Marx a Engels
en Manchester
[Londres], 7 de mayo de 1861

Querido Frederick,

*Habes confitentem reum*! Pero, ¿las *circonstances atténuantes*¹ de mi falta de cartas? Las siguientes: *D’abord*², sabes que pasé la mayor parte de mi tiempo en Berlín en casa de Lassalle, y allí me fue imposible escribirte sin comunicarle la carta a Lassalle, *and that did not serve my purpose*³. Después estuve constantemente *en route*⁴, de Berlín a Elberfeld, Colonia, Tréveris, Aquisgrán, Bommel, Rotterdam y Ámsterdam. Por último, mi plan original, como le había escrito a mi mujer, era viajar de Rotterdam a Hull y de Hull a Manchester para informarte extensamente de palabra. Esto fue frustrado por mi primo Jacques Philips. Cuando estaba a punto de partir de Rotterdam, me declaró que llegaría a Londres un día después, *and he was as good as his word*⁵. Así que tuve que ir naturalmente directo a Londres para hacerle allí los honores. No se marchó de aquí hasta anteayer.

Ahora espero en todo caso que vengas por aquí un par de días en Pentecostés. En Elberfeld oí que querías visitar a tu familia en Pentecostés. Incluso en ese caso puedes arreglarlo de modo que pases al menos un par de días con nosotros. Tengo mucho que contarte, lo que de palabra se hace mejor que por escrito. Además, mis damas te lo afean si dejas Londres siempre de lado.

Vayamos pues primero a los negocios:¹ A mi tío² le he sacado a presión 160 libras, de modo que hemos podido pagar la mayor parte de nuestras deudas. Mi madre, en quien no hay que pensar en dinero contante, pero que se encamina rápidamente a su disolución, ha destruido algunos pagarés anteriores que yo le había extendido. Fue este un resultado bastante 

¹ Negocios — ² Lion Philips

agradable de los dos días que pasé con ella. Yo mismo no le hablé en absoluto de *money matters*⁶, sino que ella tomó en este punto la iniciativa. Además, en Berlín me he abierto los caminos para, en caso de necesidad, poder entablar relación con la *Presse* de Viena[¹], lo que con las actuales circunstancias americanas probablemente será indispensable. Por último, he preparado vía Lassalle que la segunda parte de mi economía política¹ salga en Brockhaus en vez de en Duncker. De Duncker me comentó Camilla Essig (alias Ludmilla Assing) con razón que, cuando se quiere mantener un libro en secreto, hay que dárselo a Duncker como editor. Sin embargo, ya figuro en el último escrito de Rau-Rau[¹¹] — el Say alemán.

A propósito. Respecto a tu «Po und Rhein», etc., me contó la Hatzfeldt, que habla con toda la generalidad prusiana en casa de su cuñado, el general von Nostitz, cuyo sobrino es además edecán del «bello Wilhelm»¹, que en los altos y altísimos círculos militares (entre otros, también en el del príncipe Carlos Federico) tu escrito era considerado como producto de un general secreto prusiano. Lo mismo, según me informó el asesor Friedländer (hermano del redactor de la *Presse* de Viena), ocurría en Viena. Yo mismo he hablado sobre ello con el general Pfuel, que tiene ahora 82 años, pero aún está mentalmente despierto y se ha vuelto muy radical. Pfuel naturalmente no sabía que nosotros le habíamos puesto el título honorífico de «von Höllenstein»¹. Por lo demás, está en desgracia y la corte lo cuenta entre los jacobinos, ateos, etc.

Ahora a los asuntos políticos.

En Berlín no hay naturalmente *haute politique*⁷. Todo gira en torno a la lucha con la policía (no como si esta se tomara ahora la menor libertad; es modelo de cortesía y tolerancia), por cuanto se quiere ver a Zedlitz, Patzke, etc., destituidos de sus cargos y castigados; en segundo lugar, en torno a la oposición entre el estamento militar y el civil. Estos son los puntos (en los círculos burgueses, además, en especial los proyectos de ley militares y la exención fiscal de los terratenientes) por los que la cosa va a estallar.[¹] (Un oficial de artillería, el conde Tavernier, me dijo que lo que más les gustaría sería apuntar sus baterías contra el Garde du Corps.) Reina un general hálito de disolución, y gentes de todo rango consideran inevitable una catástrofe. En la capital se parece estar en este aspecto más adelantado que en las provincias. De modo extraño, también en los círculos militares reina el convencimiento general de que en el primer choque con los *crapauds*⁸ se llevarán los prusianos una paliza. El tono que reina en Berlín

es insolente y frívolo. Las Cámaras son despreciadas. Yo mismo he oído en un teatro cantar una copla contra Vincke en medio de grandes aplausos. En gran parte del público hay un gran descontento con la prensa existente. En las próximas nuevas elecciones (otoño) para la Segunda Cámara, saldrá elegido sin falta el grueso de los sujetos que estaban en la Asamblea Nacional prusiana.[¹] Esto es importante, no por esos sujetos, sino porque «Wilhelm el Bello» los considera republicanos rojos. En general, al «bello Wilhelm», desde que se ha convertido en rey, lo persigue el *spectre rouge*⁹. Considera su popularidad «liberal» como una trampa que le ha tendido el partido subversivo.

En estas circunstancias, sería en verdad muy oportuno que el año próximo pudiéramos editar un periódico en Berlín, por más antipático que me sea a mí personalmente el lugar. 20.000-30.000 táleros podrían reunirse en unión con Lassalle, etc. *But hic iacet*¹⁰. Lassalle me hizo directamente la proposición.¹² Al mismo tiempo, me confió que él debía ser, junto a mí, redactor en chef. ¿Y Engels?, le pregunté. «Bueno, si 3 no son demasiados, también Engels puede ser redactor en chef. Sólo que vosotros dos no debéis tener más votos que yo, pues de lo contrario quedaría siempre en minoría.» Como razones por las que debía ponerse junto a nosotros a la cabeza, adujo: 1. que él está más cerca del partido burgués en la opinión general y por ello puede allegar más fácilmente dinero; 2. que él tendría que sacrificar sus «estudios teóricos» y su tranquilidad teórica, y de ello algo tenía que tener, etc. No obstante, añadió, si vosotros no queréis, «yo de todos modos estaría dispuesto a ayudar al periódico pecuniaria y literariamente; esto sería una ventaja para mí; tendría el provecho del periódico sin la responsabilidad», etc. Estas, naturalmente, son frases sentimentales. Lassalle, cegado por la reputación que tiene en ciertos círculos eruditos por su «Heráclito» y en otro círculo de parásitos por el buen vino y la cocina, no sabe naturalmente que está desprestigiado entre el gran público. Además, su dogmatismo; su obsesión con el «concepto especulativo» (el sujeto sueña incluso con una nueva filosofía hegeliana a la segunda potencia, que quiere escribir), su infección de viejo liberalismo francés, su pluma ampulosa, su impertinencia, su falta de tacto, etc. Lassalle podría, como uno de los redactores, bajo una estricta disciplina, prestar servicios. De lo contrario, solo causaría bochornos. Pero ya ves, yo me hallaba en un gran apuro, ante la gran amistad que me 

¹⁰ al fantasma rojo — ¹⁰ Pero aquí está el escollo.

demostraba, de hablarle claro. Me mantuve por tanto en la indeterminación general, diciendo que no podía decidir nada sin consulta previa contigo y con Lupus. (Fue esta la razón principal de que no te escribiera desde Berlín, pues no quería tener allí ninguna respuesta tuya sobre este punto.) Si nos decidiéramos negativamente, la condesa y Lassalle emprenderían un viaje de un año a Oriente o a Italia. *But here’s the rub*¹¹. Él espera ahora respuesta de mí, que ya no puedo posponer por más tiempo. ¿*Qu’en dis-tu*?¹²

El tipo es terriblemente patético, y así no me quedó más remedio que oponerle una constante ironía, lo que hería su amor propio tanto más cuanto que por ello la condesa, a la que él se ha impuesto como genio universal, experimentó inquietantes ansias de emancipación de este Buda. Cosa extraña, la Hatzfeldt ha recibido e imitado de él, en ciertos momentos, un tono judaizante.

Los reparos de Lupus respecto a la policía prusiana son *quite out of the place*¹³. La única dificultad que aún subsiste puede afectar a lo sumo a quienes prestaron anteriormente juramento a la bandera. El asesor Friedländer me dice que Lupus *still the most popular man*¹⁴ en Breslau y en otro distrito silesio, cuyo nombre he olvidado. Elsner se ha vuelto un canalla en la *Schlesische Zeitung*, como Stein en la *Breslauer*. Sin embargo, se ha formado ahora de nuevo en Breslau un partido democrático más avanzado. El recorte adjunto de la *Preußische Gerichts-Zeitung* ha sido insertado a instancias mías por su redactor, el juez municipal Hiersemenzel. El actuario Stein, que ha regresado de Zúrich a Berlín, envía a Lupum los mejores saludos.

Sobre mis negociaciones con el gobierno prusiano, respectivamente la policía, en la próxima carta.

A propósito. Tengo para ti, como regalo de Lassalle, un hermoso atlas militar, que tienes que venir a recoger tú mismo.

Salud para ti, Lupus, Gumpert.

Tuyo
K. M.