en Ginebra

- Londres [hacia el 13 de enero de 1866]
1, Modena Villas,
 Maitland Park, Haverstock Hill, N.W.

Querido, estimadísimo Becker:

Tú me guardarás rencor «con razón», pero al mismo tiempo «sin razón». (Sabes por Heinzen que soy un «sofista».) Aparte de que tengo que copiar unas 1200 páginas de manuscrito y mi editor ya me guarda rencor desde hace tiempo, y aparte de la espantosa pérdida de tiempo que en esta Babilonia me ocasionan el Comité Central, el Standing Committee y el Comité director del «Workman’s Advocate», he tenido las más enojosas y difíciles «coyunturas privadas», que me obligaron a dejar Londres una temporada y que aún no se han arreglado, etc., etc.

Por la nota adjunta, que hoy he recibido (o mejor dicho mi mujer), verás que un paquete que te envié hace unos 14 días ha sido confiscado por la loable policía francesa. Contenía principalmente «Manifiestos del Partido Comunista». También una nota en la que te respondía brevemente a tus preguntas, te comunicaba que Bender está dispuesto, que yo había hecho aparecer tu llamamiento en inglés en el «Workman’s Advocate», así como un informe sobre la actividad suiza, etc.

La razón por la que decidimos no publicar un informe oficial sobre la Conferencia era —aparte de la falta de dinero y de la circunstancia de que los estatutos nos obligan a presentar un informe general al Congreso, para evitar el double emploi— esencialmente que iniciar al público en el verdadero estado de cosas, sobre todo el carácter muy «fragmentario» de la Conferencia, nos perjudicaría más de lo que nos beneficiaría y proporcionaría un arma útil a nuestros adversarios. Sabíamos que dos miembros del Comité Central, Le Lubez y Vésinier, no esperaban sino agarrar esta oportunidad por los pelos. Los acontecimientos lo han confirmado. Primero, la denuncia de Vésinier contra el Comité Central y la Conferencia en «L’Écho de Verviers». Acto seguido, en el mismo periódico, la declaración de principios y el proyecto de estatutos de «Le Lubez», que, en nombre de la rama francesa de Londres creada por él como contrapeso contra nosotros, pretendía imponer a la Asociación. Entretanto, esta intriga ha sido desbaratada. La rama ha desertado de su fundador. Sus dos mejores hombres, Longuet (redactor de la «Rive Gauche») y Crespelle, han entrado en el Comité Central. Éste ha decidido que Vésinier debe probar sus calumnias o será expulsado.

Por ahora no puedo enviarte ningún artículo. No tengo una hora libre. En cambio, Engels lo hará tan pronto como haya visto el primer número y sepa dónde y cómo. También Liebknecht desde Leipzig. Lo mismo le escribiré al respecto al Dr. Kugelmann a Hannover. Lo mismo a Stumpf en Maguncia.

El periódico de Dupleix (núm. 1) es débil. Jung le ha escrito por ello.

Liebknecht vive (dirección: J. Miller, 2, Bee; Leipzig).

Aquí la marcha del movimiento ha sido buena por un lado y mala por otro. La Liga de Reforma fundada por nosotros ha celebrado un mitin de masas por el sufragio universal, mayor que cuantos he visto jamás en Londres. Sólo hablaron obreros. Hasta el propio «Times» se asustó y publicó dos artículos de fondo sobre el «feo» casus. Por otra parte, este movimiento absorbe demasiado a nuestras mejores fuerzas obreras.

El «Workman’s Advocate» es débil. Ahora, bajo la redacción de Eccarius, mejorará. Pero las dificultades para reunir los fondos son enormes.

De Berlín he recibido una carta, firmada por Vogt, Metzner y otros obreros, en la que juzgan con inteligencia y crítica el estado actual del movimiento obrero alemán. Sólo es acrítica su exigencia de que yo vaya a Berlín y tome el asunto en mis manos. Ellos deben saber que el gobierno prusiano ha «prohibido» mi domiciliación en Prusia.

Antes de tener noticias tuyas sobre cómo puedo hacerte llegar los «Manifiestos», enviaré un ejemplar, a modo de prueba, por Maguncia. Tal vez puedas aprovechar algo de él para tu periódico.

Las secciones alemanas harán mejor en hacerse admitir por de pronto en Ginebra y entablar contigo una comunicación continua. En cuanto se produzca algo semejante, comunícamelo, para que al fin pueda yo anunciar aquí algún progreso en Alemania.

Envío esta carta bajo la dirección de Dupleix, a causa de la «confiscación francesa». Me parece que el Imperio se tambalea. Ante todo, el asunto de México y los Estados Unidos. Luego, el motín de tres regimientos franceses. Luego, la revuelta estudiantil. El desconcierto de Bonaparte, tal como se manifiesta en su disputa con Inglaterra por la renovación del «tratado de extradición» y en la prohibición del servil «Indépendance Belge». Por último, la crisis comercial, que se verá sumamente acelerada a consecuencia de la actual sobreimportación inglesa, y europea en general, a los Estados Unidos.

Recibe los mejores saludos de mi mujer e hijas.

Tuyo
K. Marx