en Manchester

[Londres] 13 de agosto de 1858
Querido Engels:

Me ha alegrado extraordinariamente que mis temores acerca de tu salud fueran infundados.

Las 2 cartas que quería enviarte eran una de Weydemeyer (Milwaukee, Wisconsin) y la otra de un tal A. Komp (Nueva York), que llegaron ambas en un mismo sobre. Las había puesto sobre la mesa (mi escritorio) para incluirlas en la carta dirigida a ti, lo olvidé y luego no pude encontrarlas. Probablemente se han extraviado entre uno de los muchos cuadernos que hay por aquí y volverán a aparecer cuando los hojeemos.

De la «Cyclopädie» no sé nada. Sólo he leído anunciado el segundo tomo en la «Tribune». Así que sigue publicándose, y si tienes ocio puedes, de vez en cuando, proseguir con C. Sólo que hay 2 circunstancias: 1. en este momento no puedo ir al Museo; 2. me resulta inmediatamente más ventajoso que mi crédito en la «Tribune» aumente. En esta última ya se ha producido una pequeña merma desde la ausencia de mi mujer, y en general ahora no puedo escribirles directamente dos veces, ya que no puedo tratar temas como la India, Montenegro, China y el sistema militar de ferrocarriles y de Cherburgo de Bonaparte. Por tanto, en cuanto tu tiempo (y, ¡naturalmente!, sin perjuicio para tu salud corporal) lo permita, lo que más me agradaría es que en el próximo tiempo escribieras con más frecuencia para la «Tribune», sobre cualquier tema que sea.

El mar le sienta muy bien a mi mujer; a principios de esta semana hizo que todos los niños vinieran con Lenchen. Hasta ahí, todo bien. Lo perjudicial es sólo que, bajo estas circunstancias, apenas podré dejarla allí más allá de la próxima semana. Se ha refrescado mucho espiritualmente, pero físicamente (aparte del fortalecimiento nervioso) no está aún como debería estar. En Ramsgate ha trabado conocimiento con damas inglesas finas y, horribile dictu, ingeniosas. El trato con sus semejantes, tras años de gozar de mala o ninguna sociedad, parece agradarle.

¿Has leído en el «Times» la crítica del libro de Gladstone sobre Homero? Hay muchas cosas divertidas en ella (en la crítica). Una obra como la de Gladstone es, por lo demás, característica de la incapacidad de los ingleses para hacer «filología».

El comercio en Manchester parece estar de nuevo mejorando, ¿no? El mundo, en general, se ha vuelto a condenadamente optimizar desde las últimas semanas.

El señor Pyat, a quien aún le duele la pena de que en las últimas persecuciones políticas su nombre no ocupara el espacio debido, ha hecho imprimir una nueva «carta» sobre su «carta» al Parlamento, que contiene una defensa del «regicidio». Para obligar al gobierno a perseguirlo, ha cometido una falta policial, a saber, ha hecho aparecer el libelo sin el nombre del impresor. Pero el gobierno es implacable. Pyat no debe convertirse en mártir, ni siquiera ser condenado por el magistrado a 2 chelines y 6 peniques más costas. ¡Le pauvre Sire!

Saluda a Lupus muy cordialmente.

Tuyo
K. M.