en Londres

Mánchester, 31 de mayo de 1870

Mi querida hija,

Empezábamos a enfadarnos un tanto por el persistente silencio londinense. ¡Pero tu carta!?!*! ha disipado las nubes del cielo. No creo que nos quedemos más allá del comienzo de la próxima semana.

Mi resfriado aún no se ha pasado del todo, aunque el estado general de salud ha mejorado maravillosamente con el cambio de aires. Veo a Gumpert casi a diario, y su consejo es tanto más valioso cuanto menos cobra por él.

Aquí todo sigue por los viejos carriles. Fred está de muy buen humor desde que se ha librado del «maldito¹ Commerce». Su libro sobre Irlanda² —que, de paso, le está costando algo más de tiempo del que había supuesto en un principio— resultará sumamente interesante. La famosa Doppelju!?³, que tanto sobresale en la más reciente historia irlandesa y que tan notable papel desempeña en ella, encontrará allí su material arqueológico, hábilmente expuesto.

El libro de Lange se diferencia de un «Irish Stew» en que es pura salsa y nada de sustancia.⁴ Ese presuntuoso inútil espera a todas luces oír de mí algún que otro cumplido como contrapartida por sus «dulzuras», pero se equivoca lastimosamente. Cuán poco ha entendido de «El Capital» queda claramente demostrado por su descubrimiento de que mi teoría del «valor» nada tiene que ver con las exposiciones sobre la «jornada de trabajo»⁵, etc.

Nuestro amigo Gumpert se está convirtiendo más y más en una persona liberal, cotilla y ramplona. Lo cual no es de extrañar, con la familia que él mismo ha producido y «heredado». Lo bueno, cuando sobra, empalaga.

Tussy tiene un aspecto floreciente y está muy alegre. Ha constatado, feliz, que la bichería en Mornington Palace!?!#! ha aumentado con un nuevo envío de pollitos, etc. Naturalmente, sometió a Fred a un riguroso interrogatorio acerca de las «cartas amenazadoras»; él consideraba peligroso hablar de semejante asunto en cartas que pasan por el correo y que eventualmente podrían caer bajo los ojos de algún Stieber. El verdadero Stieber está en París ocupado afanosamente en urdir un nuevo complot en el que la «Asociación Internacional de los Trabajadores» ha de desempeñar el papel principal y en el que yo, como su viejo protegido y «verdadero jefe supremo secreto»⁶, he de comparecer, naturalmente.

Mientras escribo estas líneas, el condenado de Fred me importuna con constantes comunicaciones «fragmentarias» de las viejas sagas nórdicas. A propósito de sagas nórdicas, ¿no asistió Möhmchen'⁷ el pasado domingo a la velada poética del señor K. Blind?

El pequeño Dakyns se acercó el sábado por la tarde y se quedó aquí hasta el domingo. Esta visita iba dedicada a Tussy y a mí. Ese buen gnomo se desternillaba continuamente de risa. Iba más desastrado que nunca: cuellos de pajarita, de papel y sin corbata⁸, un sucio sombrero blanco en lugar de la gorra escocesa y una suerte de zapatos blancos, como los que se llevan a orillas del mar⁹. En nuestro paseo dominical —Schorlemmer y Moore formaban parte de la partida, como es natural—, su éxito entre el público en general fue más que un succès d'estime!¹⁰. Provocó directamente sensación.

Y ahora, célebre Doppelju, ¡saluda de mi parte a Möhmchen y a Lenchen de lo mejor! Aquí echo mucho de menos «La Marsellesa» y todas las noticias de París. ¡En el Schillerklub!*°! tienen «Le Temps», el más aburrido de todos los periódicos franceses. También su editor es un Nefftzer, un alsaciano.

Adiós, tú, la célebre,
Old Nick