en Manchester

Londres, 29 de abril de 1858

Querido Frederick:

Mi prolongado silencio puedo explicártelo con una sola palabra: incapacidad para escribir. Ésta existía (¡y hasta cierto punto existe todavía!) no sólo en el sentido literario, sino en el literal de la palabra. Los pocos artículos inevitables para la «Tribune» —«Die Franzosenprozesse in London», «Die Finanzlage Frankreichs», «Das Budget des Herrn Disraeli» y «Die englisch-französische Allianz»— se los dicté a mi mujer, pero aun eso sólo fue posible aplicando fuertes estimulantes. Jamás había tenido un ataque tan violento del hígado, y por algún tiempo se temió un endurecimiento del mismo. El doctor quería que viajara, pero, en primer lugar, eso era incompatible con el estado de las finanzas, y, en segundo, esperaba de un día para otro poder volver a ponerme a trabajar. El constante impulso de ir a la obra, y luego de nuevo la incapacidad para hacerlo, contribuyó a empeorar la cosa. No obstante, desde hace una semana va mejor. Sin embargo, todavía no estoy en condiciones de trabajar. Si me siento un par de horas a escribir, después tengo que guardar cama por completo un par de días. Espero, por todos los diablos, que este estado termine la semana próxima. Jamás habría podido venir más a destiempo que ahora. Evidentemente, durante el invierno me excedí con el trabajo nocturno. Hinc illae lacrimae.

Tus cartas y los «Guardian» han llegado bien.

Ha aparecido un libro de Louis Blanc sobre la revolución de 1848. Escrito con la más sincera admiración hacia el «petit», como él dice que lo llamaban los obreros. Por lo demás, leído con atención, resulta bochornoso para el sujeto, pues muestra que en todos los momentos decisivos los obreros actuaron sin su conocimiento ni voluntad, y que en general le devolvieron su «sentiment», con lo cual creyeron haber pagado al oráculo de Luxemburgo el precio completo.

El movimiento de emancipación de los siervos en Rusia me parece importante, en cuanto muestra el comienzo de una historia interior en ese país, que podría interferir con su tradicional política exterior. Herzen, naturalmente, ha vuelto a hacer el descubrimiento de que «la libertad» ha emigrado de París a Moscú.

El amigo Bangya, según parece, ha sido sorprendido por el hijo de Sefer Pachá manteniendo correspondencia ilícita con el general ruso Philipson. Se dice que ha sido fusilado junto con varios de sus secuaces húngaros y polacos.

Saludos a Lupus.

Tuyo
K. M.