en Manchester

[Londres] 15 de enero de 1866

Querido Fred,

Laura había olvidado por completo enviarte los «Tribunes» que desde hace una semana te tenía preparados. Hoy repara la omisión. Ídem un «Workman’s Advocate».

Adjunto a esta carta:

1. Escrito de Viena del librero. 220! (Tienes que devolvérmelo.)

2. Dr. Kugelmann.

3. Meyer, de Berlín. (He respondido a Besten recién hoy. La falta de tiempo es considerable.)

Entre tanto, hemos aplastado la intriga entera de Vesinier en Bélgica y de Le Lubez en Londres. El redactor de la «Rive Gauche» y amigo de Rogeard —Longuet—, así como el señor Crespelle —los dos miembros más inteligentes de la branche por él fundada— han pasado a ser miembros de nuestro Comité Central. Su branche se ha declarado contra él, a favor nuestro. El Comité Central ha convocado a Vesinier «a que pruebe sus acusaciones, o será expulsado». El tipo nos echa en cara, entre otras cosas, en el «Echo de Verviers»:

«Él (le comité) ha sido encargado de uno de los más grandes intereses de la humanidad y abandona con alegría de corazón la meta sublime para degenerar en comité de nacionalidades a remolque del bonapartismo.»

Y esta degeneración se operó en nosotros mediante nuestra declaración a favor de Polonia, contra Rusia.

«Cediendo a influencias funestas» (el asno se imagina que el pasaje polaco del programa partió de los delegados parisinos, mientras que éstos intentaron eliminarlo por todos los medios por considerarlo «inoportuno»), «ha inscrito en el programa del Congreso de Ginebra cuestiones ajenas al fin de la asociación y contrarias al derecho, a la justicia, a la libertad, a la fraternidad, a la solidaridad de los pueblos y de las razas, tales como: “Destruir la influencia rusa en Europa, etc.”, y eso justo en el momento en que los siervos rusos y polacos acaban de ser emancipados por Rusia, mientras que los nobles y los curas polacos siempre se han negado a conceder la libertad a los suyos. Se convendrá al menos en que el momento está mal elegido. Antes de aprobar esos artículos, los miembros ingleses del comité hubieran debido preguntarse si no sería igualmente urgente poner término a los progresos espantosos del pauperismo inglés, de la prostitución de las obreras y de la miseria de los obreros de la Gran Bretaña, al hambre y a la despoblación de Irlanda, etc. En cuanto al miembro alemán del comité, que nos diga también si la influencia de la política del señor de Bismarck no necesitaría ser igualmente destruida en Europa; Prusia y Austria, ¿no son copartícipes del reparto de Polonia y solidarios del crimen de Rusia contra esa nación desdichada? Y en cuanto a los pretendidos delegados de París, ¿están bien autorizados para estigmatizar la influencia rusa, cuando los soldados de Bonaparte ocupan Roma, a la que han bombardeado, y masacran a los defensores de la república mexicana después de haber destruido la república francesa? Compárense las faltas y los crímenes cometidos por los gobiernos, y se convencerá uno de que no hay que poner a ningún pueblo al margen de la humanidad por los crímenes de sus opresores, que el deber del comité central era proclamar la solidaridad, la fraternidad entre todos los pueblos, y no proscribir a uno solo de entre ellos ante Europa.»

Luego añadió la mentira:

«Este enorme error ya ha tenido consecuencias fatales: los polacos han pedido en masa formar parte del Comité, y en breve serán inmensa mayoría.» (Uno solo —pues Holtorp no cuenta y conspira incluso con Le Lubez—, el capitán Bobczysiski, está dentro.) «Ya no vacilan en decir que se servirán de la Asociación para ayudar al restablecimiento de su nacionalidad, sin ocuparse de la cuestión de la emancipación de los trabajadores.»

Los polacos —justo nos habían enviado una diputación— rieron a carcajadas cuando se leyeron esos pasajes. El 23 de enero celebramos su revolución.

Te divertirás con la plegaria final del sabiondo Denis a Proudhon. Ese «sensational writer», con su erudición a medias, con su ostentación lasalliana de una ciencia de la que nada sabía, con su aparente superioridad crítica sobre las sectas socialistas, ha causado mucho daño.

Le Lubez es un cero a la izquierda. Fox lo llama acertadamente «Le Père enfantin». Pero Vesinier es todo un tipo para los rusos. Como escritor no vale gran cosa, como lo demuestran su «Vie du Nouveau César» y sus demás panfletos contra Bonaparte. Pero con talento, gran poder retórico, mucha energía y, sobre todo, completamente falto de escrúpulos.

Salut.

Tuyo
K. M.