en Manchester

[Londres] 25 de feb. de 1859

Querido Engels:

Te escribo de nuevo esta noche, porque el tiempo apremia. Tengo la seguridad moral de que Duncker, tras mi carta a Lassalle[1], aceptará el folleto[2]. El judihuelo Braun⁷ no me ha escrito, ciertamente, desde que llegó mi manuscrito[3], y de eso hace más de cuatro semanas. Por un lado, ha estado ocupado con la publicación de una obra “incendiaria” propia e inmortal[4] (calla está el judihuelo, incluso su “Herakleitos”[5], aunque escrito de forma pésima, better than anything the democrats could boast of⁶), y además probablemente tendrá que encargarse de la última corrección de mi escrito. En segundo lugar, de manera indirecta, en mi análisis del dinero ha recibido un terrible golpe en la cabeza, que puede haberlo dejado algo aturdido. Pues bien, para el “Heraklit” había hecho la siguiente nota, que te transcribo literalmente, pese a su infinita extensión[6] (pero tienes que leerla):

“Cuando más arriba decíamos que Heráclito, en aquel fragmento, había señalado la verdadera naturaleza y función económico-nacional del dinero” (Heráclito dice, en efecto: πυρός τ’ἀνταμείβεσθαι πάντα καὶ πῦρ ἁπάντων ὥσπερ χρυσοῦ χρήματα, καὶ χρημάτων χρυσός⁷), “huelga acaso observar que no pretendíamos con ello convertirlo en un economista nacional, y que, por tanto, ni mucho menos queríamos afirmar que hubiese captado alguna de las consecuencias ulteriores que se derivan de aquel fragmento. Pero aunque esta ciencia no existía ni podía existir entonces, y por consiguiente tampoco podía ser objeto del pensamiento heraclíteo, es, sin embargo, correcto que Heráclito, precisamente porque no sigue determinaciones de la reflexión, sino solo el concepto especulativo, ha conocido en aquel fragmento la esencia del dinero en su profundidad real y de manera más acertada que muchos economistas modernos, y quizá no carezca totalmente de interés, ni sea tan ajeno a la cosa como a primera vista pudiera parecer, ver cómo de una mera consecuencia de aquel pensamiento se derivan por sí mismos los modernos descubrimientos en este terreno.” (Notabene. ¡Lassalle no conoce ni pizca de estos descubrimientos.)

“Cuando Heráclito convirtió el dinero, como medio de intercambio, en opuesto de todos los productos reales que entran en el intercambio, y lo hizo poseer su existencia real” (Subrayo donde Lassalle ha subrayado) “solo en estos, el dinero como tal no es, pues, un producto revestido de un valor material autónomo, no es una mercancía junto a otras mercancías, como todavía hoy se aferra obstinadamente la escuela de Say” (¡Bonita ilusión continental¹⁰ la de que exista una escuela de Say!) “a concebir el dinero metálico, sino que es solo el representante ideal de los productos reales en circulación, el signo de valor de los mismos, que solo los significa. Y esto es solo en parte una conclusión desarrollada a partir del fragmento, en parte solo el pensamiento presente en él para el propio Heráclito.

Pero si todo dinero es solo la unidad ideal o la expresión de valor de todos los productos reales en circulación y solo en estos, que constituyen a la vez su opuesto, posee su existencia real, de la mera consecuencia” (¡Bonito estilo! Se desprende de la ‘mera consecuencia’) “de este pensamiento se sigue que la suma de valores o la riqueza de un país solo puede acrecentarse mediante el aumento de los productos reales, pero nunca mediante el aumento del dinero, ya que el dinero, en lugar de constituir por sí mismo un momento siquiera de la riqueza y del valor” (Ahora tenemos riqueza y valor; antes suma de valores o riqueza) “expresa siempre solo, como unidad abstracta, el valor situado” (también bonita comarca) “en los productos y real solo en ellos. Se sigue, por tanto, el error del sistema de la balanza comercial.” (Esto es digno de Ruge.) “Se sigue, además, que todo dinero tiene siempre un valor igual a todos los productos en circulación, ya que solo los reúne en la unidad ideal de valor y, por tanto, solo expresa su valor; que, por consiguiente, mediante el aumento o la disminución de la suma de dinero existente, el valor de esta suma total de dinero nunca se ve afectado y siempre permanece igual al de todos los productos en circulación; que, en rigor, no se puede hablar en absoluto de un valor de todo el dinero comparado con el valor de todos los productos en circulación, porque en tal comparación el valor del dinero y el valor de los productos se ponen como dos valores autónomos, mientras que solo existe un valor, que está concretamente realizado en los productos sensibles y expresado en el dinero como unidad abstracta de valor, o, más bien, el valor mismo no es nada más que la unidad abstraída de las cosas reales, en las que no está presente como tal, unidad a la que se ha dado en el dinero su expresión particular; por tanto, no es que el valor de todo el dinero meramente permanezca igual al valor de todos los productos, sino que, hablando con más exactitud, todo el dinero es solo el valor de todos los productos en circulación.” (Esta doble negrita pertenece al autor.) “De aquí se sigue, por tanto, que al aumentar el número de piezas monetarias, como el valor de la suma permanece igual, siempre tiene que caer solo el valor de cada pieza individual, y al disminuir, tiene que volver a subir de igual modo. Se sigue, además, que, dado que el dinero representa solo la abstracción mental irreal del valor y el opuesto a los productos y materias reales, el dinero como tal no tiene que poseer realidad alguna en sí mismo, es decir, no necesita consistir en ninguna materia realmente valiosa, sino que igualmente puede ser papel moneda y precisamente entonces corresponde de manera más adecuada a su concepto. Todos estos, y muchos otros resultados que solo se han obtenido por una vía completamente distinta desde las investigaciones de Ricardo y que aún están lejos de ser generalmente adoptados, se derivan ya por la mera consecuencia de aquel concepto especulativo conocido por Heráclito.”

Naturalmente, no he tenido la menor consideración con esta sabiduría talmúdica, pero sí he vapuleado bastante a Ricardo por su teoría del dinero, que, dicho sea de paso, no procede de él, sino de Hume y Montesquieu. Así que puede que Lassalle se sienta personalmente aludido. En sí, no había nada de particular en ello, pues en el escrito contra Proudhon[8]  adopté yo mismo la teoría de Ricardo. Pero el judihuelo Braun me había escrito una carta de lo más ridícula, en la que decía que se “interesaba por la pronta aparición de mi escrito, aunque él mismo tenía entre manos una gran obra económico-nacional[9]”, que “se tomaba dos años para ello”. Pero que si yo le “quitaba demasiadas cosas nuevas, quizá abandonaría todo el asunto”. ¡Pues bien![11] Yo le respondí que no había que temer rivalidad alguna, ya que en esta “nueva” ciencia había lugar para él, para mí y para una docena más[10]. Por mi exposición del dinero tiene que ver ahora, o bien que yo no sé nada del asunto, aunque en ese caso toda la historia de las teorías monetarias peque conmigo, o bien que él es un asno que, con un par de frases abstractas como “unidad abstracta” y otras semejantes, se arroga el derecho de juzgar sobre cosas empíricas que es preciso estudiar, y por largo tiempo además[12], para poder opinar sobre ellas. Por esta razón puede que no me tenga demasiada simpatía en el rincón más íntimo de su corazón en este momento. Pero, y este es el punto al que quería llegar, Lassalle, en primer lugar, tiene realmente demasiado interés “en la causa” y, en segundo lugar, es demasiado “Ephraim Gescheit”[13] para no mantenerse a nuestro lado coûte que coûte¹⁴, cosa que le es tanto más necesaria por su querella con los de Düsseldorf[11]¹⁵. Al mismo tiempo, su estancia en Berlín lo ha convencido de que con el partido burgués no hay nada que hacer para un tipo enérgico como él[12]¹⁶.

Así pues, con un tratamiento hábil[17], este hombre nos pertenece en cuerpo y alma, por muchas cabriolas “incendiarias” que haga y por mucho que castigue a Heráclito, por haber sido el filósofo más conciso, con el comentario más extenso. Por la misma razón estoy seguro de que él impondrá tu folleto a Duncker en caso de necesidad[18]¹⁸. Por lo demás, he dispuesto la carta dirigida a él de tal manera que pueda enseñársela íntegra a Duncker. Está escrita de hecho para Duncker, no para Lassalle, aunque Ephraim, pese a toda su agudeza, apenas lo notará.

Considero, pues, como seguro que Duncker acepta el folleto, y lo esencial es, por tanto, que te pongas de inmediato a hacerlo, pues esto es como un artículo de periódico. No hay tiempo que perder. Por la misma razón, por el efecto inmediato, pienso que no debes exceder los 4-5 pliegos (si es que hacen falta tantos). Considérate, por tanto, completamente dispensado de la colaboración en la “Tribune” (a menos que algún acontecimiento bélico, lo que no es probable, se adelante a tu folleto) hasta que tengas la cosa lista. Lo más sensato sería que enfermaras de repente y te ausentaras de la oficina para escribir la cosa de un tirón.

Amicus Engels Senior, amicus Ermen (Gotofredus!), sed magis amicum
τὸ σοφόν[17]¹⁹.

“φεῦ φεῦ, φρονεῖν ὡς δεινόν, ἔνθα μὴ τέλη
Λύει φρονοῦντι”[18]²⁰.

Esto último puede decírtelo tu viejo, como Tiresias al rey Edipo, a lo que tú le responderás que él
“ἐν τοῖς κέρδεσιν
μόνον δέδορκε, τὴν τέχνην δ’ἔφυ τυφλός”[19]²¹.
Salud.
Tuyo
K. M.