en París

Londres, 27 de agosto de 1867
l, Modena Villas, Maitland Park,
Haverstock Hill

Ciudadano:

Dos cosas me causan asombro en su periódico, al que respeto por su orientación, su valor, su buena voluntad y su talento.

1. Hacen ustedes de su hoja un eco de las mentiras rusas (y griegas, pues los griegos son los instrumentos de los rusos) sobre la llamada revolución en Creta. Me tomo la libertad de enviarles un extracto de la prensa inglesa acerca del verdadero estado de cosas en Candía.

2. Reproducen ustedes los bulos periodísticos (de origen ruso) según los cuales Norteamérica tomaría la iniciativa contra los turcos. Deberían ustedes saber que el presidente de los Estados Unidos no tiene el poder de declarar la guerra. Solo el Senado puede decidir. Si el presidente Johnson, sucio instrumento en manos de los antiguos esclavistas (aunque ustedes sean tan ingenuos de convertirlo en un segundo Washington), quiere ganar un poco de popularidad by swaggering abroad (pavoneándose en el extranjero), los yanquis no son niños ni franceses. ¡El mero hecho de que la iniciativa en todos estos sondeos proceda de él basta para aniquilar todo efecto serio!

Disculpen que me tome la libertad de dirigirles estas líneas. Ambos perseguimos el mismo objetivo: la emancipación del proletariado. Por consiguiente, tenemos también el derecho de ser francos el uno con el otro.

Les ruego que no publiquen estas líneas. Me dirijo a ustedes en privado y como amigo.

Saludo y fraternidad.

Karl Marx
Miembro del Consejo General de la
Asociación Internacional de los Trabajadores

Muy asombrado estoy por sus muestras de aprobación a la Liga de la Paz. Eso es (hablo del Congreso de la Paz) cobardía en acción. O protestar en Berlín y París, o bien —si se es demasiado cobarde para ello—, al menos no engañar al público con manifestaciones equívocas, estériles y declamatorias.