en Manchester

Londres, 10 de septiembre [1862]

Querido Engels:

Mi familia ha regresado de Ramsgate; Jennychen se ha recuperado mucho.

La carta de Lassalle, en la que incluía una carta para los hermanos Meyer de Berlín, en cuyo poder se encuentra la letra de cambio en Berlín, y en la que comunica su aceptación, no llegó hasta ayer. Entretanto, Borkheim ya había partido de viaje de vacaciones. Ha pagado hasta ahora 40 libras en parcialidades, las últimas 15 de esas 40 hace 13 días, cuando yo partí. Pues quería apretarle las tuercas a mi tío. Pero él también estaba de viaje por el Continente. De allí fui (pasando por Colonia, etc.) a Tréveris a ver a la vieja, aunque sin éxito, cosa que ya sospechaba desde que el señor tío no se dejaba atrapar. El 17 de este mes tengo que pagar una letra de 6 libras (six pounds) a mi carnicero, y B[orkheim] todavía no habrá regresado para entonces, pues quiere corretear por Suiza, etc., unas 4 semanas.

Por lo que respecta a los yanquis, sigo tan seguro como antes de que el Norte vencerá al final; el guerra civil puede, ciertamente, pasar por todo tipo de episodios, quizás también armisticios, y prolongarse. El Sur sólo haría o podría hacer la paz con la condición de que conserve los estados esclavistas fronterizos. En ese caso, le correspondería también California, el Noroeste se sumaría, y toda la Federación, con exclusión acaso de los estados de Nueva Inglaterra, formaría de nuevo un solo país, esta vez bajo la reconocida supremacía de los esclavistas. Sería la reconstrucción de los Estados Unidos sobre la base exigida por el Sur. Pero esto es imposible y no ocurrirá.

El Norte, por su parte, solo puede hacer la paz si la Confederación queda limitada a los antiguos estados esclavistas y estos quedan encerrados entre el río Misisipí y el Atlántico. En ese caso, la Confederación alcanzaría pronto su bienaventurado fin. Los armisticios, etc., que mediasen, sobre la base de un statu quo, a lo sumo podrían traer pausas en las hostilidades.

La manera en que el Norte lleva la guerra no era de esperarse de otra forma en una república burguesa, donde el fraude ha reinado soberanamente durante tanto tiempo. El Sur, una oligarquía, se aviene mejor a ella, sobre todo una oligarquía en la que todo el trabajo productivo recae sobre los negros y los cuatro millones de «white trash» (escoria blanca) son filibusteros de profesión. A pesar de todo, apostaría mi cabeza a que estos mozos saldrán perdiendo, a pesar de «Stonewall Jackson». Posible es, sin embargo, que antes se llegue a una especie de revolución en el propio Norte.

Willich es general de brigada y, según ha contado Kapp en Colonia, también Steffen va a entrar ahora en la guerra.

Me parece que te dejas determinar un poco demasiado por el aspecto militar de las cosas.

En cuanto a la materia económica, no quiero lastrarte con ella en tu viaje.

Salut.

Tuyo,
K. M.

Mas bien podrías escribirme dónde y cuándo pasarás por Londres al cruzar. Si me es en absoluto factible, iré a verte allí.

Es posible (aunque todavía median toda suerte de cosas) que a comienzos del año próximo entre en una oficina ferroviaria inglesa.

¿Qué hay de Garibaldi?