en Hoboken

Londres, 29 de noviembre de 1871

Mi querido Sorge:

Espero que hayan recibido en Nueva York todas las resoluciones de la Conferencia¹ y las diversas cartas que les he enviado. Junto con esta carta remito los tres últimos informes del «Eastern Post» sobre las sesiones del Consejo General, los cuales contienen, como es natural, solo lo que es apto para la publicación. |

En cuanto a los asuntos financieros, solo he de señalar:

1. El Comité de Nueva York no tiene que pagar sino 2 peniques por ejemplar por los folletos sobre «La guerra civil en Francia»² que ha recibido. Pagará 1/2 penique por ejemplar por las «Estatutos y Reglamentos administrativos»³, «à fur et mesure»⁴, a medida que se vendan. Pero deberían escribirnos cuántos ejemplares de las ediciones francesas y alemanas de los Estatutos, etc., necesitan. Además de la necesidad actual, harán bien en mantener una cierta reserva de ellos.

2. En relación con el dinero que nos ha sido enviado para los refugiados, el Consejo General desea una declaración expresa por escrito de que el Consejo General es el único responsable de la distribución entre los refugiados franceses, y que la llamada «Sociedad de los Refugiados Franceses en Londres» no posee ningún derecho de control sobre el Consejo.

Esto es necesario, pues aunque la masa de la mencionada sociedad son gentes honradas, el comité que la encabeza está compuesto por toscos patrones, de modo que una gran parte —y precisamente la parte más meritoria de los refugiados— no quiere tener nada que ver con la «Sociedad», sino que desea ser apoyada directamente por el Consejo General. Por lo tanto, entregamos semanalmente a la Sociedad una suma para distribuir y distribuimos otra suma directamente. | |

Son esos mismos toscos patrones los que han difundido las más atroces calumnias contra el Consejo General, sin cuya ayuda (y muchos de sus miembros no solo han sacrificado su tiempo, sino que también han pagado de su propio bolsillo) los refugiados franceses habrían estado «creve de faim»⁵. |

Paso ahora a la cuestión MacDonnel⁵. Antes de su admisión, el Consejo había llevado a cabo una investigación sumamente rigurosa sobre su probidad, puesto que, al igual que todos los demás políticos irlandeses, era gravemente calumniado por sus propios compatriotas.

Tras recibir un testimonio irrefutable sobre su carácter, el Consejo General lo eligió, porque la masa de los obreros irlandeses en Inglaterra deposita en él más confianza que en cualquier otra persona. Está por completo por encima de los prejuicios religiosos y, en lo que respecta a sus opiniones generales, es absurdo reprocharle inclinaciones «burguesas» de ningún tipo. Es proletario por su modo de vida y por sus concepciones.

Si han de presentarse acusaciones contra él, deben hacerse en términos concretos, no con vagas insinuaciones. En mi opinión, los irlandeses que han estado tanto tiempo encarcelados no son jueces competentes. La mejor prueba de ello son sus relaciones con el «Irishman», cuyo redactor, Pigott, es un mero especulador y cuyo gerente, Murphy, es un sujeto tosco. En vista de los esfuerzos del Consejo General por la causa de los irlandeses, este periódico ha intrigado constantemente contra nosotros. MacDonnel fue atacado sin cesar en dicho periódico por un irlandés (O'Donnell) que estaba vinculado con Campbell (un empleado de la policía de Londres) y es un borracho que, por un vaso de ginebra, revela al primer agente que encuentra todos los secretos de que dispone.

Tras el nombramiento de MacDonnel, Murphy calumnió a la Internacional (no solamente a MacDonnel) en el «Irishman», al mismo tiempo que, en secreto, nos pedía que lo nombrásemos a él (Murphy) secretario para Irlanda. |

En cuanto a O'Donovan Rossa, me asombra que todavía lo aduzca usted como una autoridad, después de todo lo que usted me ha escrito sobre él. Si alguna persona estaba personalmente obligada hacia la Internacional y hacia los comuneros franceses, esa persona era él, y usted ha visto qué agradecimiento hemos recibido de su mano⁶.

No olviden los miembros irlandeses del Comité de Nueva York que, para serles útiles, necesitamos ante todo influencia sobre los irlandeses en Inglaterra, y que, hasta donde hemos podido averiguar, no hay para este fin un hombre mejor que MacDonnel.

Fraternalmente suyo,  
Karl Marx

Train nunca ha recibido credenciales del Consejo General.

¹ Karl Marx/Friedrich Engels: «Resoluciones de la Conferencia de Delegados de la Asociación Internacional de los Trabajadores, celebrada en Londres del 17 al 23 de septiembre de 1871».  
² Karl Marx: «La guerra civil en Francia».  
³ Karl Marx: «Estatutos generales y reglamentos administrativos de la Asociación Internacional de los Trabajadores».  
⁴ en la medida en que