in London!?*!

Margate, 16 de marzo de 1866
5, Lansell’s Place

Mi querida hija:

Llegué aquí ayer por la tarde a las siete y media. Siguiendo tus instrucciones, dejé el equipaje en la consigna, y un ómnibus me llevó luego a una pequeña posada que se llama «King’s Arms». Pedí un rumpsteak y me condujeron al comedor, que estaba bastante escasamente iluminado. Me llevé un ligero susto (tú sabes lo tímido que soy) cuando divisé a un hombre largo, enjuto, tieso como un poste, un término medio entre un cura y un viajante de comercio, que estaba sentado solitario e inmóvil delante de la chimenea. A causa de sus ojos turbios y sin brillo, lo tomé por un ciego. Me confirmé en ello al ver que sobre las rodillas tenía extendida una cosa larga, estrecha, blanca, semejante a una banda, agujereada a intervalos regulares. Pensé que sería un papel recortado por el ciego, destinado a sonsacar limosnas a los huéspedes de la posada. Cuando llegó mi cena, el hombre se movió, se quitó tranquilamente las botas y se calentó sus pies de elefante junto a la chimenea. En parte debido a esta agradable visión y a la supuesta ceguera del hombre, en parte debido al rumpsteak, que en su estado natural tal vez hubiera formado parte de una vaca enferma, pasé esta primera velada en Margate de todo menos agradable. Pero, como compensación, la habitación era acogedora, la cama limpia y blanda, y dormí bien. Al sentarme a la mesa del desayuno, ¿quién entró? Nada menos que el hombre de la víspera. Resultó que era sordo, y no ciego. Lo que tanto me había inquietado —me refiero a aquella cosa sobre sus rodillas— era un pañuelo de tipo singular, de fondo gris con motas negras, que yo había tomado erróneamente por agujeros. Como el hombre me irritaba, pagué mi cuenta lo más rápido posible y, tras deambular un poco, encontré mi actual alojamiento junto al mar, una espaciosa sala de estar y un dormitorio, por 10 chelines a la semana. Una vez cerrado el trato, se acordó en una cláusula adicional que tú, cuando vinieras, no tendrías que pagar nada por tu dormitorio.

Lo primero que hice fue tomar un baño caliente de mar. Fue delicioso. El aire aquí es igualmente espléndido.

Las pensiones están ahora casi vacías y, por lo que he entendido al bibliotecario, apenas preparadas aún para recibir huéspedes. En cuanto a locales de comida, parece un poco difícil encontrar uno adecuado, pero también este obstáculo se superará.

Y ahora, mis mejores saludos a todos, ¡adiós!

Tuyo,
Moro

Hoy ya he paseado durante 5 horas.