en Manchester

| [Londres, 9 de agosto de 1865]

Dear Fred,

Adjunto una carta del señor Siebold."#?! No necesitas devolvérmela. En segundo lugar, te envío la porquería de Hatzfeldt. No la devuelvas, pero guárdala. Tampoco se la enseñes a nadie. La porquería, por fortuna, ha pasado sin dejar rastro en la prensa alemana. Lo único que apareció al respecto en periódicos públicos fue una declaración de Metzner (exapoderado de la comunidad de Berlín) y Vogt (¿cajero? de la misma), refrendada por W. Liebknecht — en la cual declaraban:

1. que Schilling había falsificado el informe, suprimido algunos acuerdos, convertido otros en lo contrario directo de lo que eran;

2. que esa vieja de Hatzfeldt debería haberse ahorrado sus glosas marginales, ya que la asociación le había prohibido toda injerencia.

Esto apareció en el „Berliner Reform“ y en la „Volks-Zeitung“.

Llevo unos días medicándome y estoy completamente para el arrastre, del todo incapaz de trabajar. Allen dice, sin embargo, que en pocos días volveré a estar en pie. Es cosa de la bilis y consecuencia del „agrio“ trabajo del pensar en este tiempo caluroso. Oficialmente estoy ahora de viaje, por mor de la „Internacional“.

Edgar vegeta. En la vida solitaria se ha acostumbrado a la variedad más exigua de egoísmo, cavilando desde la mañana hasta la noche en lo necesario para el estómago. Pero como por naturaleza es bondadoso, su egoísmo es el de un gato de índole bondadosa o el de un perro benevolente. Llévese el diablo la vida solitaria. Hasta de las mujeres se ha deshabituado, y también el instinto sexual se le ha ido al vientre. A pesar de ello, el miedo constante por la querida salud, el mismo muchacho que, por otra parte, estaba acostumbrado a sentirse „seguro“ entre serpientes, tigres, lobos y leopardos.

Ahora desea volverse de nuevo a Texas. Pero será inevitable la confrontación con el cher frère.

Podrás ver sus ideas selvático-primitivas por el hecho de que poner una tienda —una tienda de cigarros o de vinos— es ahora su ideal, con la astucia manifiesta de poder, de esta manera, poner mano con mayor seguridad a los cigarros y al vino.

Le encanta „parecerse“ a sí mismo un old gentleman que ha saldado sus cuentas con la vida, que ya no tiene nada que hacer y sólo ha de vivir „para su salud“.

Por lo demás, se ocupa también del atavío personal, y los „old gentlemen“ en Rotten Row le causan mucha pesadumbre, porque no puede imitarlos. ¡Tipo curioso! Laura, que justo ahora tiene un pequeño carbúnculo en la mejilla izquierda, dice que „¡el hermano de su madre es un muchacho extraordinariamente espléndido!“. Tussy, „que le gusta, porque es tan gracioso“, y Jennychen, que Lina Schöler y él pueden felicitarse mutuamente de „haberse librado santamente el uno del otro“. Vaya, ¡menuda pandilla! También las muchachas me han sometido a un severo interrogatorio cruzado acerca de la „señora Burns“.

Salut.

Tuyo
K. M.