in Bordeaux

París, 10 de julio de 1869

Mi querido amigo:

Llegué aquí el jueves por la tarde y regresaré a Londres el lunes.

A juzgar por su carta, que he vuelto a leer, parece usted suponer que mi mujer se encuentra aún aquí. Esto es un error.

Me ha consternado especialmente que Laura siga todavía muy enferma y su salud muy quebrantada.

Empiezo por aquí, porque ello explica la aparente indiferencia de nuestro Paul. No ha interrumpido sus estudios, pero ha descuidado tomar las medidas necesarias para presentarse a sus exámenes.

A los reproches que por ello le he hecho, me ha respondido, y debo decir que tenía razón al responder así: «Antes de poder pensar en el futuro, tenía que ocuparme del presente. El estado de salud de Laura exigía de mí los cuidados más esmerados. No me permite siquiera ausentarme por un tiempo algo prolongado. Para no inquietarlos a usted y a mi familia, quise mantener oculta la cosa. Laura y yo hemos hecho todo lo posible para que la señora Marx no sospechara nada.»

He hablado con un médico muy bueno que frecuenta la casa de Paul. Me ha dicho que Laura necesita imperiosamente ir a un balneario marítimo, y me ha propuesto Dieppe, porque un viaje más largo perjudicaría su estado de salud.

Además, Paul me ha prometido hacer todo lo posible, a su regreso de Dieppe, para acortar el tiempo necesario para su examen de doctorado, etc.

Debo decirle francamente que el estado de salud de mi hija me inquieta seriamente.

Nuestro nieto es un niño encantador. Jamás he visto una cabeza infantil tan bellamente formada.

Mis recuerdos a su señora esposa.

Reciba, mi querido amigo, los más cordiales saludos de su

Karl Marx