en París #27!

Londres, 26 de septiembre de 1859

Mi querido Franck,

En respuesta a su carta del 23 de septiembre, me permito dejar constancia de lo siguiente:

1. Tras la recepción de la «New-York Tribune», que contenía la declaración de Pulszky, la cual no se atrevió a firmar con su nombre, he enviado a la «N. Y. T.» dos cartas con una exposición completa de la situación. Al mismo tiempo, he dirigido una carta privada al redactor, en la que subrayaba la necesidad de desenmascarar las maniobras e intrigas del charlatán bocazas! Pronto comprobaremos si mis cartas han sido publicadas por la «N. Y. T.», o no. ‛!

En cuanto a los grandes diarios londinenses, es del todo punto inútil tratar de moverlos a poner completamente en evidencia a K[ossuth]¹ ante la opinión pública. El relato provocaría, en primer lugar, una querella por difamación, ante la cual los editores se atemorizan o al menos aparentan temer, habida cuenta de la dificultad de probar semejantes acusaciones de soborno y de hacer comparecer a los testigos ante un tribunal británico. En segundo lugar, K[ossuth] es un timador demasiado consumado como para no gozar de las secretas simpatías de la astuta banda de la prensa londinense.¹  
No obstante, he entregado un resumen a la «Free Press» (el órgano urquhartista que aparece el último miércoles de cada mes).‛#!! Le he autorizado, si lo juzgan necesario, a «aderezar la ensalada» a su modo, y me considero con derecho a suponer que el «asunto» saldrá a la luz todavía esta semana. En ese caso, le enviaré un ejemplar. Aunque sólo circula entre un público muy selecto, la «Free Press» encuentra no obstante su camino hacia todos los gabinetes y capitales de Europa. Es muy conocida en Constantinopla. Además, una vez que el asunto haya aparecido en la «Free Press», algunos corresponsales londinenses que mantienen relaciones con la prensa alemana y sobre los cuales ejerzo mayor o menor influencia encontrarán más fácil transplantar el asunto a suelo teutón.

Adjunto la declaración de Asbóth de la «N. Y. T.». %% Ahora se presenta la actuación de K[ossuth] como si este «egregio» patriota no hubiese hecho más que intentar «impedir un levantamiento prematuro en Hungría», y como si el astuto «hombre de Estado» hubiese dominado esta «difícil» tarea a fin de cuentas.

Hace algún tiempo, Urquhart ha hecho traducir al italiano su correspondencia con K[ossuth] (a la cual aludí, como usted recordará) y la ha hecho difundir abundantemente por toda Italia.

2. En lo tocante al asunto del vino, supe poco después de su partida de Londres que mi cuñado no regresará a Ámsterdam antes de octubre. Por consiguiente, aún no le he escrito acerca de este negocio.

En lo que respecta a Inglaterra, aún vacilo entre dos hombres, que, aunque de distinta manera, me parecen ambos adecuados para asumir la tarea. El uno es un alemán sin capital, pero muy enérgico, especulativo y laborioso. El otro es un inglés que comercia con vinos franceses y alemanes, un comerciante, si bien no grande, sí «respetado». En todo caso, ha sabido hacer prosperar su negocio de vinos y, en el breve lapso de seis o siete años, desde comienzos muy modestos, ha alcanzado cierta riqueza. El primer candidato se dedicaría exclusivamente al negocio en cuestión; el segundo tiene la ventaja de contar con mayores recursos, una firma ya asentada y sólidas conexiones comerciales. Si el alemán, cosa que se decidirá en pocos días, no está por el momento dispuesto a entrar en el negocio (y tengo motivos para suponerlo), entonces le haré al inglés una oferta condicionada. Entonces será usted informado de sus condiciones y podrá decidir por sí mismo.

Suyo afectísimo,

A. Williams

P. D. Acabo de recibir su segunda carta. Creo que queda ya contestada por las líneas precedentes.

27 de septiembre. Me ha llegado la prueba de imprenta del «asunto» en la «Free Press».

¹ Lajos Kossuth