en Leipzig

Londres, 2 de enero de 1872.

Querido Liebknecht:

Ante todo, ¡Feliz Año Nuevo! Y luego, adjunta, la corrección.

En cuanto a la Stieberiada en la «Deutsche Allgemeine Zeitung», probablemente Marx te habrá escrito, ¿o Tussy? La cosa era tan transparente que no hizo falta correspondencia alguna para probarte su falsedad; incluso el gasto de un telegrama habría sido dinero tirado. Hiciste bien en declarar inmediatamente que el asunto era una falsificación. Compara los nombres, en su mayoría falsos, con los correctos que figuran en las resoluciones de la Conferencia, y tendrás la prueba directa de la falsificación.

Tu carta la tiene aún Marx, así que no puedo responderla punto por punto.

En todo caso, debéis encontrar una fórmula que haga posible vuestra representación en el próximo Congreso, y si nadie puede venir, podéis haceros representar por los veteranos de aquí. Dado que es previsible que los bakuninistas y los proudhonianos hagan todo lo posible, los mandatos serán rigurosamente examinados, y, por ejemplo, una delegación personal tuya y de Bebel como el mandato de la Conferencia que me enviasteis no prosperaría. Los españoles están igual de mal que vosotros, pero no se dejan confundir. Por lo demás, la sentencia de Brunswick no sienta jurisprudencia. Una porquería como ésta, en la que incluso se recurre a leyes de la Dieta federal, sólo es posible en un pequeño Estado decrépito. Frente a ello, Bebel debería protestar en el Reichstag; los progresistas tendrán que sumarse o quedar en ridículo ante toda Alemania. Si encuentro tiempo, enviaré al «Volksstaat» una crítica (jurídica) de ese engendro.

Según informa Lafargue (está o estaba en Madrid), en España todo marcha bien; los bakuninistas, con su conducta violenta, se han pasado de la raya; los españoles son obreros y quieren, ante todo, unidad y organización. Habrás recibido la última circular del Congreso de Sonvillier, en la que atacan las resoluciones administrativas de Basilea como la fuente de todos los males. Con esto, la medida está colmada y actuaremos.

Entre tanto, Hins, Steens y Cía. nos han jugado una bonita pasada en Bélgica (véase la resolución del Congreso de Bruselas en «L’Internationale»). De Paepe se ha dejado embaucar vergonzosamente por ellos; escribió que todo iba bien. Sin embargo, esa oposición se mantiene de momento dentro de límites legales y también será despachada a su debido tiempo. Con excepción de De Paepe, nunca hubo gran cosa en los belgas.

Una sociedad de Macerata, en la Romaña, ha nombrado a sus tres presidentes honorarios: Garibaldi, Marx y Mazzini. Esta confusión representa exactamente el estado de la opinión pública entre los obreros italianos. Sólo falta Bakunin para completar la cosa.

Mañana seguirán los recortes del «Eastern Post» (2 sesiones); ya no tengo el último número y no lo recibiré hasta hoy en la sesión.

Saludos cordiales a los tuyos y a Bebel.

Tuyo,
F. E.

Notabene, ¿has cambiado de dirección? ¿Brausstr. 11?