en Manchester

[Londres], 25 de febrero de 1862

Querido Engels,

Mi largo silencio no procede «de mi interior», sino de la porquería de circunstancias con las que no quería aburrirte ni atormentarte.

Sabes que el día de Año Nuevo sólo pude saldar una parte de la deuda que ya entonces parecía impostergable (como, por ejemplo, a mi casero, a quien a fines del mes próximo le deberé un año entero). La suma principal se fue en deudas para las que se habían librado letras de cambio.

La «Presse» de Viena, como era de prever bajo las actuales condiciones miserables alemanas, no es la vaca que debería ser. Según dicen, recibo 1 libra por artículo. Pero como esos tipejos de cada 4 artículos tal vez sólo imprimen 1, y a menudo ninguno, sale condenadamente poco, aparte de pérdida de tiempo y el fastidio de tener que escribir a la especulación, a ver si el susodicho artículo recibe o no el imprimátur de una redacción clemente.

En el proceso con Koller tuve que ceder, principalmente porque, en cuanto el abogado necesitó un anticipo de 30 libras, al pasar el asunto a un tribunal superior, no pude naturalmente hacerle frente. Tuve que pagar 5 libras al abogado por él y por el consejero legal que él había contratado. Llegué a un acuerdo con Koller por el que debía pagarle 18 libras, a 2 libras mensuales; las primeras 2 libras se las pagué a finales de enero, las siguientes 2 libras tengo que pagarlas a fines de febrero, pero aún no sé de dónde.

Durante los dos últimos meses, la «Presse» ha impreso tan poco de mí, que mi crédito frente a ella apenas es digno de mención.

Lo que hace la situación aún más agradable es que Jennychen lleva casi dos meses bajo tratamiento médico. La niña ha adelgazado visiblemente. Jenny ha llegado ya al punto de sentir toda la presión y la porquería de nuestras circunstancias, y eso, creo, es una razón principal de su padecimiento físico. (A propósito. Allen le recetó ayer vino, así que me alegraría que le enviases algunas botellas.) Por ejemplo, ha ido a espaldas nuestras a casa de Mrs. Young para ver si podía contratarse para el teatro.

En resumidas cuentas, la verdad es que no vale la pena llevar una vida tan miserable.

En lo que respecta a los periódicos de Urquhart, hasta ahora no he podido reunirlos. Escríbeme a partir de qué número, y Collet hará lo necesario. Adjunto una denuncia de ese tipejo contra Bakunin, a quien no he visto. Vive en casa de Herzen.

¿No has averiguado si el opúsculo de Lassalle fue efectivamente enviado a August Philips?

Salut.

Tuyo
K. M.