar camorra por semejantes futilezas!

La carta de Outine y la «Suisse Radicale» han llegado; daremos inmediatamente al asunto la publicidad necesaria.

Tu pregunta acerca de las cartas la había olvidado de verdad. Escribiré en seguida a Fr[ankel] para saber si ha recibido las dos cartitas; donde no, indagaré más, y si algo se hubiese extraviado, te lo comunicaré inmediatamente.

Marx os envía saludos a todos y yo hago lo mismo.

Fraternalmente, tu viejo
F. Engels