en Londres

Manchester, 30 de julio de 1862

Querido Mohr,

Lamenté mucho no haber podido ir el viernes; entre otras razones, se sumó el que había reñido en cierta medida con Ermen y, por tanto, no podía ni pedirle un favor ni ausentarme sin decir palabra. De no ser por eso, habría ido en cualquier caso, aun a riesgo de perderme algo esencial el sábado.

La cosa en América va mal, y ¡a fin de cuentas! el principal culpable es el señor Stanton, al suspender los reclutamientos, tras la conquista de Tennessee, por pura fanfarronería, condenando así al ejército a un debilitamiento constante, justo cuando más refuerzos necesitaba para una ofensiva rápida y decisiva. Con un flujo continuo de reclutas, la guerra hasta ahora, si no decidida, sí tenía el éxito fuera de dudas. Con victorias continuas, los reclutas también llegaban en abundancia. – Tanto más estúpida fue esa medida cuanto que el Sur, justo entonces, alistó a todos los hombres de 18 a 35 años, es decir, se lo jugó todo a una carta. Son estas gentes, entre tanto adiestradas, las que ahora dan en todas partes la superioridad a los confederados y les aseguran la iniciativa. Contuvieron a Halleck, expulsaron a Curtis de Arkansas, batieron a McClellan y, bajo Jackson, en el valle del Shenandoah, dieron la señal para las partidas de guerrillas que ahora penetran ya hasta el Ohio. ¡No se puede uno comportar de manera más estúpida que Stanton!

Además. Cuando Stanton vio que no podía desplazar a McClellan del mando del ejército del Potomac, cometió la estupidez de debilitarlo otorgando mandos especiales a Frémont, Banks y McDowell, y de dividir las fuerzas en interés de la destitución de McClellan. La consecuencia es que no solo McClellan ha sido batido, sino que en la opinión pública se dice ahora que el culpable de la derrota no es McClellan, sino Stanton. Le está bien empleado al señor Stanton.

Todo esto no significaría nada, incluso podría ser útil, si por fin la guerra se condujese de manera revolucionaria. Pero de eso nada. Las derrotas no espolean a estos yanquis, los debilitan. Si ya se ha llegado al punto de que, solo para conseguir reclutas, se han declarado dispuestos a tomarlos solo por 9 meses, eso no significa otra cosa que: estamos en la mierda y solo queremos ya un ejército simulado como medio de demostración durante las negociaciones de paz. Estos 300,000 voluntarios, ese era el criterio, y al negarse el Norte a proporcionarlos, declara que, en el fondo, todo el asunto le importa un bledo. A ello se añade la cobardía en el gobierno y el Congreso. Se teme el reclutamiento forzoso, las medidas financieras resueltas, el ataque a la esclavitud, todo lo que es urgentemente necesario; se deja que todo vaya a la deriva, como quiera, y cuando alguna medida simulada pasa por fin por el Congreso, el honorable Lincoln la llena aún de tantas cláusulas que no queda nada en absoluto. Esta laxitud, este desplomarse como una vejiga de cerdo pinchada ante la presión de derrotas que han aniquilado a un ejército, el más fuerte y mejor, y han dejado Washington prácticamente al descubierto, esta total ausencia de toda elasticidad en toda la masa del pueblo, eso me prueba que todo se ha acabado. Las pequeñas asambleas de masas, etc., no significan nada, ni siquiera alcanzan la agitación de unas elecciones presidenciales.

A esto se suma la total falta de talentos. Un general más estúpido que el otro. Ni uno solo que fuese capaz de la menor iniciativa o de una decisión independiente. La iniciativa, desde hace 3 meses, otra vez completamente en manos del adversario. Luego, una medida financiera más disparatada que la otra. Desamparo y cobardía por todas partes, salvo en el soldado raso. Lo mismo los políticos, igualmente absurdos y desorientados. Y el pueblo está más desamparado que si hubiera languidecido 3,000 años bajo el cetro austriaco.

Para el Sur, en cambio –de nada sirve cerrar los ojos ante el hecho–, la cosa va completamente en serio. El que no recibamos algodón ya es una prueba. Las guerrillas en los estados fronterizos son otra. Pero que, tras semejante aislamiento del mundo, un pueblo agrícola pueda sostener una guerra así y, después de graves derrotas y pérdidas de recursos, hombres y territorio, se alce ahora otra vez como vencedor y pueda amenazar con una ofensiva hasta dentro del Norte, eso, en mi opinión, lo decide. Además, luchan de modo francamente magnífico, y lo que, fuera de las montañas, aún quedaba de sentimiento unionista, se perderá ahora seguramente con la segunda ocupación de Kentucky y Tennessee.

Si toman Missouri, tomarán también los territorios, y entonces el Norte puede hacer las maletas.

Como se ha dicho, si el Norte no actúa inmediatamente de manera revolucionaria, recibirá una paliza espantosa y la tendrá merecida... y así parece.

¿Cómo está Jennychen?

Saluda a tu mujer y a los niños.

Cordialmente tuyo,
F. E.