en Amberes

[Londres] 4 de agosto de 1871

Querido ciudadano Coenen,

He recibido puntualmente sus dos cartas del 1 de mayo y del 1 del corriente, de las que deduje que los cigarreros de Amberes no estaban afiliados a la Internacional y que aún hoy siguen sin estarlo. Estoy muy sorprendido de que no se nos haya comunicado esto desde el comienzo mismo de la huelga, pues todo lo que aquí hemos hecho por ellos —y no ha sido poca cosa, ya que les hemos procurado más de 15 000 francos en subsidios— lo hemos hecho en la creencia de que se hacía para miembros de la Internacional; ¡y ahora nos enteramos de que no sólo no pertenecían a ella, sino que ni siquiera ahora, después de todo lo que hemos hecho por ellos, se nos han afiliado! Esto es realmente fuerte, y por lo que a mí respecta, he decidido no hacer nada más por semejantes ingratos. ¿Llaman estos señores solidaridad a aceptar dinero de obreros ingleses y de otros países, que la Internacional les procura, y, después de habérselo embolsado, a no afiliarse a nuestra Asociación, para demostrar con ello que están dispuestos a obrar de igual modo por otros? Eso no corresponde a nuestra concepción, y no es tarea de la Internacional trabajar para semejante gente. Quien quiera recurrir a la ayuda de nuestra Asociación debe estar dispuesto también a aportar su parte a las cargas, y la prueba mínima de ello sería el afiliarse a ella. Gente que, con gran vocerío, exige dinero a los internacionales y al mismo tiempo rehúsa declararse de los nuestros, merece que la burguesía los siga explotando; pues rechazan el único remedio posible contra la explotación burguesa: la unión y la organización de los obreros de toda Europa. Desde que existe la Internacional, no se ha dado un caso semejante; a los cigarreros de Amberes les estaba reservado el honor de mendigar el auxilio de la Internacional y, una vez recibido, hacernos decir: ¡Gracias, señores; pueden ustedes retirarse, ya no los necesitamos, por ahí está la puerta!

Espero juzgarlos con demasiada dureza y que ya se nos hayan afiliado antes del día de hoy; pero si no lo hacen de inmediato, convendrá usted en que su conducta es una gran villanía; y mientras no reciba yo la comunicación de su afiliación, me opondré a que se les remita ni un solo céntimo más. Podemos emplear nuestro dinero con un provecho mucho mayor en personas que nos pertenezcan.

Me pregunta usted si los cigarreros de Londres están afiliados. ¡Pues claro, naturalmente, desde la fundación de la Internacional! Su presidente, el ciudadano Cohn, los representa en el Consejo General. He hablado con él acerca de la carta que, a petición de usted, debía escribir a los de Amberes con motivo de su afiliación. Pero ¿qué puede lograr una carta cuando 15 000 francos no han surtido efecto alguno?

Der Werker sigue llegando de manera muy irregular y solo en un ejemplar. Dado que aquí muy pocos obreros entienden el flamenco, será muy difícil encontrar aquí suscriptores para ustedes; no obstante, he rogado a los miembros del Consejo que hagan propaganda para su periódico.

No podrá celebrarse un congreso este año; ello es del todo imposible a causa de las persecuciones de los gobiernos en Francia, España, Alemania, Austria y Hungría. En su lugar se celebrará una conferencia interna que ha de consolidar nuestra organización; pero sobre esta cuestión el Consejo General solo puede mantener correspondencia con los distintos consejos centrales. Por lo demás, dudamos de que el gobierno holandés fuera lo bastante liberal como para conceder plena libertad a nuestro congreso, en cuyo orden del día figurarán, tras los acontecimientos de París, cuestiones muy delicadas.

En la última sesión del Consejo General se reestructuraron las secretarías; a mí me han correspondido España e Italia, y he cedido Bélgica al ciudadano Alfred Herman, de Lieja, quien fue recomendado para este cargo por el último congreso belga. De manera que, de ahora en adelante, será él quien mantenga correspondencia con ustedes.

Saludo y fraternidad.
Friedrich Engels

Según una copia manuscrita.