Marx a Laura y Paul Lafargue

en París

Londres, 11 de abril de 1868

Mi querido Cacadou,

Sabes que soy lento para escribir, pero esta vez las deficiencias de mi brazo izquierdo cargan con la culpa de los pecados de mi mano derecha. En tales circunstancias, tanto más me ha faltado mi secretario, que en mi nombre habría podido dirigirse a sí mismo las cartas más encantadoras.

Me alegra poder deducir de tus garabateos y los de tu compañero (perdona la “expresión”, ¡Borkheim con su “scribaille”! aún me retumba en los oídos) que estáis disfrutando a fondo vuestro viaje de novios? y que todas las circunstancias exteriores —primavera, sol, aire y las diversiones parisinas— se alían en vuestro provecho. En cuanto a dicho compañero, dice mucho de la bondad innata del “joven” el hecho de que me envíe libros en un momento tan crítico. Este simple hecho no sería mala prueba de que ha de pertenecer a una raza mejor que la europea. Por cierto, ya que hemos tocado el capítulo de los “libros”: podrías hacer una visita a Guillaumin (Rue Richelieu 14) y procurarte sus (económicos) Bulletins de librairie de 1866 a 1868. También podrías ir a la Librairie Internationale (Boulevard Montmartre 15) y pedir sus catálogos (1865-68). Por supuesto, si consigues esas cosas deseadas, no las envíes, sino tráelas a tu regreso a este desolado lugar.

Espero de Meißner 3 ejemplares de mi libro. Cuando lleguen, enviaré dos a César De Paepe, uno para él mismo, el otro para Altmeyer. Si entretanto encuentras tiempo para ver a Schily (es decir, si le escribes —Rue St. Quentin 4— para que vaya a verte), pregúntale, por favor, qué ha sido de los tres ejemplares; 1 envié para Jaclard, 1 para Taine, 1 para Reclus. Si no se podía encontrar a Jaclard, podrías dar su ejemplar a Altmeyer, pues Meißner envía los ejemplares con mucha lentitud. Pero en ese caso habría que avisarme. Seguramente imaginarás, querida niña, que amo mucho los libros, pues te importuno con ellos en un momento tan inoportuno. Pero te equivocarías de medio a medio. Soy una máquina, condenada a devorarlos y a arrojarlos luego, en forma transformada, al estercolero de la historia. También es una tarea bastante tediosa, pero siempre mejor que la de Gladstone, que de un día para otro tiene que ir trabajándose unos “estados de ánimo” llamados “gravedad”.

Aquí nos sentimos bastante solos. Primero desapareciste tú junto con el “Tranquilo” del Sur, y luego nos dejó Engels. En lugar de una “agitación”, anoche tuvimos a los Lormier. Jugué con Louis dos partidas de ajedrez y dejé que ganara una. ¿Qué crees que me dijo al despedirse el extraño muchacho-Caliban, con la mayor seriedad del mundo? “¡Sans rancune, j’espere!”

Y ahora, mi querido Cacadou, adiós.

Old Nick

Querido Lafargue,

¿No encuentra usted que la estancia en París with a young lovable wife es mucho más agradable que con política? A la llegada de su padre a París, recomiéndeme a él de la mejor manera, y sobre todo no olviden usted y Laura hacerle la estancia lo más pleasant posible. Dado el estado de sus ojos, necesita distracción, y nada le distraerá más que el que la joven pareja le dedique por entero el breve tiempo que permanezca con el anciano caballero. Le escribo en alemán para que, según le plazca, pueda comunicar el contenido de estas líneas al secretario privado o reservárselo. Y ahora, con los más cordiales saludos,

suyo afectísimo,
K.M.