Engels a Marx
en Londres

Querido Marx,

Adjunto un giro postal de 30 chelines, todo lo que por el momento puedo prescindir. No podrás cobrarlo mañana, por ser domingo, pero al menos sabes que lo tienes. Si en el transcurso del mes me fuera posible despachar un segundo envío de esta clase, ya sabes que lo haré de todos modos, pero por ahora no puedo juzgarlo aún.

Que el Pequeño haya intervenido y se haya salido del aprieto, es muy bueno, y que por lo pronto haya encontrado en Anschütz un amigo en la necesidad, un amigo de verdad, también vale algo. En el transcurso del verano deberá visitarme alguna vez, en cuanto yo haya tenido aquí a mi viejo.

En cuanto a las susodichas biografías de los grandes hombres, es gracioso que desde hace algún tiempo me rondara por la cabeza la idea de componer, de manera análoga, una colección por orden alfabético de biografías de este tipo, que se pudiera continuar siempre y mantener a punto para el gran momento del «desencadenamiento», en que habría que lanzarlas de súbito al mundo. En lo que respecta a la oferta de la librería, 25 libras esterlinas ya son algo, pero hay que considerar que, pese a todo el anonimato y pseudonimato, cualquiera se da cuenta de quel côté ces flèches viennent, y la responsabilidad recaerá sobre nosotros dos. La cosa, impresa en Alemania bajo el régimen actual, aparecería como un apoyo a la reacción, y todos los prólogos llenos de buenas intenciones del mundo no lo impedirían. Y eso es siempre fatal. Si se limitara la historia a sólo algunos, pongamos una docena, de los asnos más renombrados –Kinkel, Hecker, Struve, Willich, Vogt y similares–, ya sería más fácil; la omisión de nuestros propios nombres no importaría mucho y la cosa podría tomarse como emanando directamente de la reacción. En cualquier caso, tendríamos que hacerlo juntos si es posible. Mira, pues, qué te parece lo mejor que hay que hacer, y nous verrons. £ 25 valent bien un peu de scandale.

La carta de Cluß la devolveré la semana que viene. El asunto de Szerelmey lo haré. Las Americana no han llegado hasta hoy al mediodía, aunque quizá estén ahora en mi casa.

Tuyo
F. E.
Manchester, 1 de mayo de 1852