en Manchester

8 de oct., viernes, Londres 58

Querido Frederick:

Recibes hoy dos envíos a la vez, pues el material no cabía en una sola carta. Consta de:

1. Recortes referentes a Jones del «Reynolds». Tú mismo verás dónde R[eynolds] aporta hechos y juicio fundado en hechos, y dónde da rienda suelta a su veneno. R[eynolds] es un canalla mucho mayor que Jones, pero es rico y un buen especulador. El mero hecho de que se haya vuelto un cartista de pies a cabeza muestra que esta posición aún debe ser «rentable». He leído el discurso de Jones en Manchester. Tú, como no viste sus anteriores discursos en Greenwich etc., tampoco pudiste advertir que aquí ya da otro giro y trata de poner la «Alianza» más en consonancia con su actuación anterior.

2. La nueva «lettre» de Pyat, que contiene uno o dos hechos interesantes, por lo demás en el viejo estilo. Las rayas al margen las ha garabateado mi bebé, de modo que no tienen significado alguno en cuanto al contenido.

3. El nuevo manifiesto del señor Mazzini. ¡Todo el viejo asno de siempre! Sólo que ahora tiene la gracia de no considerar ya el salariado como forma absoluta y última. Nada más cómico que la contradicción de que, por una parte, diga que en Italia el partido revolucionario está organizado en el sentido suyo, y, por otra, demuestre a «su» manera que no sólo la nación está detrás de él, sino que también se dan todas las probabilidades externas de éxito… y, finalmente, no explique por qué Italia, a pesar de «Dio e Popolo» y de Mazzini por añadidura, permanece tranquila.

4. Un pequeño recorte del «Hochwächter» de Cincinnati, que contiene una carta del «general» Willich.

Con el giro optimista del comercio mundial en este momento (aunque las enormes acumulaciones de dinero en los bancos de Londres, París y Nueva York demuestran que la cosa aún no puede estar ni mucho menos en orden), es por lo menos consolador que en Rusia haya comenzado la revolución, pues yo considero como tal comienzo la convocación de los «notables» a Petersburgo. Igualmente, en Prusia las cosas están peor que en 1847, y las ridículas ilusiones acerca de las inclinaciones del príncipe de Prusia hacia la clase media se desvanecerán en rabia contenida. No les hará ningún daño a los franceses ver que el mundo también «se mueve» sin ellos (expresión de Pensilvania). Al mismo tiempo, hay movimientos extraordinarios entre los eslavos, sobre todo en Bohemia, que, aunque contrarrevolucionarios, ofrecen no obstante fermento de movimiento. La guerra rusa de 1854-55, por miserable que fuera y por poco que sus resultados perjudicaran a los rusos (más bien sólo a Turquía), ha acelerado sin embargo manifiestamente el actual giro de las cosas en Rusia. La única circunstancia que hizo a los alemanes, en su movimiento revolucionario, completamente satélites de Francia fue la actitud de Rusia. Con el movimiento interior en Moscovia cesa esa mala broma. Tan pronto como la cosa se desarrolle allí algo más visiblemente, tendremos la prueba de todo lo que el bueno del consejero de gobierno Haxthausen se ha dejado endilgar por las «autoridades» y por los campesinos amaestrados por las autoridades.

No podemos negar que la sociedad burguesa ha vivido por segunda vez su siglo XVI, un siglo XVI que, espero, la toque a muerto del mismo modo que el primero la impulsó a la vida. La tarea propia de la sociedad burguesa es la creación del mercado mundial, al menos en sus lineamientos, y de una producción basada sobre él. Puesto que el mundo es redondo, parece que esto se ha llevado a término con la colonización de California y Australia y la apertura de China y Japón. La cuestión difícil para nosotros es ésta: en el continente, la revolución es inminente y adoptará en seguida un carácter socialista. ¿No será necesariamente aplastada en este pequeño rincón, puesto que en un terreno mucho más vasto el movimiento de la sociedad burguesa es todavía ascendente?

En lo que concierne específicamente a China, me he cerciorado mediante un análisis preciso del movimiento comercial desde 1836, en primer lugar, de que el auge de la exportación inglesa y americana de 1844-46 se reveló en 1847 como puro fraude, y de que también en los diez años siguientes el promedio ha permanecido casi estacionario, mientras que la importación de China en Inglaterra y América ha crecido enormemente; en segundo lugar, la apertura de los 5 puertos y la posesión de Hong Kong sólo tuvieron por consecuencia que el comercio pasara de Cantón a Shanghái. Los otros «emporios» no cuentan. La razón principal de la debilidad de este mercado parece ser el comercio de opio, al que en efecto se limita continuamente todo el incremento del comercio de exportación a China; pero luego la organización económica interna del país, su agricultura minúscula, etc., cuya destrucción costará un tiempo enorme. El actual tratado de Inglaterra con China, que en mi opinión ha sido elaborado por Palmerston en combinación con el gabinete de Petersburgo y entregado a Lord Elgin para el viaje, es una burla de principio a fin.

¿Puedes indicarme tus fuentes sobre el progreso de los rusos en Asia Central? En todo caso utilizaré el artículo para la «Free Press».

Mi madre ha vuelto a caer repentina e inesperadamente en un silencio que me resulta inexplicable. Casi pienso que se han entrometido terceras personas. Pero la cosa se aclarará.

Saludos a Lupus.

Tuyo

K. M.

Engels a Marx

en Londres

Manchester, 21 de oct. de 1858

Querido Mohr:

He estado muy sacado de mi curso estas dos semanas con toda clase de naderías y mezquindades, camorra en mi alojamiento que hace necesario mudarse y todo lo que ello acarrea de engorro, además de un montón de otras historias miserables. Ni siquiera he encontrado nuevo alojamiento aún, y difícilmente saldré del lío antes de finales de la semana próxima.

Muy agradecido por las historias sobre Jones, Mazzini y Pyat, así como por el «general entusiasta». Este último parece haberse entregado por completo a la modorra ordinaria germano-americana; ¡allá él, que se entierre en ella! En cuanto a Jones, el «Reynolds» es algo parco en sus hechos y presupone un conocimiento más cercano de lo sucedido. Después de que Monsieur Jones se ha comportado tan común durante tanto tiempo, este giro final apenas sorprende. ¡Pero regalarse así! Duncombe, al menos, se ha hecho pagar sus deudas y además colocarse bien.

Pyat y Mazzini se distinguen realmente, incluso frente a antes, por una sorprendente pobreza de espíritu.

Las perspectivas del señor Rudolf Schramm parecen ser muy malas. El suboficial sigue confiscando periódicos como antes, y según los despachos telegráficos ni siquiera ayer parece haber jurado la constitución. En todo caso, la euforia que los burgueses prusianos se han estado fingiendo mutuamente se disipará muy pronto, pero también soy de tu opinión de que la cosa no ha terminado aún con eso. Sin embargo, aún no tengo claro el curso de la historia. La burguesía no me parece todavía tan tranquilizada respecto a 1848 y 1849 como para tener el valor suficiente de, por un lado, contra aristocracia y buro—