MARX A ENGELS
EN MANCHESTER

[Londres] 24 de junio de 1865

Dear Fred,

Tienes que disculpar mi prolongado silencio. Durante todo este tiempo he sufrido sin cesar vómitos de bilis (probablemente a causa del calor), he tenido además toda suerte de troubles y he aprovechado los momentos en que era capaz de escribir para redactar mi «trabajo libresco» oficial. Ya sabes cómo en semejante estado se propone uno siempre despachar cartas, pero nunca llega a hacerlo.

Poco nuevo que contar. El buen Nordstern no ha aparecido desde mi último envío para ti, probablemente por falta de dinero. Hoy lo he recibido de nuevo, y no menciona para nada el interin. El periodicucho, como verás, no es más que un estercolero de patanería. Los tipos esos declaran ahora —¡en sus cartas de renuncia a B. Becker!!!— que es un «traidor» todo aquel que ose tocar siquiera una jota de la verdad revelada por Lassalle. Entretanto, el señor B. Becker ha cedido provisionalmente su presidencia al patán Fritzsche (de Leipzig) y ha plantado su residencia en Berlín para poder hacer negocios directamente con el señor Bismarck.

¡Bonita porquería en que se ha disuelto todo el movimiento del barón de Itzig! ¡El tipo tenía evidentemente el instinto justo de cómo hay que arreglárselas para convertirse en el salvador de los patanes alemanes! Entre tanto, la «infiel» vive muy contenta como boyarda con su valaco en Bucarest.

De Liebknecht no he recibido carta desde hace algún tiempo. Pero ello se debe probablemente a que no he contestado durante mucho tiempo, durante mi suspensión de escribir cartas, a las casi diarias misivas que me llegaban, en las que no había nada y en las que cada una anulaba a la anterior disolviéndola en su nada.

Aquí, con respecto a la International Association, sólo lo siguiente:

Los señores italianos han regresado y nos comunicaron el martes pasado que han vuelto a nombrar delegado al mayor Wolff. El señor Mazzini parece haberse convencido de que tal vez va a necesitarnos, mientras nosotros no nos preocupamos ni un ardite por él.

Un yanqui llamado Leon Lewis (actualmente en París) ha pasado a ser secretario americano. En mi opinión, no vale nada, aunque tiene mucho dinero y aún más ambición. El tipo se figuraba que fundando un periódico, The Commoner, podría revolucionar Inglaterra en 24 horas o, cuando menos, en seis meses. Nos ofreció como órgano el periódico que iba a aparecer, pero encontró que las condiciones que se le pusieron eran muy propias de los negocios y nada entusiastas, y por eso se ha marchado «de momento» con su esposa, que también es una gran política, a Francia, según sospecho para ver si allí puede aplicar su «lever» con más éxito.

Sobre el siguiente punto quisiera conocer tu consejo:

He leído en el Consejo Central un paper (que acaso haría dos pliegos impresos) sobre la cuestión presentada por Mr. Weston de cómo actuaría un aumento general de salarios, etc. La primera parte, respuesta a la tontería de Weston; la segunda, una exposición teórica, en la medida en que la ocasión era propicia para ello.

Ahora quiere la gente que se mande a imprimir. Por un lado, tal vez me fuera útil, pues están en relación con J. St. Mill, el profesor Beesly, Harrison, etc. Por otro, tengo reparos:

1. porque «Mr. Weston» como adversario no es precisamente muy halagüeño;

2. el asunto contiene en la segunda parte, en forma extraordinariamente condensada, but relatively popular form, muchas novedades que están tomadas por adelantado de mi libro, mientras que al mismo tiempo ha de pasar necesariamente por alto toda una serie de cosas. Pregunta: ¿es aconsejable anticipar algo así de esa manera? Pienso que tú puedes juzgarlo mejor que yo, pues ves la cosa más desde una tranquila lejanía.

También me ha costado gran esfuerzo, frente a las presiones de Schily, de J. Ph. Becker y, en parte, del Comité de París, to put off el congreso anunciado para este año. No obstante, he logrado —y esto es lo decisivo— ganar para ello al Consejo de aquí, en el sentido de que, en consideración a la agitación electoral, etc., este año sólo se celebre en Londres una conferencia preliminar (privada), a la que los comités centrales extranjeros envíen un delegado cada uno (no las sociedades afiliadas, sino sus comités administrativos). Estoy seguro de que el de Bruselas habría sido un fracaso. La cosa no estaba aún madura para ello.

Nuestro Eccarius se ha convertido en un gran agitador electoral londinense y, de no estar justamente ahora en la verdadera temporada de sastrería, habría aceptado la propuesta de ir a hacer agitación al campo (con dos libras semanales). Tiene una manera de hablar peculiarmente seca y humorística que gusta mucho a los ingleses.

¡Edgar se ha recobrado mucho ya! Un tipo curioso, en quien de hecho todo gira en torno a la ración y al vestir elegante; egoísta como un perro o un gato, but a kindnatured one. Su cerebro también ha empezado a mostrar cierta actividad de nuevo.

La política de Johnson me desagrada. ¡Ridícula afectación de dureza contra personas aisladas; hasta ahora muy vacillating y débil en la cosa. La reacción ya ha comenzado en América y pronto será muy fuerte si la actual flojera no cesa pronto.

¿Qué dices de los debates de la cámara prusiana? En todo caso, las revelaciones sobre el sistema judicial, etc., que se han sucedido sin tregua, han sido muy buenas. Y asimismo el evidente golpe que ha recibido el pangermanismo del Nationalverein y de la gran Prusia, lo que se ha mostrado particularmente en los debates sobre Polonia.

A propósito de Polonia, he leído con mucho interés el escrito de Elias Regnault (el mismo que compuso la *Histoire des principautés danubiennes*) titulado *La Question Européenne, faussement nommée La Question Polonaise*. Veo en él que el dogma de Lapinski de que los grandes rusos no son eslavos ha sido defendido en serio por M. Duchiński (de Kiev, profesor en París) desde el punto de vista lingüístico, histórico, etnográfico, etc.; afirma que los auténticos moscovitas, es decir, los habitantes del antiguo Gran Ducado de Moscú, son en gran parte mongoles o fineses, etc., al igual que las partes más orientales de Rusia y sus partes sudorientales. De ello infiero en todo caso que el asunto ha inquietado mucho al gabinete de Petersburgo (ya que pondría fin al paneslavismo con espanto). Todos los sabios rusos fueron llamados a responder y refutar, y éstas han resultado en efecto infinitamente débiles. La pureza del dialecto grande ruso y su vinculación al eslavo eclesiástico parece atestiguar más en pro de la concepción polaca que de la moscovita. Durante la última insurrección polaca, Duchiński recibió un premio del gobierno nacional por sus «descubrimientos». Asimismo, se ha demostrado geológica e hidrográficamente que al este del Dniéper se presenta una gran diferencia «asiática» en comparación con lo que queda al oeste del mismo, y que (cosa que ya afirmaba Murchison) los Urales no forman en absoluto una divisoria. Resultado, tal como lo saca Duchiński: Rusia es un nombre usurpado por los moscovitas. No son eslavos; no pertenecen en absoluto a la raza indogermánica, son intrusos a los que hay que volver a echar más allá del Dniéper, etc. El paneslavismo moscovita es, en sentido ruso, una invención de gabinete, etc.

Deseo que Duchiński tenga razón y que, en general, esta concepción llegue a ser la dominante entre los eslavos. Por otra parte, declara no eslavos a muchos pueblos de Turquía considerados hasta ahora como eslavos, como a los búlgaros por ejemplo.

Salut.

Tuyo,
K. M.

El filisteo Freiligrath se dejó ver con su esposa e hija hace dos semanas en nuestra casa. Ahora tiene al tal Reinach como superior inmediato encima, quien le fastidia como es debido «para examinarlo».