en Bruselas

Londres, 24 de enero de 1870

Querido ciudadano De Paepe,

Le escribo con cierta dificultad, pues tengo el brazo izquierdo vendado. Desde finales del mes pasado comenzó a formarse un absceso glandular cerca de la axila. He descuidado el asunto y ahora estoy castigado por este pecado. Unos días después de haber enviado la carta a Bruselas, el dolor se hizo insoportable y caí en manos de los médicos. He tenido que soportar dos operaciones. Ahora voy mejor, pero sigo en tratamiento y debo guardar reposo en la habitación.

Le escribo hoy porque quisiera pedirle un favor personal. Probablemente sabe usted que una parte de la burguesía inglesa ha formado una especie de Liga Agraria contra la *Land and Labour League* de los trabajadores. Su objetivo oficial es transformar la propiedad territorial inglesa en propiedad parcelaria y crear un estamento campesino para mayor bien del pueblo. Su verdadero objetivo es el ataque a la aristocracia terrateniente. Quieren poner la tierra en libre circulación para transferirla así de manos de los *landlords* a manos de los capitalistas. Con este fin publican una serie de tratados populares bajo el título «Cobden Treaties», en los que se pinta la pequeña propiedad con colores rosados. Su gran caballo de batalla es Bélgica (principalmente los flamencos). En este país los campesinos parecen vivir en condiciones paradisíacas. Se han puesto en contacto con el señor Laveleye, quien les suministra el material para sus declamaciones. Puesto que ahora trato la propiedad de la tierra en el segundo tomo de «El Capital», considero oportuno abordar un poco los detalles de la estructura de la propiedad territorial en Bélgica y de la agricultura belga. ¿Tendría usted la amabilidad de comunicarme los títulos de los libros más importantes que debo consultar?

Mi enfermedad me ha impedido naturalmente, durante las últimas semanas, asistir a las sesiones del Consejo General. Ayer por la tarde me visitó el Subcomité (el Comité Ejecutivo) al que pertenezco. Entre otras cosas, me comunicaron el contenido de una carta dirigida por el Sr. Hins a Stepney. Como Stepney supuso que yo estaría en condiciones de participar en la sesión del Consejo General (el 25 de enero), no me ha transmitido ningún extracto de dicha carta. Sólo sé de ella de oídas.

En primer lugar, se cree probablemente en Bruselas que la catástrofe de Ginebra, el cambio en la redacción de la «Égalité», ha sido provocado por las resoluciones del Consejo General. Esto es un error. Jung estaba tan ocupado con su trabajo de relojero que no encontró tiempo para copiar y enviar las resoluciones para Ginebra antes del 16 de enero. Entretanto, recibió dos cartas de H. Perret, secretario del Comité Románico. La primera carta, fechada el 4 de enero, es oficial. Es una comunicación del Comité Románico al Consejo General, en la que se dice que algunos de los redactores de la «Égalité» habían acordado iniciar una campaña pública contra el Consejo General y los comités suizos con los que no estaban de acuerdo, pero que actuaban contra la voluntad del Comité Románico.

La segunda carta, fechada después, pero que también llegó antes de que Jung hubiera enviado las resoluciones del Consejo General, es una carta confidencial de Perret a Jung. Le doy de ella extractos literales para que esté informado. Al tratarse de una carta privada, no hace falta decir que estos extractos no deben comunicarse al Consejo belga y que el nombre del autor debe permanecer en secreto.

«Bakunin ha dejado Ginebra. Tanto mejor. Esta gente fomenta la escisión entre nosotros. Eran la cabeza de la Alianza. Estos demócratas son autoritarios, no toleran ninguna contradicción; tales gentes son Bakunin, Perron y Robin; los tres estaban al frente de la «Égalité». Bakunin con sus ataques personales nos ha costado en Ginebra 200 o 300 suscriptores. Robin es aún más autoritario que él; se arroga querer cambiarlo todo entre nosotros; no lo conseguirá, no queremos dejarnos tutelar por esos señores que se creen insustituibles. Han intentado presionar al Comité Federal; no lo han logrado; no queremos dejarnos arrastrar por ellos a aventuras ni provocar una escisión en nuestras secciones. Créame, la Alianza es peligrosa para nosotros, precisamente ahora. Su plan en Ginebra era – como sospechaba desde hace tiempo – introducir en la dirección de todas las sociedades a gentes de la Alianza, para así someter la Federación a su dominio. Si supiera usted con qué medios proceden: calumnian en las secciones a los hombres que no quieren subordinarse a ellos; hicieron todo lo posible para sabotear mi candidatura en Basilea; con Grosselin lo mismo… Vea usted, su maniobra consistió en mandar a Basilea únicamente a miembros de la Alianza – Heng, Brosset, Bakunin. No les salió del todo bien. Además, había mendigado poderes de Lyon, de Nápoles; todos esos medios carecen de toda moral. Habían partido antes que nosotros para preparar sus intrigas en Basilea… En el Congreso hubo un hecho que yo sospechaba, pero para el que no tenía pruebas seguras. Martinaud, delegado de la sección de Neuchâtel, tenía un mandato firmado por el hermano de Guillaume, un mandato mentido, falso; tenemos las pruebas en la mano. La sección de Neuchâtel aún no se había constituido definitivamente entonces, y el comité provisional nos escribió que no conocían ni a Guillaume ni a Martinaud. Así es la moralidad de los apóstoles de la Alianza, pues Guillaume y algunos de Le Locle pertenecen a sus amigos. Además, la publicación del «Progrès» ha costado suscriptores a la «Égalité», mientras que nuestro periódico fue fundado por todos en común y debemos sostenerlo.

Última novedad: los aventureros de la Alianza acaban de salir de la «Égalité»: Perron, Robin y algunos otros más o menos capaces. Un pequeño golpe de estado al estilo Bakunin y Robin. Se pretendía forzar al Comité Federal a despedir a un miembro de la redacción que se había mostrado díscolo y censurado los ataques contra los diversos comités y el Consejo General. No queremos emplear violencia a favor de esa gente, tendremos que librar aún una lucha secreta con ellos; pero parece que la Alianza pierde muchos miembros, disminuye, tanto mejor.»

Hasta aquí los extractos de la carta de P[erret].

Si el Sr. Hins no ha comunicado aún mi carta (y las resoluciones del Consejo General) al Consejo Belga, hará bien en omitir por completo el párrafo referente a Bakunin. No tengo copia del mismo, pero sé que escribí en un estado de irritación causado por mis dolores. Por eso no dudo que el Sr. Hins critique precisamente la forma de ese párrafo. En cuanto al contenido, a los hechos, estos no dependen ni de mi mala expresión ni de la buena opinión que el Sr. Hins tenga de Bakunin. El hecho es que la Alianza creada por Bakunin, que sólo se ha disuelto nominalmente, es un peligro para la Asociación Internacional, un elemento de desorganización.

En el párrafo referente a Bakunin, según me dicen, el Sr. Hins ha censurado también la expresión «le bonhomme Richard». Es un *lapsus calami*, que lamento tanto más cuanto que Richard es uno de los miembros más activos de la Asociación. Sólo empleé esa expresión para decir que en la correspondencia citada acepta con demasiada bonhomía opiniones cuyo contenido nunca ha verificado. Por lo demás, cuando escribí esa expresión, Richard había dado una nueva prueba de su irreflexión. Había enviado al Consejo una carta que contenía un juicio ya formulado, en el que ciertas personas pertenecientes a una pretendida sección disidente de Lyon eran calificadas de viles, traidores y excluidos de la Asociación. Se nos exige que copiemos ese juicio, le pongamos nuestro sello y nuestras firmas y lo devolvamos a vuelta de correo. ¡Y eso sin pruebas, sin documentos, sin dar a los condenados el derecho de defenderse!

Se me ha dicho además que el Sr. Hins reprocha al «Informe sobre el Congreso de Basilea» en inglés el haber suprimido todo lo relativo a la cuestión de la herencia. Es evidentemente un malentendido. En las páginas 26-29 se encuentran tanto el informe del Consejo General, como el informe de la comisión nombrada en Basilea y una breve reseña de la discusión sobre esta cuestión. Por lo demás, el informe inglés sobre los trabajos del Congreso fue redactado por Eccarius. El Consejo nombró una comisión para revisar dicho informe. Aunque fui designado miembro de esa comisión, rehusé participar en sus trabajos porque no estuve en el Congreso y, por tanto, no soy competente para juzgar la exactitud del informe. Toda mi colaboración se limitó a correcciones puramente estilísticas.

Si, finalmente, las resoluciones adoptadas por el Consejo General no tienen la suerte de satisfacer al Sr. Hins, sí han satisfecho evidentemente al Consejo Románico, puesto que dos semanas antes de su adopción tomó la resolución de emanciparse de la dictadura de la Alianza.

Enteramente suyo,
K. M.