en Berlín

3 de marzo de 1860
6, Thorncliffe Grove, Oxford Road,
Manchester

Querido Lassalle:

Te respondo de inmediato, pero brevemente (aunque espero que con claridad), ya que estoy hasta las orejas de trabajo para dos procesos.

1. ad vocem: Mi proceso contra la «National-Zeitung».

Sobre el éxito del proceso no puedes juzgar, pues no sabes, por un lado, qué papeles obran en mi poder; ni, por otro, lo totalmente aireadas que son las mentiras de Vogt. Pero en cuanto al ataque, debías estar desde un principio a su favor. El segundo proceso es contra el «Daily Telegraph» de Londres, por amplificación y reproducción de los artículos de la «National-Zeitung». El «Telegraph» es el periódico más canallesco de Londres, lo que significa mucho, pero desde luego no es pequeño. Tiene la mayor circulación de todos los diarios de Londres. Especialmente subvencionado por Palmerston. Ésta es la razón por la que la porquería contra mí fue acogida ampliamente en él. Con esto debes recibir al «caballero de la conciencia magnánima».

2. El «superbe gestus»! sólo existe en tu imaginación.*! Que en cambio en tus dos cartas a mí, que comuniqué a Engels, Wolff y a mi mujer, exista, según su unánime juicio, una especie de turbación bajo la infame publicación de Vogt "3!, parece seguro, cuando tres faciunt collegium?.

Te he enviado ese engendro etc.? para demostrarte ad oculos* cómo te sulfurarías ante un estiércol del diablo que ni ha sido impreso ni iguala las infamias de Vogt.

Vogt ha presentado contra mí hechos correccionales?.

En tus cartas no vi indignación alguna contra el santurrón, a quien incluso debería ofrecer una amende honorable ante el público. Si Vogt hubiera conocido tu relación conmigo y hubiera poseído el engendro de Wiß, lo habría impreso como documento auténtico para la historia de la «banda del azufre» !#!.

Que yo haya mencionado públicamente en alguna parte (¡fuera de una carta a ti!) los asuntos de Blind contra Vogt, es una imputación temeraria tuya. Que Vogt sea agente bonapartista, me ha quedado completamente claro por su libro #1].

Cuando Willich (Techow sólo escribió!, lo que Willich le sopló en 1850») en 1853 en los Estados Unidos arrojó sobre mí excrementos parecidos, Weydemeyer, el Dr. Jacobi, Cluss declararon espontáneamente, antes de que yo pudiera tener noticia de ello, públicamente todo como infame calumnia.»! En Alemania, contra este ataque desmesurado, ninguno de mis amigos de allí tuvo una palabra de protesta; en su lugar, cartas que me amonestaban patriarcalmente.

Así que era de lo más adecuado que yo te pusiera al corriente de mi situación mediante ese engendro, etc., o más bien, que te llevara a una comprensión correcta, algo más apasionada y menos doctrinaria, de la misma.

No te he enviado copia de la carta del Dr. Wiß, sino el original (esto es, la copia que me fue remitida desde América). Dronke no sabe nada de ese engendro. ¡De ninguna hoja de conducta ni hablar.!°!2! En una carta privada al destinatario? de la carta de Wiß, te había nombrado como una de las personas más capaces de nuestro partido y amigo íntimo mío y de Engels. Esta carta mía parece haberla comunicado el destinatario, cuyo nombre no menciono sin haberle consultado antes, a Wiß, o al menos el contenido de la carta. Hinc illae lacrimae? de Wiß. No estoy ni he estado jamás en relación con Wiß. Éste se había ofrecido antes a la «Neue Rheinische Zeitung»* y le había enviado una correspondencia que tiré a la papelera sin contestarle. En Nueva York ha publicado (en la «Republik der Arbeiter» de Weitling) media docena de artículos idiotas contra mí.

La palabra acusaciones «oficiales»!? la empleé sólo en contraposición a las cartas «confidenciales»* de Wiß. Me resulta ahora mismo —lo escribí con prisa— sumamente cómico.

Quiénes eran las gentes de Düsseldorf!!, no podría decirlo sin quebrantar la confianza. Pero bastará señalar que no entré en relación alguna con ellas. En cuanto a la ingratitud de los obreros, la que hay contra ti es juego de niños comparada con lo que yo he experimentado en carne propia. No obstante, Levy no es, ni la persona ni las personas.

Becker'”, Bermbach, Erhard, Uhlendorff (este último nombre me es desconocido) nunca me han escrito una línea contra ti o acerca de ti. !?!?)

Yo no me «enlacé» con Becker. La autoridad central de la Liga! había sido trasladada a Colonia. Allí había que decidir de manera absoluta. (Esta «Liga», como todo lo relacionado con ella, pertenece desde hace tiempo al pasado. Sus papeles se encuentran en América, con excepción de 2 ó 3.) Allí admitieron a Becker. Así entró en liaison" conmigo.

Si comparas ahora los hechos mencionados y tu interpretación de los mismos, te quedarás claro sobre tu talento específico para la «desconfianza».

En lo que respecta a mi desconfianza, yo sólo sé (y me harías un favor si me citaras otros casos) durante los 18 años en que actúo en público, de dos casos en los que se me podría acusar con alguna apariencia de esta enfermedad mental:

a) En la «Neue Rheinische Zeitung» recogí una denuncia contra Bakunin procedente de París, que provenía de dos fuentes completamente ajenas entre sí. Una de esas fuentes era un polaco que yo conocía. La otra era la correspondencia litografiada de París, que, por tanto, ponía la denuncia en manos de todas las redacciones de periódicos, aun cuando yo no la imprimiera. La acusación pública era en interés de la causa y en interés de Bakunin. La contra-declaración de Bakunin en la «Neue Oder-Zeitung» la imprimí de inmediato. Koscielski, a quien él había enviado a Colonia como portador de cartel, quedó, después de examinar las cartas de París, tan convencido de que era mi deber como redactor imprimir la denuncia (que yo había impreso como correspondencia sin comentario), que escribió seguidamente a Bakunin diciéndole que no podía seguir actuando como su portador de cartel. K[oscielski] se convirtió en uno de los mejores y más útiles amigos de la «Neue Rheinische Zeitung». A Bakunin le di una declaración pública de honor en la «Neue Rheinische Zeitung», me reconcilié personalmente con él en Berlín (agosto de 1848) y posteriormente en la «Tribune» (1851) rompí una lanza por él, !?!

b) En las «Revelaciones sobre el proceso de los comunistas» algunas personas, en particular Schapper, O. Dietz, y en menor grado Willich, son tratadas injustamente, pero

Schapper mismo (y Dietz en una carta a Schapper) ha reconocido que yo tenía razón de principio contra ellos;

que se habían enredado en bêtises!*, donde sin milagro apenas era posible verlos libres de sospecha;

que Willich por entonces estaba loco y era capaz de cualquier paso contra mí; y que, en efecto, se hizo culpable de pasos infames contra mí y mis amigos.

Finalmente:

La frase «En lo que respecta a mi desconfianza, tú por lo menos no puedes quejarte de ella» '? fue la réplica justa a tu frase: (la cito de memoria) «Quien te conoce no se verá perjudicado por el folleto de Vogt, etc.» A tan tranquilizadora aseveración repliqué yo retorciendo".

En cuanto a la «mucha verdad»!?, tendré que revisar luego tu carta en Londres.

Espero ahora que todos los puntos estén resueltos.

Tuyo
K.M.

Una cosa más. Me aconsejaste esperar con la «querella» hasta haber leído yo mismo el libro de Vogt. ¿No eran suficientes los extractos en la «National-Zeitung»? ¿Podía alguien que es «integer vitae scelerisque purus» esperar aún?

Adolf Stahr, ¿no debería conocer al corresponsal del «Telegraph»? Por lo menos, al morir la señora Kinkel, publicó éste cosas que olían a Fanny Lewald.