en París

[Londres] 18 de abril de 1870

Querido Paul-Laurent,

Adjunto envío la carta de recomendación para M. H. Verlet. Que no dé a la nueva sección que se propone formar ningún «nombre» de secta, ni comunista ni de ninguna otra clase. Il faut éviter les «étiquettes» sectaires dans l’Association Internationale. Las aspiraciones y tendencias generales de la clase obrera brotan de las condiciones reales en que ésta se encuentra. Por eso tales aspiraciones y tendencias están presentes en la clase entera, aunque el movimiento se refleje en sus cabezas bajo las más diversas formas, más o menos fantásticas, más o menos correspondientes a las condiciones. Los que mejor interpretan el sentido oculto de la lucha de clases que se desarrolla ante nuestros ojos —los comunistas— son los últimos en incurrir en el error de aprobar o fomentar el sectarismo.

M. Verlet haría bien en ponerse en contacto con nuestro amigo Jules Johannard, 126, rue d’Aboukir.

Un asunto que habría que despachar lo más rápidamente posible, y que Paul-Laurent podría realizar, es publicar en la *Libre Pensée* una traducción correcta y literal de los Estatutos de la Internacional. La actual traducción francesa, que procede de nuestro primer Comité de París, Tolain y Cía., está llena de errores deliberados. Suprimieron todo lo que no les convenía. Si se hace una traducción correcta, sería bueno que me la enviarais antes de su publicación.

En Alemania se asombrarían mucho de la apreciación que Verlet hace de Büchner. En nuestro país se le considera, y con toda razón, como un simple vulgarisateur.

Vosotros sabéis cuánto admiro el *Roman de Conspiration*. Por eso me ha encantado saber que Paul-Laurent lo estima tanto.

Ahora debo decir unas palabras que disgustarán un poco a Paul-Laurent, pero no puedo otra cosa.

Vuestro padre me escribió una carta a Hannover que aún no he contestado, porque no sabía qué decir.

Estoy convencido de que Paul ha abandonado por completo todo propósito de terminar o proseguir sus estudios de medicina. Cuando estuve en París, escribí a su padre en un sentido contrario, y me sentí autorizado para ello por las propias promesas de Paul. Por eso me encuentro en una situación muy desagradable ante el señor Lafargue padre. Pero esto no puede seguir así. No veo otra salida que escribirle que yo no tengo más influencia sobre su amado hijo que la que él mismo tiene. Si vosotros veis otra salida, si conocéis algún otro medio para aclarar mi situación, os ruego me lo comuniquéis.

En mi opinión —opinión de la que, sin embargo, ni pretendo ni espero que se acepte ni se siga—, Paul-Laurent, con el hijo, debería ir a Burdeos a casa de sus padres y tratar de apaciguarlos con todos los medios que el trato personal hace posibles.

Vuestro fiel