en Londres

11 de enero de 1865
58, Dover Street, Mánchester

Mi dulce hija,

Tenía la intención de salir mañana de Mánchester, pero difícilmente podré hacerlo antes del próximo domingo (15 de enero). Ernest Jones, con quien deseo vivamente hablar, está muy ocupado en las ciudades vecinas y me ha invitado (a Engels y a mí) para el viernes por la noche, pues entonces estará en casa. Aún no lo he visto y no puedo verlo antes. Ésa es una de las causas de la demora. Hay otras, pero en cualquier caso no me quedaré más allá del domingo.

La traducción alemana de la «Alocución a las clases trabajadoras» se ha publicado en el «Mainzer Zeitung»; la de la «Alocución a Lincoln» (Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de América), en la «Berliner Reform» y en el «Hermann» de Londres. Este último honor se lo debemos probablemente a la preocupación del Sr. Juch de que su rival Bender pudiera obtener un monopolio de «nuestra protección».

Aquí el tiempo ha sido horrible. Hoy «brilla el sol», como dice Müller, pero sus rayos son reflejados por los carámbanos de hielo que cubren las sucias calles. Hasta los rayos del sol tienen que encontrar siempre aquí algo desagradable sobre lo cual caer.

De los Borchardt no he visto aún a ninguno, y en cuanto a los Gumpert, anoche sólo conversé unos minutos con el doctor.

A mi llegada no encontré a Friedrich (Engels), sino una carta en la que me comunicaba que a las 6 estaría de vuelta de la caza del zorro. Entretanto, había hecho todos los preparativos para prepararme una «entrée joyeuse» (un alegre «recibimiento»). (Con tus grandes conocimientos históricos, no te harás una idea equivocada de la «entrée joyeuse».)

Sobre si su cambio de vivienda es una mejora, se puede discutir. En todo caso, la gente es menos insolente.

A propósito. Justo ahora hay una hermosa «Chronique scandaleuse» en el mundo de Freiligrath, en lo que concierne al General Bank of Switzerland. En Ginebra ha aparecido un panfleto que revela la escandalosa mala gestión de Fazy, el «superior natural» de Freiligrath. Fazy se ha visto obligado a dimitir de su puesto de director supremo del banco y, «para salvar lo que hay que salvar» (esto literalmente), se ha puesto en su lugar al judío Reinach, a quien asisten un francés y — Karl Vogt. Este último posee la infame bajeza de traicionar, denunciar y declararse públicamente contra Fazy, su viejo ídolo, el hombre frente al cual él no es, de hecho, más que una mera «criatura».

Supongo que sabes que el primer «número de suscripción» del «Social-Demokrat» ha sido confiscado por la policía en Berlín. Es una casualidad bastante favorable. Estos muchachos necesitaban un pequeño martirologio político.

Espero que en casa todo esté en orden. Cuando el gato no está, los ratones bailan. Saluda de mi parte a la Ma, a «Success», a «Mine Own» y al «Profeta». Contigo, mi querido Aarón, he soñado esta noche; te veía dar los saltos más maravillosos con tu traje bloomer, casi volabas por el aire, después de haber ejecutado antes de manera admirable el truco Davenport. Yo estaba todo orgulloso, me reía para mis adentros del éxito de mi vieja conocida y recordaba muy vivamente aquella danza bastante poco plástica que ejecutaste en tiempos muy remotos ante el becerro de oro en el desierto.

Muéstrale a Ma el adjunto. Ella se acordará de [Bockum-Dolff], de París. Ahora es feliz padre de 10 hijos, con los cuales «vagabundea» por el mundo.