en Manchester

[Londres] 5 de julio de 1870

Dear Fred,

Has de disculpar la interrupción de la correspondencia desde mi regreso
a Londres. ¡Se me venían encima tantos asuntos internacionales y de otro tipo!

Dupont, que ha colocado provisionalmente a uno de sus hijos (un bebé) en casa de
su cuñado, a otro en casa de Serraillier y a un tercero en la suya propia —todas niñas
pequeñas—, había recibido entretanto dos ofertas como art manager o principal
capataz (en fábricas de instrumentos musicales de viento), una de París, otra de
Manchester. Desaconsejé la número I, porque allí no solo no tardaría en ser
detenido, sino que además se vería completamente absorbido por las querellas
con las diversas camarillas del lugar. En cambio, recomendé con mucho empeño la
número II, pese a su aversión a la misma. Así pues, ha aceptado en J. Higham,
131 Strangeways, Manchester (Brass Musical Instruments).

La dificultad estriba en que ha de llevarse consigo inmediatamente a uno de
los niños, el número II, y quiere hacer venir a los otros dos dentro de pocas
semanas. Por tanto, necesita una casita en Manchester y alguna persona de
confianza del sexo femenino para el cuidado de los niños y la gestión
doméstica. Sus ingresos, por lo pronto, 3 libras a la semana. ¿No podría
Lizzy hacer algo, directa o indirectamente, para esto último?

Dupont es políticamente un carácter, pero en lo privado sumamente débil.
D’abord apenas soporta una cantidad muy pequeña de licores espirituosos
sin excitarse inmediatamente en exceso. Secondly, se deja fácilmente dominar
y explotar por su entorno.

Tal vez venga a Manchester a lo largo de esta semana. En cualquier caso,
te escribiré previamente el día de su llegada.

Por la carta adjunta de Meißner verás cómo está el asunto allí.
A las cartas conminatorias de Kugelmann —que sale de viaje hacia Karlsbad el 12 de agosto y espera, con el alquiler de la casa, mi contestación— he
respondido con la carta de Meißner. Le he recordado que Meißner, en su
presencia, me hizo una perspectiva determinada de una segunda edición y del
pago para la feria de Pascua, y he añadido que, under present circumstances,
yo no podía decir ni cuándo ni siquiera si iría en absoluto a Karlsbad.
Hence, su carta adjunta. Aún no he respondido, porque seguimos
esperando contestación de Dublín acerca del fotograma de O’Donovan Rossa.

Lafargue me había anunciado que un joven ruso, Lopatine, me traería
una carta de recomendación suya. Lopatine me visitó el sábado, le invité
para el domingo (estuvo en casa de 10 o’clock de la mañana a 12 de la
noche) y el lunes regresó a Brighton, donde vive.

Es aún muy joven, estuvo 2 años en un calabozo, después 8 meses
preso en una fortaleza del Cáucaso, de donde escapó. Es hijo de un noble
pobre y en la universidad de San Petersburgo se ganó el pan dando clases
particulares. Ahora vive muy miserablemente de traducciones para Rusia.
Vive en Brighton porque allí puede bañarse en el mar gratis 2 o 3 veces al día,
a cierta distancia del balneario oficial.

Una cabeza muy despierta, crítica, de carácter alegre, estoico como un
campesino ruso que se contenta con todo lo que encuentra. Punto débil:
Polonia. Aquí habla exactamente como un inglés —say an English chartist of the old school— de Irlanda.

Me ha contado que toda la historia de Netschajew (23 años) no es más que
un cúmulo de mentiras y embustes. Netschajew nunca ha estado en una cárcel
rusa, el gobierno ruso nunca ha emprendido un atentado contra él, etc.

El asunto es éste. Netschajew (uno de los pocos agentes de Bakunin en
Rusia) pertenecía a una sociedad secreta. Otro joven, X., rico y entusiasta,
apoyaba a esta sociedad con dinero a través de Netschajew. One fine morning
X. declaró a Netschajew que no daría ni un kopek más, pues no sabía
qué se hacía con el dinero. El señor Netschajew propuso entonces (tal vez
porque no podía rendir cuentas del dinero) a sus compañeros de conspiración
asesinar a X., porque en el futuro podría cambiar de opiniones y convertirse
en un traidor. De hecho, lo asesinó. De modo que fue perseguido por el gobierno
simplemente como asesino vulgaris.

Lopatine, en Ginebra, pidió cuentas personalmente d’abord a
Netschajew (por sus mentiras), y éste se disculpó con la utilidad política de
la sensación para la llamada causa. Lopatine contó luego la historia a
Bakunin, quien le dijo que, como «bon vieillard», se lo había creído
todo. Bakunin exigió entonces a Lopatine que repitiese esto en presencia de
Netschajew. Lopatine fue inmediatamente con Bakunin a casa de
Netschajew, donde se repitió la escena. Netschajew calló. Mientras
Lopatine estuvo en Ginebra, Netschajew se mantuvo muy discreto, no
chistó más. Apenas hubo partido Lopatine para París, la farsa simiesca
comenzó de nuevo. Poco después recibió Lopatine una carta insultante de
Bakunin sobre este affaire. Él le respondió de modo aún más insultante.
Resultado: Bakunin escribió una carta de pater peccavi
(en posesión de Lopatine aquí), pero —il est un bon vieillard crédule!
(En passant: ¡Lopatine dice que frases enteras de Borkheim son
absolutamente incomprensibles y un absoluto despropósito en ruso, no solo
gramaticalmente falsas, sino «gar nisch»! Y el necio de Borkheim, mientras
tanto, según me comunicó antes de mi encuentro con Lopatine, ha hecho
llegar su mamarracho, por medio de su amigo Eichhoff en Berlín, a un alemán
de allí —empleado por la policía berlinesa como intérprete de ruso—, para
que le expida un atestado oficial de que sabe escribir en ruso. ¡El talento de nuestro
Gaudissart para lo cómicamente inconsciente es, en verdad, unrivalled!)

Chernyshevski, he sabido por Lopatine, fue condenado en 1864 a 8 años
de trabajos forzados en las minas de Siberia, de modo que aún tiene que
cavar dos años más. El primer tribunal fue lo bastante decente como para declarar
que no había absolutamente nada contra él y que las supuestas cartas secretas
de complot subversivo eran evidentes falsificaciones (como así eran). Pero el
Senado, por orden imperial, anuló de manera altísima esta sentencia y envió
al astuto hombre que «es tan hábil», según rezaba la sentencia, «que mantiene
sus escritos en una forma legalmente inatacable y pese a ello escancia públicamente
veneno en ellos» — a Siberia. Voilà la justice russe.

Flerovski está en mejor situación. ¡Él solo está en destierro administrativo
en un pequeño villorrio entre Moscú y San Petersburgo!

Habías olfateado correctamente que Flerovski es un pseudónimo. Sin embargo,
dice Lopatine que el nombre, aunque no es originalmente ruso, aparece con
frecuencia entre los curas rusos (en particular, monjes que lo tienen por la
traducción rusa de Fleury y que sienten una pasión tan grande por los
nombres aromáticos como los judíos alemanes). Lopatine es, de formación,
naturalista. Éste era su estudio especializado. Pero también ha hecho negocios
comerciales, y sería una suerte si se le pudiera procurar algo por el estilo.
Hablaré de ello con Borkheim y con Pohl. Sobre París, etc., próximamente.
Tuyo
Mohr

A propósito. Jennychen quiere saber si puede nombrarte como autor de
la Nota.

Y luego —es muy testaruda— no quiere permitirme cambiar unas
palabras en el manuscrito sin tu permiso especial.

My best compliments to Mrs. Lizzy.

[Posdata de la hija de Marx, Jenny]
5 de julio de 1870

Dear Engels,

Muchas gracias por su carta y las interesantísimas notas. Solo espero que
el señor Risse las espolvoree con las Judenkirschen de las que parece tener
tan abundantes existencias. Por el retrato de O’Donovan Rossa he escrito
a Pigott. En caso de que no pueda conseguirse una buena fotografía, puedo
naturalmente, como usted dice, enviar a Kugelmann la reproducción que
apareció en el Irishman.

Con muchas gracias, quedo

Affectionately yours
Jenny