en Londres

Manchester, 14 de julio de 1858

Querido Mohr,

Estamos aquí en pleno balance y por eso no he tenido sosiego para escribirte más extensamente. ¡Ojalá tu Tussy esté mejor! Gumpert me dijo que la tos ferina rara vez es peligrosa en el clima inglés; por lo general se hace crónica, pero es benigna. Todos los casos que han tenido hasta ahora en el hospital han terminado bien. Me ha dado los dos informes de ese hospital aparecidos hasta la fecha (de Marei); son muy científicos; ojalá hubiera tenido yo un material semejante en la época en que escribí mi libro¹. También tengo ejemplares de ellos para ti, que te enviaré; quizá te sea útil algo de ello para el capítulo sobre el trabajo asalariado. La grandiosa instalación y las sanguíneas esperanzas de Marei te harán sentir cierta hilaridad.

Del manifiesto del señor Türr, etc., no he visto ni oído nada; el «Star» se lee poco por aquí. Mándame, pues, la «Free Press» sin falta; a ser posible, también un ejemplar para Lupus, que todavía está en Buxton, adonde le ha enviado Borchardt, y donde Lupus probablemente correrá más, por aburrimiento, de lo que le conviene a su pierna.

Las dos cartas de Nueva York !!??!, de las que hablas en tu última carta, no venían adjuntas.

A propósito. Envíame de una vez la prometida «Naturphilosophie» de Hess. Estoy dándole ahora un poco a la fisiología y enlazaré con ello la anatomía comparada. Contiene cosas altamente especulativas, todas las cuales, sin embargo, han sido descubiertas sólo muy recientemente; siento una gran curiosidad por ver si el viejo no habría husmeado algo de ello. Lo cierto es que, si hoy tuviera que escribir una «Naturphilosophie», las cosas le llegarían volando por todos lados. Por lo demás, no se tiene ni idea de los progresos que han hecho las ciencias naturales en los últimos 30 años. Para la fisiología han sido decisivos: 1.º, el gigantesco desarrollo de la química orgánica, 2.º, el microscopio, que no se maneja como es debido desde hace apenas veinte años. Este último ha conducido a resultados aún más importantes que la química; lo principal, que ha revolucionado toda la fisiología y ha hecho posible por primera vez una fisiología comparada, es el descubrimiento de las células, en la planta por Schleiden, en el animal por Schwann (hacia 1836). Todo es célula. La célula es el ser en sí hegeliano y recorre en su desarrollo exactamente el proceso hegeliano, hasta que de ella se desenvuelve finalmente la «idea», el organismo acabado de cada caso.

Otro resultado que habría alegrado al viejo Hegel es, en la física, la correlación de las fuerzas, o la ley de que, en condiciones dadas, el movimiento mecánico, esto es, la fuerza mecánica (por ejemplo, mediante la fricción), se transforma en calor, el calor en luz, la luz en afinidad química, la afinidad química (por ejemplo, en la pila voltaica) en electricidad, y ésta en magnetismo. Estas transiciones pueden efectuarse también de otro modo, hacia adelante o hacia atrás. Un inglés, cuyo nombre no recuerdo ahora, ha demostrado que estas fuerzas se convierten unas en otras en relaciones cuantitativas perfectamente determinadas, de modo que, por ejemplo, un cierto quantum de una de ellas, pongamos la electricidad, corresponde a un cierto quantum de cualquier otra, pongamos el magnetismo, la luz, el calor, la afinidad química (positiva o negativa — combinante o disolvente) y el movimiento. Con esto queda eliminada la estúpida teoría del calor latente. ¿Y no es ésta una magnífica prueba material de la manera como las determinaciones de la reflexión se disuelven unas en otras?

Lo cierto es que, con la fisiología comparada, adquiere uno un desprecio ignominioso hacia la exaltación idealista del hombre por encima de las demás bestias. A cada paso se le mete a uno por las narices la más completa coincidencia de la estructura con los demás mamíferos; en sus rasgos fundamentales, la coincidencia se extiende a todos los vertebrados e incluso — de manera más difuminada — a los insectos, crustáceos, tenias, etc. La historia hegeliana del salto cualitativo en la serie cuantitativa también resulta aquí muy hermosa. Al final, al llegar a los infusorios más simples, se topa uno con la forma primordial, la célula simple, que vive de manera autónoma, pero que a su vez no se diferencia en nada perceptible de la planta más ínfima (los hongos compuestos de simples células — el hongo de la patata y el de la enfermedad de la vid, etc.) ni de los gérmenes de los estadios superiores de desarrollo, incluidos el óvulo humano y el espermatozoide, y que presenta exactamente el mismo aspecto que las células independientes del cuerpo vivo (glóbulos sanguíneos, células de la epidermis y de las mucosas, células secretoras de las glándulas, riñones, etc.).

De paso, puedes comunicarme también qué enfermedad es la dyspepsia crapulosa. Pues no se trata de un chiste malo, sino de un nombre científicamente adoptado.

Si mañana el «Times» trae detalles sobre la India, veremos qué se puede hacer para la «Tribune»; de otra manera no hay nada que hacer. Por lo tanto, ya te harás una idea, con el «Times» de mañana, de lo que cabe esperar.

Muchos recuerdos a la family.

Tuyo,
F. E.
El asunto de la aceptación ha quedado felizmente arreglado.