en Londres

Manchester, 6 de febrero de 1861

Querido Mohr:

Puedes escribirle a Freiligrath que no necesitamos a su sastre. Gumpert ha cobrado tanto dinero de sus facturas que puede prestarme la mayor parte de lo necesario, con devolución mensual, ¡5 libras cada vez!; así que el asunto está arreglado. Freiligrath puede disponer de las 30 libras cualquier día, y entonces sólo tiene que adelantar los gastos, que yo le enviaré igualmente dentro de las 24 horas siguientes a la remesa de la suma. Por mí, puede escribirme directamente sobre ello; tú no tienes que preocuparte más de todo el asunto. Ya me las arreglaré para que al menos una parte de la suma se cargue al próximo ejercicio contable.

Adjuntas te devuelvo las cartas. Sólo después de mi anterior descubrí que Dana calcula que tú has cobrado 19 artículos más de los que te han impreso. A pesar de todo, el asunto es y sigue siendo una infame villanía, y la «Tribune» se comporta como un auténtico penny paper. Su socialismo se reduce a la más miserable ansia pequeñoburguesa de estafar.

Lassalle vuelve a ser Isidor B-B. ¡Qué clase de político es ese que se imagina haber hecho picadillo a un ministerio porque le demuestra una incongruencia en semejante nimiedad! ¡Vaya idea que tiene del gobierno parlamentario y de lo que en él se entiende por derecho y justicia! Ese hombre no tiene remedio. ¡Sobre qué tratará otra vez ese monumental libro en dos volúmenes! En todo caso, es de lo más posible que en el asunto Vogt se haya pasado de bando tan completamente. En cuanto a su hojita, yo en tu lugar le aconsejaría que lanzase un semanario —frente al «Preußisches Wochenblatt», la «Berliner Revue», la «Wochenschau des Nationalvereins», etc. Con los 300.000 táleros de la Hatzfeldt, que los dos retendrán con fuerza, y con la vida luculiana de madame, no se generan tantas sobras de rentas como para poder mantener un diario. Pronto habría escasez de dinero. En cambio, un semanario así no cuesta mucho, y nos proporcionaría ya una bonita fuente de ingresos. Naturalmente, L[assalle] tendría que pagar bien, es decir, a la inglesa; si no, no vale la pena. Además, la cosa como órgano siempre sería muy importante para nosotros.

Pero al suboficial prusiano le tiembla el trasero de manera colosal, helado de puro miedo. En cada discurso, ese animal habla de las luchas amenazantes, a vida o muerte.

El artículo de la «Tribune» sobre los armamentos franceses lo he refundido e impreso aquí en el «Volunteer Journal»; esta misma noche, si es posible, enviaré una docena de ejemplares a todos los periódicos; quizá la cosa cause sensación. Te envío uno a ti también, ya que los perros de Nueva York ahora no se fijan en eso, y como la cosa está ya muy jodida, no puede hacer daño. — Mi folleto sale la semana que viene; sólo me queda por leer una pequeña corrección y escribir el prólogo.

Bucher parece comportarse de manera bastante decente.

Saluda cariñosamente a tu mujer y a los niños.

Tuyo
F. E.