Manchester, 14 de abril de 1856

Dear Marx,

Me muero por el Bluebook!*!! Pero como no tengo tiempo para realizar el proceso de comparación cronológica al que tú lo has sometido, podrías comunicarme de vez en cuando un par de hints acerca de dónde están los principales escollos; yo solo puedo limitarme a la parte military, que examinaré minuciosamente, y si es posible compararé también con el libro de Sandwith. Del coup d’état de Jones y de las historias subsiguientes no sabemos aquí absolutamente nada, de modo que tendré que volver a comprar el People’s Paper.

La fiebre especulativa en Alemania es realmente más brillante que nunca. Mevissen es rey de la provincia renana, compra con Morny la «Independance» y funda en Luxemburgo (!) un banco internacional (¡hurra!). He leído el artículo plañidero de la «Preußische Correspondenz». Mientras tanto, se cuida de que Manteuffel y von der Heydt no aplasten la fiebre especulativa; en Hannover, Leipzig y en todas partes se crean Crédits mobiliers, y lo que éstos no consiguen, se lo escamotea bajo cuerda. Ahora se abre la última fase de la fiebre: Rusia importa capital y especulación, y con esas distancias y ferrocarriles de cien millas, la fiebre se desarrollará probablemente hasta romperse el cuello en poco tiempo. Cuando empecemos a oír hablar de the Grand Irkutsk Trunk Line with branches to Pekin etc., será el momento de hacer nuestras maletas. Esta vez el crash será más inaudito que nunca; todos los elementos están presentes: intensidad, extensión universal e implicación de todos los elementos sociales poseedores y gobernantes.

Lo más divertido de todo son los señores ingleses, que viven en la convicción de que, con el «sano» Trade que aquí reina, algo así no puede ocurrir en absoluto. Que en la producción industrial no se practica una fuerte fiebre especulativa, cuando es de dominio público que con una pequeña inversión de capital en la producción directa se puede provocar la saturación de todos los mercados en el plazo de un año, y especialmente mientras exista una demanda tan colosal de capital para medios de comunicación —está bastante claro. Pero también la producción industrial se eleva considerablemente por encima de su medida debido a la fiebre especulativa en las comunicaciones, solo que más lentamente que, por ejemplo, en 1833-36 y 1842-45. Este año los precios del algodón suben rápidamente, ante una cosecha hasta ahora inaudita de 3.500.000 balas, que este año no parece mayor de lo que habrían parecido, por ejemplo, 2,5 millones de balas en 1850.

A esto se añade que el continente toma este año, en proporción a Inglaterra, casi tres veces más que hace 5 años, como lo demuestra la siguiente tabla de las exportaciones desde América del 1 de septiembre al 1 de abril de cada año (en miles de balas):

Exportación a Inglaterra 1856 1855 1854 1853  
en 7 meses 1.131.000 963.000 840.000 1.100.000  
a Francia  
en 7 meses 354.000 249.000 229.000 255.000  
a otros puertos europeos  
en 7 meses 346.000 167.000 179.000 204.000

Así, el continente, que en 1853 tomaba 45/110 = 1/2 de la exportación inglesa, tomaba en 1856 70/113 = 5/8 de la misma. A esto se añade lo que el continente compraba a Inglaterra. Como ves, la industria continental se ha elevado totalmente fuera de toda proporción con la inglesa, y los señores británicos, being rather on the decline, tienen todos los motivos para no hacer overtrade en su industria algodonera. Pero 1853 y 1856 se pueden comparar mejor, porque en ambos años la cosecha fue muy grande: 3.300.000 y 3.500.000 balas. La gran exportación a Francia es solo aparente, pues una parte va de El Havre a Suiza, Baden, Fráncfort y Amberes. En este enorme auge de la industria continental reside, sin embargo, el germen más viable de la revolución inglesa.

Veo de vez en cuando el panfleto «Protection for Trade», pero por desgracia no he podido admirar en él a amicum Sebastian.

La Pieperiade se está volviendo insípida a más tardar. Esta historieta tiene de nuevo páginas muy divertidas, pero también escollos repugnantes, y la vanidad que lo impregna todo produce una impresión fatal. Tan pronto como el tipo se ve libre de control por dos minutos, hace tonterías bajo el manto de la genialidad que sólo él ve. Espero que tenga que casarse con la vela de sebo y no reciba la pequeña suma; se lo merecería.

Por la galantería demostrada a tu esposa por el Altísimo Decreto Especial, tendremos que mostrarnos agradecidos en su momento. En cualquier caso, ¡él debe recibir en el calabozo su allowance de champán.

Las Lassalliaden me han divertido mucho; el rizado Juddekopp debe de dar un aspecto muy encantador con la bata roja y los ropajes de marquesa, donde a cada movimiento se asoma el Schmuhl polaco. Visto en persona, el tipo debe de causar una impresión de lo más piojoso-repugnante.

Retengo aquí la carta de L[evy] y escribiré, a ser posible mañana, diversas cosas sobre las historias obreras. Por lo demás, sería bueno cerrar con lacre las cartas que contengan cosas de ese tipo. Recibirás también de vuelta la carta de Lev[y].

Ya te escribí que puedo volver a oír; se me han abierto tres abscesos seguidos en el oído, lo cual ayudó.

Saludos cordiales a tu esposa e hijos.

Tuyo  
F.E.