en Manchester

2 de julio de 1858
9, Grafton Terrace, Maitland Park,
Haverstock Hill, Londres

Querido Engels:

La demora en el anuncio de tu «Caballería» se debe a un gran problema doméstico. La hija menor, Eleanor, tiene desde hace semanas tos ferina, una enfermedad muy angustiosa, y mi mujer se encuentra también muy indispuesta. Así, junto con otras muchas confusiones domésticas, me he visto condenado a que se interrumpiera mi trabajo.

Sabes que en Jersey le conseguí a nuestro Schramm una corresponsalía americana. Ahora, tras su muerte y después de que lo hayan despedido varias veces, sus honorarios, unas 6 libras, han llegado y naturalmente han ido a parar al señor Rudolf [Schramm] como dinero de bolsillo.

Por lo demás, nada nuevo. Creo que ese periodicucho alemán de Londres que sostenía Gumpert ha pasado a manos de la «democracia unida», bajo la dirección del gran Blind, con el título de «Neue Welt».

Supongo que habrás leído en el «Star» las declaraciones del señor Türr y de la emigración húngara en Constantinopla. En caso contrario, te envío la «Free Press». Kossuth persiste por ahora en un rígido silencio. Nuestro extracto de la historia de Bangya ha aparecido en la «Tribune» [«Ein merkwürdiges Stückchen Geschichte»]. El escándalo de Nueva York obligará a Kossuth a hablar. Es posible que, por esta vía, yo mismo tenga que explicarme aún directamente en la historia. Pulszky había abierto de antemano una salida en la «Tribune», donde califica a Bangya de viejo espía de Metternich (!). Klapka, a quien vi un momento en casa de Freiligrath, observó secamente respecto a Bangya: «finis coronat opus». Parece muy hastiado de Kossuth. De momento se dedica a estafas con acciones turcas.

Adjuntas van dos cartas de Nueva York.

De Ephraim Gescheit [Lassalle] no he sabido nada desde hace 2 semanas. Como estaba convencido, por supuesto, de que mi carta estaba llamada a un uso de ningún modo discreto por su parte, la mantuve muy cautelosa, de modo que le será sumamente difícil abusar de ella. Prescindiendo de las circunstancias especiales del caso, en las que le repetí casi literalmente tu opinión, he atacado el duelo únicamente en la medida en que se lo reivindica, bajo la apariencia de un privilegio de casta, para unos sujetos que creen que sus insultos deben castigarse de modo distinto que los de un sastre, un zapatero, etc. Frente a tan ridícula pretensión y frente a semejantes sujetos, es revolucionario situarse en el «punto de vista del garrote» y del «comentario de madera». Por otra parte, a la pedantería principista de Ephraim le respondo que el duelo figura entre las cosas que Aristóteles califica de «indiferentes», que uno puede hacer o dejar de hacer. Él, ciertamente, tiene razón en que es una reliquia de una etapa de desarrollo ya corrompida; pero, «dada la unilateralidad y la estrechez propia de las relaciones burguesas, la individualidad sólo puede a veces hacerse valer en forma feudal».

Cuento con que, en cualquier circunstancia, envíes la semana próxima un artículo sobre la India [«El ejército indio»]. El material siempre basta para un artículo de la «Tribune», que por lo demás reproduce el «Times», etc. Lo principal, en todo caso, es que se envíen artículos.

Salud.

Tuyo
K. M.

Saludos a Lupus.

Humboldt ha publicado en la «Tribune» una carta muy «lisonjera», dirigida a Fröbel, que ha publicado juntos sus viajes por América.