en París
Manchester, 2 de junio de 1869

Mi querido Paul,
Usted puede naturalmente disponer de mi nombre a su gusto. Pero hay algunos reparos. Ante todo: el trabajo que usted desea no estoy en condiciones de realizarlo en este momento, mientras Engels aún padece una inflamación ocular que ciertamente le impedirá escribir durante una temporada. Naturalmente, si surgiese una cuestión muy urgente, recurriríamos a la “Renaissance”, pero eso podría hacerse sin que mi nombre figurase entre los redacteurs. Una codirección meramente nominal no tendría utilidad práctica alguna.¹ Mi objeción más seria es, sin embargo, de naturaleza exclusivamente privada, y dejo a su perspicacia el decidir la cuestión. El periódico proyectado lo pondrá a usted y a sus amigos, probablemente, en conflictos jurídicos con el gobierno, y su padre, que antes o después constataría que mi nombre aparece entre los redacteurs de dicho periódico, supondría verosímilmente que yo lo he impulsado a usted a una actividad política prematura y le he impedido dar los pasos necesarios (¡que yo continuamente le insto a dar!) para rendir sus exámenes de medicina y establecerse profesionalmente. Él consideraría con razón tal influencia, por él supuesta, como una violación de nuestro expreso acuerdo mutuo.

En cuanto a los temores de el Pequeño², todos ellos son infundados. Para prepararse para una invasión a Francia, Prusia necesitaría, en las circunstancias más favorables, en lugar de 8 días, por lo menos un mes. Pero las circunstancias actuales son todo menos favorables para Prusia: no hay, en efecto, unidad alemana alguna. Ésta sólo podría alcanzarse mediante una revolución alemana que barriese la dinastía prusiana, la cual fue, es y siempre deberá ser servidora del moscovita. Sólo
mediante el derrocamiento de “Prusia” puede Alemania ser realmente centralizada.

Prusia no se ha disuelto en Alemania. Por el contrario, ha conquistado una parte de Alemania y la trata –tanto los territorios directamente anexados como los forzados a entrar en la Confederación de Alemania del Norte– como país conquistado. De ahí que en sus nuevas adquisiciones reine el mayor descontento. En caso de una guerra ofensiva (no defensiva) contra Francia, Prusia se vería forzada a emplear una gran parte de su ejército para mantener sometidas estas regiones, tanto más peligrosas para Prusia cuanto que sus medios de comunicación –ferrocarriles, telégrafos, etc.– hacia Francia, y asimismo sus rutas de retirada desde el Rin, las atraviesan. En cuanto a los contingentes militares reclutados en Hannover, Schleswig-Holstein, Sajonia, Kurhessen, Nassau, etc., serían poco fiables y resultarían ser una fuente de debilidad en lugar de fortaleza.

Fuera de estos territorios ya sea directamente anexados o forzados a entrar en la Confederación de Alemania del Norte, existe aún Alemania del Sur (Baden, Württemberg, Baviera, Hessen-Darmstadt), que cuenta con 9 millones de habitantes. Aquí, las masas populares son profundamente hostiles a Prusia hasta lo más íntimo. En caso de una guerra contra Francia, Prusia tendría, por tanto, que destacar otra parte de su ejército para asegurarse de aquella porción de Alemania del Sur que tiene una frontera común, larga y extendida, con Francia.

Y, finalmente, Prusia se vería forzada a concentrar un fuerte ejército de observación contra Austria. No olvide usted que la dinastía de los Habsburgo fue profundamente herida por las últimas humillaciones y pérdidas que le infligió el advenedizo prusiano. Aun admitiendo la hipótesis del todo absurda de que la dinastía de los Habsburgo estuviese dispuesta a perdonar lo sucedido, sería sin embargo incapaz de apoyar a Prusia. El emperador de Austria³ ha dejado de tener influencia alguna sobre los asuntos internacionales. La Dieta húngara es ahora la que debe decidir, y decidiría a favor de Francia y contra Prusia. Lo mismo haría la Dieta de Viena. Así es que Prusia, por benévola que pudiese parecer exteriormente la actitud del gabinete de Viena, no podría ni podría fiarse de ella, sino que se vería siempre forzada a oponer un fuerte ejército de observación al ejército que Austria, seguramente, concentraría en Bohemia.

De aquí se desprende a primera vista⁴ que una parte muy grande de la aparentemente considerable
fuerza militar de Prusia no podría ser concentrada contra Francia, sino que, por el contrario, tendría que ser dispersada en distintas direcciones.

Prusia no tendría más aliado que Rusia, la cual no está en condiciones de disponer de su ejército en un caso repentino de emergencia. Antes de que sus contingentes estuvieran movilizados y llegaran a Prusia, la decisión ya se habría tomado.

Es errónea ya la sola idea de que Prusia, en semejantes circunstancias, se atreviese sola —y tendría que hacerlo sola— a una invasión de Francia, y además de una Francia revolucionaria.

Hasta ahora he considerado únicamente el aspecto puramente militar y diplomático de la cuestión, pero no cabe la menor duda de que, en caso de una revolución en Francia, Prusia tendría que actuar exactamente igual que en 1848. En lugar de lanzar sus fuerzas al extranjero, se vería forzada a emplearlas en expéditions à l’intérieur.

Si en 1848 el movimiento en Alemania paralizó al gobierno prusiano, ¿qué sucedería ahora, cuando las masas populares en Prusia y en las otras partes de Alemania están más desarrolladas y, al mismo tiempo, el gobierno prusiano, al igual que los demás gobiernos alemanes, han dejado de gobernar de manera absoluta y están debilitados por las cadenas de un constitucionalismo ridículo?

En lo que respecta a las clases trabajadoras en Alemania, en mi opinión están mejor organizadas que las francesas. Sus ideas son más internacionales que en ningún otro país. Su ateísmo es más pronunciado que en ningún otro país. Su predilección por Francia es general.

En caso de una revolución francesa, Prusia no puede hacer nada. (¡Un representante de los obreros en el Reichstag de la Alemania del Norte⁵ los amenazó hace poco con la inminencia de una revolución francesa!) Sólo en caso de una invasión imperial a la “patria” podría Prusia convertirse en un adversario peligroso de Francia.

Adiós.
Old Nick

Del inglés.

Notas
¹ Véase el presente tomo, págs. 264 y 337.
² el Pequeño (Louis-Auguste Blanqui)
³ Francisco José I.
⁴ a primera vista
⁵ Johann Baptist von Schweitzer