Si es de algún modo posible, tendrás el artículo sobre las fortificaciones, pero de ningún modo podrás recibirlo por el primer correo.

¿Qué te parecen las revelaciones de Kinglake? No estaría nada mal que la gran magnanimidad del príncipe regente en Baden-Baden resultara ser sólo un pobre calco de la comedia de Villafranca y que Francisco José fuese el auténtico «noble». Por lo demás, los señores príncipes parecen haber llegado al fin a la convicción de que esta vez va en ello la cabeza; pero no por eso las salvarán.

Ahora estoy leyendo a Ulloa, «Guerre d’independance de l’Italie 1848/49». De todas las chapucerías militares que me han caído en las manos (de parte de escritores profesionales), ésta es la más estúpida y desaliñada. La crítica es puro fárrago, los hechos o están desfigurados o no se conocen bien, todo está siempre revuelto sin ton ni son. Este Ulloa, capitán de artillería napolitano en 1848, se hace llamar «general» desde que Plon-Plon lo ha tomado bajo su égida. Los generales secretos pululan en esa banda. Por lo demás, si se ha de juzgar a los oficiales napolitanos por este espécimen, son realmente piojosos.

Si Garibaldi no avanza pronto, la cosa puede irle mal; a no ser que la cosa marche en Nápoles, lo cual no parece por ahora. Ante Milazzo y Mesina habrá aún probablemente algunas deserciones, pero para una expedición al continente pueden empeorar las probabilidades. La flota no le pondrá ningún obstáculo en el camino, pues no quiere combatir contra italianos, pero en el ejército napolitano parece haber una pandilla de furibundos que podrían defenderse con los extranjeros, y Garibaldi no puede permitirse tampoco una derrota. Si tuviera 10.000 hombres de tropas seguras, naturalmente despacharía todo en tres días. Ahora debe de tener entre cinco y seis mil, sin contar a los sicilianos, desde luego.

Adjunto cinco libras; con ello podrás volver a ayudar un poco al pobre Eccarius.

Tuyo,
F. E.