en París

Londres, 5 de marzo de 1870

Querida Laura y querido Paul:

Seguro que estáis, y con razón, muy enfadados por mi largo silencio, pero debéis disculparlo, pues es, en primer lugar, consecuencia de mi enfermedad y, en segundo, del trabajo adicional para recuperar el tiempo perdido.

La triste noticia de Paul no me ha sorprendido. La víspera de la llegada de su carta, había expresado en familia mi seria inquietud por el pequeñín. Yo mismo he sufrido demasiado por pérdidas semejantes como para no poder sentirlo con vosotros en lo más hondo. Pero sé también, por la misma experiencia personal, que todos los lugares comunes sensatos y palabras de consuelo que se pronuncian en semejante caso no hacen sino agravar el verdadero dolor, en lugar de mitigarlo.

Espero que nos comuniquéis buenas noticias del pequeño Schnappi¹, mi gran favorito. El pobre y querido chiquillo debe de haber sufrido mucho con el frío, que es tan opuesto a «la nature mélanienne»². A propósito, un tal señor de Gobineau publicó hace unos diez años³ una obra en cuatro volúmenes «Sur l’Inégalité des races humaines», escrita sobre todo con el fin de demostrar que «la race blanche»⁴ es una especie de dios entre las demás razas humanas y, naturalmente, las familias distinguidas de la «race blanche» son a su vez la crème de la crème. Sospecho fuertemente que el señor Gobineau, que por aquel entonces⁵ era «premier secrétaire de la légation de France en Suisse», no desciende de un viejo guerrero franco, sino de un moderno huissier⁶ francés. Sea como fuere, y a pesar de su odio contra la «race noire»⁷ (para esa gente es siempre una fuente de satisfacción tener a alguien a quien, según su opinión, están autorizados a despreciar⁸), declara que «le nègre» o «le sang noir» [es] la fuente material del arte⁹ y que toda la creación artística de las naciones blancas depende de su mezcla con «le sang noir»¹⁰.

Me encantó la última carta que recibí de mi dulce ex secretaria¹¹, y me divirtió mucho la descripción de Paul de la soirée en casa de Moilin.

Ese «grand inconnu»¹² parece haber desentrañado por fin el secreto de cómo retener la «gloire»¹³, que hasta ahora se le escurría tan infielmente de entre los dedos justo cuando la había agarrado por la cola. Ha descubierto que, si se quiere tener éxito en el mundo, todo depende de limitar el mundo a las propias cuatro paredes, en las que uno puede nombrarse presidente y disponer de un auditorio adecuado que jurará in verba magistri¹⁴.

Aquí en casa, como bien sabéis, los fenianos¹⁵ son la ley suprema. Tussy es su centro principal. Jenny escribe en su nombre en la «Marseillaise» bajo el seudónimo J. Williams. Yo no sólo he tratado el mismo tema en la «Internationale» de Bruselas¹⁶ y he impulsado resoluciones en el Consejo General contra sus carceleros¹⁷. En una circular¹⁸ que el Consejo ha dirigido a nuestros comités correspondientes, he expuesto los puntos principales de la cuestión irlandesa.

Comprenderéis naturalmente que no me he dejado guiar sólo por sentimientos de humanidad. Hay además otras razones. Para acelerar el desarrollo social de Europa, hay que acelerar la catástrofe de la Inglaterra oficial. Para ello, hay que asestar el golpe en Irlanda. Ése es su punto más débil. Perdida Irlanda, se acabó el «Imperio» británico, y la lucha de clases en Inglaterra, hasta ahora adormecida y lánguida, adoptará formas violentas. Pero Inglaterra es la metrópoli del latifundismo y del capitalismo en todo el mundo.

¿Qué se sabe de Blanqui? ¿Está en París?

Naturalmente, no habéis sabido nada de mi traductor, el señor K[eller]. Yo sigo en la misma situación difícil.

El libro de Flerovski sobre «La situación de la clase obrera en Rusia» es un libro extraordinario. Me alegra de veras poder leerlo ahora con cierta fluidez con ayuda del diccionario. Es la primera vez que se expone toda la situación económica de Rusia. Un trabajo concienzudo. Durante 15 años, el autor viajó desde las fronteras occidentales del país hasta los confines orientales de Siberia, desde el Mar Blanco hasta el Mar Caspio, con el único fin de estudiar hechos y desenmascarar mentiras convencionales. Naturalmente, incurre en algunos errores en lo relativo a la perfectibilidad perfectible de la nación rusa y al principio providencial de la propiedad comunal en su forma rusa¹⁹. Pero dejemos eso. Tras el estudio de su obra, queda uno firmemente convencido de que una revolución social de lo más espantosa —naturalmente en las formas inferiores que corresponden al actual nivel de desarrollo moscovita— es inevitable en Rusia y se avecina. Son buenas noticias. Rusia e Inglaterra son los dos grandes pilares angulares del sistema europeo actual. Todo lo demás es de importancia secundaria, incluso la belle France et la savante Allemagne²⁰.

Engels dejará Manchester y se instalará definitivamente en Londres a principios de agosto. Será una gran alegría para mí.

Y ahora, adiós, mis queridos hijos. No olvidéis besar al valiente pequeño Schnappi²¹ de parte de su

Old Nick

¹ Charles-Étienne Lafargue. — ² «la naturaleza melanesia». — ³ hace unos diez años. — ⁴ «la raza blanca». — ⁵ por aquel entonces. — ⁶ ujier. — ⁷ «raza negra». — ⁸ despreciar. — ⁹ «el negro» o «la sangre negra» [es] la fuente material del arte. — ¹⁰ con «la sangre negra». — ¹¹ Laura Lafargue. — ¹² Este «gran desconocido». — ¹³ «gloria». — ¹⁴ sobre las palabras del maestro. — ¹⁵ fenianos. — ¹⁶ Karl Marx: «El gobierno inglés y los fenianos encarcelados». — ¹⁷ «El Consejo General al Consejo Federal de la Suiza románica». — ¹⁸ circular. — ¹⁹ de la perfectibilidad ilimitada de la nación rusa y del principio, determinado por la divina providencia, de la propiedad comunal en su forma rusa. — ²⁰ la hermosa Francia y la sabia Alemania. — ²¹ Charles-Étienne Lafargue.