Engels a Marx
en Londres

Querido Marx:

Dentro de unos días, ocho a lo sumo, recibirás otras £ 5.—; te las enviaría hoy mismo si no tuviera que acabar de desembolsar de golpe £ 10.—.

Llevo unos días buscando en vano la carta de Lupus y la de Dronke. Debes de habértelas llevado las dos. Si las encuentras, mándamelas en seguida; entonces escribiré de inmediato. Tampoco encuentro la carta de Fischer desde Nueva Orleans.

Ne nous plaignons pas trop de la mauvaise queue.¹ Tengo ahora mismo en casa las Memorias de Savary. Napoleón tenía la suya — ¡y vaya cola! Este Savary es un ejemplar famoso de ella. No hay nada más mediocre que este sujeto. Si ciertas gentes creen estar up to the mark² y no entienden siquiera el Manifiesto Comunista, este Savary se imagina tener a Napoleón en el bolsillo, ser uno de los pocos elegidos que comprenden toda la grandeza de aquel tipo, y con eso no ha entendido ni un solo plan de campaña o de batalla. Cuando escribió estas memorias, apenas se había escrito una sola exposición en regla de dichas campañas, así que, siendo la cosa una apología tanto de Napoleón como de sí mismo, no habría dejado ciertamente de poner lo mejor de su parte en este aspecto; en lugar de ello, en todas partes sólo unas cuantas frases generales y detalles inconexos y confusos de un testigo ocular subalterno. De Austerlitz, p. ej., el tipo no sabe más que el enemigo fue sorprendido en una marcha de flanco y despedazado en tantos trozos como columnas francesas avanzaban —copia literal del boletín de Napoleón—. Pero cómo ocurrió eso, de eso no sabe nada. Por lo demás, enorme cantidad de chismorreo de la época imperial y del consulado; un verdadero crapaud modèle³, fanfarrón, embustero, servil y solazándose con verdadera voluptuosidad en la noble actividad del policía, tanto en lo que toca al goce de la autoridad en las detenciones como al placer del soploneo; por lo demás, utilizable para toda suerte de intrigas y enredos, pero por doquier tan mediocre, solícito y de horizonte limitado, que en todas partes había que tenerlo a raya y proveerlo de órdenes precisas. Enfin⁴, un sujeto absolutamente impresentable, au fond⁵ no mejor ni peor, no más utilizable ni más comprometedor que ciertos amici⁶, y sin embargo Napoleón hizo con el tiempo de él una máquina pasable, un duque de Rovigo y un cortesano que no lo dejó en ridículo ante el emperador de Rusia⁷. Pero, desde luego, a tales tipos hay que poder comprárselos, y para eso hace falta ante todo dinero y poder.

Por lo demás, el noble Thiers ha copiado a Savary —cuyas memorias eran sin embargo bastante conocidas en Francia— con una desvergüenza que en nada cede a la de los economistas ingleses en el plagio, y no sólo en el chismorreo. También en cuestiones de administración, etc., es aquí y allá el señor Savary la fuente principal.

A juzgar por el Times, Londres debe de ofrecer ahora un aspecto terrible, pues se dice que tártaros, franceses, rusos y demás bárbaros han tomado posesión completa de ella. Agréguese a esto la perspectiva de recibir brigadas de soplones de todas las partes del mundo e incluso gendarmes prusianos, sin contar a los amigos demócratas alemanes à la Otterberg, que vendrán en junio a ver la gran exposición y a los grandes hombres; eso se va a poner bonito. Ten cuidado: te echarán al cuello gente con cartas de recomendación, o también sin nada parecido, que te exigirán que les muestres a Ledru, a Mazzini, a L. Blanc y a Causidière, y que luego en Alemania se quejarán terriblemente de que no les hayas conseguido una invitación a comer de Feargus O’Connor. Vendrán tipos que digan: ¡Señor Marx? — ¡Tanto gusto! — Usted me conocerá, ¡soy Neuhaus, el jefe del movimiento de Turingia!

Habrás leído el escándalo en el concejo municipal de Colonia a causa del discurso del teniente de alcalde Schenk al príncipe de Prusia⁸, así como el insolente discurso de este último. «La prensa es mala, ¡la prensa de Colonia tiene que enmendarse!» Ce pauvre⁹ Brüggemann —aprovecha naturalmente la ocasión para un acto de aguachirle servil como el que, con la mayor modestia y la mejor de las intenciones, se tomaba la gran libertad de escribir bajo la censura—. Pero a cambio ahora también «nuestro Stupp» es alcalde y el hombre más grande de Colonia, y tu cuñado¹⁰ confisca libros con loable celo. Sólo temo que próximamente, en brutus prusso-bureaucrate¹¹, se atreva también con tus cosas, y eso podría detener desagradablemente los pagos de honorarios. El otro cuñado de este noble, el tal Florencourt, se ha pasado, según informan los periódicos alemanes, tambour battant et mèche allumée¹², al seno de la Iglesia católica. Tu familia es por lo menos interesante; en la mía tengo que hacer yo solito las historias aventureras.

¡A propósito! Me harías un grandísimo favor si pudieras procurarme lo antes posible una carta de Daniels, o de quien tú consideres más a propósito en Colonia, (dirigida directamente aquí, es decir, con matasellos de Colonia), en la que me acuse recibo de dos billetes de cinco libras y de uno enviado con anterioridad, en total £ 15.—, y añada que ha pagado ese dinero según mis instrucciones a las distintas personas y que mi cuenta con las diversas personas en Colonia queda con esto completamente saldada. Puede añadir un par de cosas indiferentes, saludos, etc., para que la carta no parezca artificial. Resulta que, como preveo una conversación sobre los dineros cobrados, necesito algún papel con el que pueda demostrar en caso necesario que he pagado deudas en Colonia. Cuanto antes tenga la carta, mejor. Te dejo completamente a ti la manera de introducir el asunto, y prefiero que seas tú quien me procure el documento, ya que a nadie le importa los negocios que hagamos nosotros dos. De mi parte puedes escribir que las mujeres me han metido en deudas, o que en el pasado salí fiador de la suma para fines de la Liga y ahora tengo que pagarla, o lo que quieras —n’importe¹³—. Por lo demás, la carta debe serles devuelta inmediatamente a los remitentes en el mes de junio. El matasellos de Colonia con fecha de la primera quincena de mayo es lo principal.

¿Cómo van las cosas en tu casa? Saluda a tu mujer y a tus hijos y escribe pronto.

Tuyo
[Manchester] 1 de mayo de 1851 F.E.

En este momento encuentro las cartas de Lupus y de Fischer —la de Dronke, en cambio, no consigo encontrarla—. ¡A Lupus le escribo hoy mismo! Si escribes a Colonia, sería bueno que apremiases en lo del dinero del viaje para Lupus —conoces a los colonienses—.

¹ No nos quejemos demasiado del mal séquito. — ² a la altura — ³ filisteo modelo — ⁴ En suma — ⁵ en el fondo — ⁶ amigos — ⁷ Alejandro I. — ⁸ Guillermo I. — ⁹ Ese pobre — ¹⁰ Ferdinand von Westphalen — ¹¹ como un Brutus prusiano-burocrático — ¹² a tambor batiente y mecha encendida — ¹³ no importa