Engels a Marx  
en Londres

Querido Marx:

Adjunto el 7.° artículo para la «Tribune». El octavo, etc., estará hecho mañana por la tarde; hoy terminaré algo para Weyde[meyer]. Por lo pronto me reservo para W[eydemeyer] Inglaterra, ya que no puedo decidirme a leer periódicos alemanes y a hacer algo sobre «Alemania». ¿No podrías mover a Lupus, que espero esté otra vez ágil de piernas, a que suministre algo «Del Reich»? — Weerth trabajará algo para W[eydemeyer] la semana próxima; esta semana no puede. Pasado mañana espero verlo aquí, y quizá venga a Londres dentro de 8 o 14 días, pues le arde otra vez el trasero como ascuas de pura impaciencia.

Puesto que ayer saltó la llegada del «Pacific» de Nueva York, podría ser que mañana recibiera los números prometidos de W[eydemeyer]…, aunque no cuento con ello, ya que quizá haya aguardado al vapor correo inglés regular. Por lo demás, tiene que enviar menos: 50 ejemplares es demasiado y probablemente costará un dineral; ¡y a quién íbamos a enviarlos todos! Quiero ver cuáles son los costos, y en caso de apuro, si él no puede arreglar la cosa más barata mediante agencias de envío de paquetes, bastan por completo 10 ejemplares; pues suscriptores en Europa no puede esperar. Quizá unos pocos en Londres; fuera de eso, acaso alguno en Hamburgo. Para eso se necesitaría también una agencia, y no resultaría rentable.

Espero que también me envíes pronto un artículo para la «Tribune» para traducir.

Jones me ha escrito pidiendo contribuciones. Haré lo que pueda y se lo he prometido. Con todo esto se me va un rato libre tras otro para el trabajo de buey, y eso es malo. Tengo que ver cómo me las arreglo y estafo al despacho. J[ones] escribió de una canallada de H[arney] contra él y de 15 libras esterlinas por las que ha sido estafado, sobre lo cual podrías darme más detalles… ¿de qué se trata? Él andaba, naturalmente, very busy y escribió con frases muy entrecortadas y signos de exclamación.

En cuanto al enjuague cambiario de Pieper, naturalmente toda la especulación me estaba muy clara, y Monsieur le bel homme se habrá dado cuenta de que tendrá que afinar más si quiere sonsacarme ocho libras del bolsillo. Como conocía muy bien su estado de billetes de banco del 2 de enero, me burlé de su pretendida escasez de dinero, le previne contra los agentes de cambio fraudulentos y poco sólidos en Londres, le declaré que, no obstante, la letra tenía que marcharse lo más rápidamente posible y, por último, le aconsejé que la hiciera cobrar por Weyde[meyer]…, con lo cual pasaría de nuevo por tus manos y, al llegar la devolución —que naturalmente iría otra vez a ti o a mí—, se ofrecería de manera completamente espontánea ocasión para una nueva operación de descuento con esta joven casa comercial. Le debo 2 libras, que también quería, y también éstas se las he prometido para principios de febrero.

Que el buen Luis Napoleón tiene que empezar la guerra es más claro que el sol, y si puede entenderse con Rusia, probablemente se las verá con Inglaterra. Esto tendría sus lados buenos y sus lados malos. La ilusión de los franceses de que podrían conquistar Londres e Inglaterra en 5 horas es muy poco peligrosa. Lo que ahora sí pueden son repentinos ataques piráticos con 20.000, a lo sumo 30.000 hombres, que, sin embargo, en ninguna parte podrían lograr gran cosa. Brighton es la única ciudad seriamente amenazada; Southampton, etc., están aseguradas, más que por todas las fortificaciones, por su situación en profundas bahías que solo pueden navegarse con la marea y únicamente con prácticos locales. El mayor esfuerzo que podría llevar a cabo un desembarco francés sería la destrucción de Woolwich; pero incluso entonces tendrían que guardarse condenadamente de ir a Londres. Para toda invasión seria, todo el continente junto tendría que dar a los ingleses por lo menos un año de aviso, y 6 meses bastan para poner a Inglaterra en estado de defensa contra cualquier ataque. La alarma actual es exagerada a propósito, y los whigs cooperan de la mejor manera. Deja que los ingleses llamen de vuelta una docena de navíos de línea y vapores, equipen una segunda docena de cada clase que yacen a medio terminar en los puertos, mantengan 25.000 hombres más de tropas, organicen batallones voluntarios de cazadores con fusiles Minié y algo de milicia y algo de ejercicios para la yeomanry, y por lo pronto están seguros. Pero la alarma es muy buena; el gobierno había dejado decaer realmente la cosa de manera estupenda, y eso cesará; y luego, si se llega a algo, están tan pertrechados que pueden rechazar cualquier intento de desembarco y tomar represalias al instante.

Por lo demás, no veo más que 2 posibilidades para que L[uis]-N[apoleón] inicie la guerra: 1.° contra Austria, es decir, contra toda la Santa Alianza, o 2.° contra Prusia, si ésta es abandonada por Rusia y Austria. Sin embargo, esto último es muy dudoso, y está muy en cuestión si se enfrenta con la Santa Alianza. Piamonte, Suiza y Bélgica no se le cederán, sea por parte de Inglaterra, sea por parte de la Santa Alianza. La cosa se enreda tan bellamente que al final la pura casualidad tendrá que decidir.

¡Y en el interior, qué desarrollo tan estupendo! Los atentados se vuelven ya algo completamente cotidiano y las medidas cada vez más bonitas. ¡Ojalá saltase por fin por los aires el señor de Morny, que aún hace un poco de héroe de la virtud, y confiscase el Noble el patrimonio de los Orleans!

No se puede trabajar mejor en favor de un gobierno a lo Blanqui de como lo hace este burro.

Tuyo  
F. E.  
[Manchester] 22 de enero de [18]52