en Londres

Manchester, 1 de mayo de 1854

Querido Marx,

El asunto con Heise es en cierto modo fatal. En cualquier caso, me habrías tenido que comunicar si el tipo se había comportado de manera dudosa en cuestiones de partido. Así no pude yo menos que suponer que, para un recién llegado, era *perfectly safe*. Yo solo lo había visto antes un par de días en el Palatinado; en Londres lo encontré en la sociedad íntima donde tú parecías favorecer especialmente a él y a Meyer, de modo que tuve que concluir que el tipo ya había hecho penitencia en Londres, había dado sus pruebas y había sido aceptado en gracia. De esta manera lo he tratado hasta ahora, y puesto que no tenía nada que hacer y por lo demás es un tipo alegre, he holgazaneado con él más que con cualquier otro, e incluso, como los filisteos se han enterado de mi vida en común con Mary y hay que poner fin a la cosa, he alquilado una vivienda *next door to him*, aunque aún no me he mudado. Todo eso es difícil de enmendar ahora; solo veo un camino: debo deducir de tu carta que le diste una carta para mí. Y nunca la he recibido. Escríbeme enseguida, para que pueda interpelarlo.

El artículo sobre Schimmelpfennig lo he escrito con él por dos razones: 1. porque quería poner verde al tipo sin que pareciera que trabajaba para la “Reform”, 2. porque Heise tenía que conseguir absolutamente algo que hacer para salir de la holgazanería. El artículo es muy bueno, estropeado aquí y allá por el estilo de Heise, pero el señor Schimmelpfennig está bien trabajado en él. A Heise la cosa no puede servirle de más, pues nunca podrá escribir uno segundo de ese tipo; por el contrario, el asunto lo ha impresionado mucho como muestra de la manera segura y bien “basada” como operamos. Entretanto, esto tampoco habría ocurrido si yo hubiera estado instruido, y en cualquier caso el tipo me habría costado menos dinero; tal como están las cosas, lo tengo colgado y soy *au bout du compte* más o menos responsable de sus deudas domésticas, etc.

Mi viaje a Londres presenta un aspecto muy extraño. Tengo demasiado trabajo en el escritorio como para poder ausentarme fácilmente; a la vez me proponía, si el asunto con el “Daily News” prosperaba, ir para concluirlo de palabra. La razón ha desaparecido ahora, y como la cosa me costaría de todos modos de 7 a 8 libras esterlinas, que no puedo prescindir fácilmente, y como máximo podría quedarme allí 3 o 4 días, trato de evitarlo.

Tras la carta de Cluß, que aquí devuelvo, enviaré ahora el artículo sobre Schimmelpfennig a Cluß, quien podrá utilizarlo según las circunstancias; si ya se ha comprometido demasiado con Schimmelpfennig, al menos servirá para ilustrar privadamente a Cluß sobre Schimmelpfennig y contribuirá a que Cluß no se implique demasiado con él. Soldado por soldado, todavía prefiero a Willich antes que al sabihondo de Schimmelpfennig, detrás del cual no hay realmente nada más que pura vanidad y arrogancia y cuya entera erudición está chapuceramente compuesta a partir de un par de los manuales y compendios más ordinarios.

Para el vapor del próximo viernes te haré de nuevo un artículo militar o turco de algún tipo. Ya es hora de que volvamos también, en sentido político, a nuestros primeros artículos al respecto; las circunstancias nos han justificado también en eso brillantemente, la tenacidad de la insurrección griega y la evidente incomodidad de los turcos en Bulgaria demuestran, *après tout*, que la población cristiana empieza a moverse y que el imperio de los turcos se encamina rápidamente hacia su fin. Por otro lado, la gran debilidad de los turcos muestra que su ejército, como ya era habitual antes, ha desertado en su mayor parte a sus casas durante el invierno y que todas las reformas no han inculcado todavía a esos tipos ningún espíritu militar europeo. Sobre el asunto de Odessa tenemos que esperar noticias más precisas; hasta ahora todo se contradice en exceso. Lupus echa espumarajos contra los aliados por no haber derrotado a los rusos *ad majorem gloriam Aberdeeni et Bonaparti*. Él y Heise compiten ahora en darse a conocer como terror de los filisteos mediante la contradicción absoluta y la grosería más tosca. Uno o ambos recibirán pronto una paliza; ayer estuvieron a punto, cuando yo, de repente, empecé a hablar en dialecto de Lancashire, con lo que hice reír a los filisteos y posibilité una retirada honrosa.

Por lo demás, Heise nunca será peligroso; su capacidad literaria está muy por debajo de la del pequeño Dronke; la holgazanería es su especialidad; no posee conocimiento alguno, solo una gran inclinación a apropiarse del abecé de todo. También se ha atormentado con éxito con el abecé ruso, pero desde entonces ya lo ha vuelto a olvidar.

En cuanto a que Dios lo tenga en su santa guarda, ¡por mí que así sea!

Tuyo
F.E.