Engels a Marx
en Londres

[Manchester, hacia el 1 de agosto de 1851]

Querido Marx,

Adjunta la segunda mitad del billete de 5 libras.

Que Schramm hubiese zarpado hacia París, no lo sabía; no me habías escrito nada al respecto. Por eso leí con el mayor asombro en la «Kölner Zeitung» que se habría ahogado — desgraciadamente no será verdad. El perro es muy molesto — se le ha dejado acercarse demasiado, y es un tipo vulgar de pies a cabeza. No obstante, tienes razón en que gritar y hacer chanzas no sirve de nada; hay que dejar al tipo que siga tranquilamente su camino hasta que se tenga poder sobre él. Como ya he dicho, sería muy bueno que realmente se hubiera ahogado en el Canal; pero probablemente él mismo ha difundido el rumor — ¡c’est une manière comme une autre de faire parler de soi!¹.

Weydemeyer quiere, pues, irse a América y tratar de apoderarse del periódico neoyorquino «Arbeiterzeitung», que actualmente tiene Fenner von Fenneberg. Si puede sostenerse en Nueva York, nos será en todo caso más útil allí que en Londres, donde no haría sino aumentar el embrollo². Un muchacho tan sólido como él es justo lo que nos faltaba en Nueva York, y, al fin y al cabo, Nueva York no está fuera del mundo, y con Weydemeyer se tiene la seguridad de que, llegado el caso³, acudirá sin falta.

El plan de la correspondencia litográfica es muy bueno. Sólo que debéis mantener la cosa en el más absoluto secreto; el pequeño Bamberger y otros, en cuanto se les dé la idea, se os adelantarían inmediatamente. Yo, en tu lugar, haría anunciar la cosa en los periódicos germano-americanos tan pronto como estuvieran hechas las primeras gestiones, y la firmaría como director adjunto, a fin de hacerla atractiva. Si la cosa sale bajo tu responsabilidad y consideras que pudiera ser útil nombrarme como colaborador, naturalmente estás en libertad de hacerlo. Si, por el contrario, quieres mantener tu nombre al margen de este asunto — y no alcanzo a ver en absoluto la necesidad de ello, car enfin, ¿por qué no habrías de tener también el derecho de formar una firma industrial y continuar la «Neue Rheinische Zeitung» litografiada? —, entonces sería Lupus quien tendría que formar la firma. Weydemeyer podría seros de grandísima utilidad en Nueva York, sobre todo en la cobranza de los dineros, que es lo principal. Estoy convencido de que la cosa tendrá un éxito enorme, y los muchos corresponsales americanos en Londres, etc., lo sentirán muy pronto.

Si firmas como director, no cabe duda de que la cosa tirará mejor, sobre todo desde un comienzo; si sólo se mienta a Lupus, desaparece la responsabilidad moral y se puede dar rienda suelta sin trabas a su atronadora manera silesiana a lo Lutero, que conviene muy bien a los germano-americanos, mejor que tu estilo, ante el cual tendrían que pensar. En cualquier caso, deberías imponerte como norma escribir de la manera más descosida y deshilvanada posible, de lo contrario no tardarás en malquistarte con ese público.

¿Qué nueva obra de Proudhon es esa de la que hablas?

Le haré a Jones un artículo firmado con mi nombre; sólo quisiera que Jones me enviara un ejemplar lo más completo posible de sus «Notes», cosa que aquí no se puede conseguir. ¿Cuál es su dirección? La he olvidado.

También de América llegan malos informes sobre el negocio de los tejidos de algodón. Los mercados están sobrecargados de existencias, y los propios yanquis fabrican demasiado para la situación actual del mercado.

Escribe pronto de nuevo; me muero de aburrimiento aquí.
Tuyo
F. E.

P. D. Mantén siempre tus papeles bien fuera de casa; desde hace algún tiempo me vigilan aquí muy de cerca y no puedo dar un paso sin tener dos o tres espías⁴ pegados a los talones. El señor Bunsen no habrá dejado pasar la ocasión de proporcionar al gobierno inglés nuevas e importantes aclaraciones sobre nuestra peligrosidad.

¹ También ésta es una de las maneras de hacer hablar de sí. — ² Embrollo. — ³ Llegado el caso. — ⁴ En inglés en el original.