Engels a Marx

en Londres

Manchester, 4 de agosto de 1856

Querido Marx,

La carta que no llegó se ha hecho agua con el calor. No sé si también ahí os ha sobrevenido de repente este calor tropical, en el que todo cesa excepto el bañarse y lavarse constantemente con agua por fuera y con toda clase de otros líquidos por dentro. Ayer estaba completamente incapaz y apenas en condiciones de salir; desde el jueves no he dejado de sudar, ni siquiera al bañarme, y el más miserable trabajo de oficina lo ataca a uno de tal modo que después queda uno completamente postrado. Y por la noche la misma sofocación.

Que el asunto con Urquhart se haya resuelto así es muy alentador. Nuestra manera resuelta es siempre la que más impone a la canalla. Espero que se podrá arreglar que los artículos aparezcan en la cosa de Urquhart, ¡nous verrons!

Espero a diario una carta de mi vieja que me llame a Londres. Me las arreglo de modo que pueda salir el sábado, en caso de que me llamen. Me mudo el sábado, aún no tengo nueva vivienda, y no sé si tomaré una o vagabundearé durante 8 días, pues me propongo, a mi regreso, emprender toda clase de locuras.

Mi cuñado ha estado aquí; buen muchacho, comunista por principio, burgués por interés, como él mismo dice muy cándidamente, pero habla de las cosas comunistas siempre en primera persona del plural; quiso persuadirme de que ofreciera a los prusianos un dedo meñique a cambio de la amnistía, a lo que, naturalmente, respondí de manera muy decidida, y él acabó por comprender que 1.º yo no podía y 2.º los prusianos me responderían que les besara el culo, etc. El hombre parecía tener pocas ilusiones acerca de mi estado de ánimo y ciertamente se fue con muchas menos todavía, pero quedó muy sorprendido de hallarme tan jovial.

A Mirbach le escribiré en cuanto refresque algo; ahora no se puede pedir eso. 24 grados Réaumur no son ninguna broma cuando uno tiene que andar por ahí vestido como para la bolsa.

Si el plan de Jersey pudiera llevarse a cabo, lo que ciertamente tendría su lado bueno y no es del todo imposible, haz que tu mujer se informe bien en París sobre la ruta de viaje y las comunicaciones; de lo contrario podría verse en graves aprietos. Creo que Saint-Malo es el único lugar francés al que van vapores desde Jersey. Haz que te cuenten la situación un par de esos sapos. Tú conoces a varios que han estado allí.

Al gran Pieper puedes darle la seguridad de que leí su gran artículo filtrado sobre España en el «People’s Paper» antes de que apareciera el original en la «Tribune»; ¡«hang it!». ¡C’est beau! Por lo demás, el «P. P.» merece ocupar la letrina; ¡qué porquerías hay ahí dentro!: we regret to learn that Lord so and so has cut his finger, etc.; manda a Jones que le eche una buena reprimenda a su subeditor por semejantes estupideces.

Que el dinero no se lo queden de ninguna manera esos canallas de Sheffield; tienen que aflojar la mosca bajo cualquier condición.

Tuyo

F. E.